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Flecha directa al alma de un pueblo firme y valiente, por los versos de Nancy Morejón campea el espíritu de la nación negra; y es esta negritud lo que hace tan cubana su poesía y, simultáneamente, lo que le da universalidad, como lo expresara Nicolás Guillén: “Pienso que su poesía es negra como su piel, cuando la tomamos en su esencia, íntima y sonámbula. Es también cubana (por eso mismo) con la raíz soterrada muy hondo hasta salir por el otro lado del planeta, donde se le puede ver solo en el instante en que la tierra se detiene para que la retraten los cosmonautas”.
Los grandes temas de la poesía universal se abordan en la obra de Nancy Morejón. “A la ocasión la pintan calva”, reza el refrán que se ha convertido en un tópico en la literatura universal desde que los romanos aconsejaban asir por la cabellera a la diosa Ocasión en cuanto se presentara, porque al pasar a un lado sería imposible atraparla. El tiempo que huye y la vida que corre hacia la muerte, que nos espera pacientemente, están presentes en su poema Adiós felicidad, dedicado a Ela O`Farril y publicado en su poemario Richard trajo su flauta y otros argumentos (1967); en él que reflexiona sobre la fugacidad de los momentos felices y nuestra frecuente incapacidad para identificarlos, con la visión de quien pinta un paisaje campirano.
Sí Ela
la felicidad pasa como los bueyes
la felicidad se va como los bueyes
se le tropieza a ratos en la calle
y quien chupa su cabeza o su misterio
está seguro de qué busca la muerte
y que le encuentra
y un día
un solo día
–solo bastará un día–
pasará solitaria mugrienta
dando el perfil
querida Ela
sin descender siquiera
sin volverse.
La vasta obra poética de Nancy Morejón inicia en 1962 con Mutismos, al que siguen Amor (1964); Richard trajo su flauta y otros argumentos (1967); Parajes de una época (1979); Poemas (1980), antología con selección y prólogo de Efraín Huerta, UNAM, México; Octubre imprescindible (1982); Elogio de la danza (UNAM, 1982); Cuaderno de Granada (1984); Where the Island Sleeps Like a Wing (Antología bilingüe, 1985); Piedra pulida (1986); Poemas de amor y muerte (1993); Paisaje célebre (1993); Elogio y paisaje (1997); Richard trajo su flauta; y otros poemas (con selección y prólogo de Mario Benedetti, 1999); La quinta de los molinos (2000); Black Woman and Other Poems (edición bilingüe, 2001); Cuerda veloz (2002); Carbones silvestres (2006); La silla dorada (2015); Cantares (2015); y Persona y otros poemas (2015). Entre sus ensayos destacan Nación y Mestizaje en Nicolás Guillén (1982), por el que obtuvo el premio Mirta Aguirre en 1983; Fundación de la imagen (1998); With Eyes and Soul: Images of Cuba (2004).
Amor, ciudad atribuida, que dedica “al lector, compañero”, es su canto de amor a La Habana, su ciudad natal por una serie de acontecimientos pretéritos y transfigurada por la Revolución. Todo el pulso de la vida late cuando Morejón enumera los ruidos de la ciudad, los hombres que se afanan y la naturaleza que reclama todavía su sitio a la urbe; y en medio de este concierto de voces, la poesía viene a posarse en su cabeza como un pájaro. ¿Para quién escribo esto, quién lo leerá, quién soy? Ella responde a las grandes interrogantes de la poesía: me leerá el pueblo cubano, descendiente de esclavos, heredero de Martí y constructor de una nueva sociedad para ejemplo del mundo entero.
Aquí vuelvo a decir: el corazón de la ciudad no ha muerto todavía
no ha de morir jamás para nosotros
ay sueño, han vuelto las mamparas
y los cabellos de los carpinteros revoloteando en la mañana
amigándose ahora con todo lo que dejo a mi paso
ahora mi corazón se hospeda en la ciudad y su aventura
la poesía viene sola con todo lo que dejo a mi paso: flor o demonio,
la poesía viene sola como un pájaro
(le doy un árbol rojo)
y se posa muy fiera sobre mi cabeza, y come mi esclerótica;
pero ahora no es el alba tan solo, no es tan solo el cantar de los pájaros
no es solo la ciudad
aquí diré las olas de la costa y la Revolución
aquí la poesía llega con una lanza hermosa para sangrarme el pecho
quién soy
quién oye el sueño de mi boca maldita
para quién hablo, qué oído dirá sí a mis palabras
la boca del poeta está llena de hormigas cada vez que amanece
quién soy
el guerrillero, la loca que deambula, la medusa, la flauta china,
el sillón cálido, las algas, el cañón guarda costa, la angustia,
la sangre de los mártires, el óvulo de oshún sobre esta tierra
quién soy
que voy de nuevo entre las calles, entre orishas,
entre el calor oscuro y corpulento,
entre los colegiales que declaman Martí,
entre los automóviles, entre los nichos, entre mamparas,
entre la Plaza del pueblo, entre los negros, entre cantones,
entre los parques, entre la ciudad vieja, entre el viejo viejo Cerro,
entre mi Catedral, entre mi puerto
aquí vuelvo a decir: amor, ciudad atribuida.
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Escrito por Tania Zapata Ortega
Correctora de estilo y editora.