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Opinión
Mientras el mundo grita GOL, Irán entierra a sus muertos
Mientras el mundo cuenta los minutos que faltan para la gran final, en Irán la gente cuenta los segundos que siguen a cada explosión.


Estos días, millones de personas en todo el mundo tienen la mirada fija en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, en EE.UU. Noventa minutos de futbol. Noventa minutos de emoción. Noventa minutos para olvidarse, aunque sea por un instante, del peso de la vida.

Hay niños que se duermen abrazados a la camiseta de Messi, de Lamine Yamal o de cualquiera de las estrellas de Argentina y España. Familias enteras se reúnen frente al televisor. Millones esperan ese grito que sólo un gol puede arrancar del alma.

Los iraníes también amamos el futbol. Pero estos días, cada vez que las cámaras muestran un estadio iluminado y rebosante de alegría, mi mente viaja miles de kilómetros, hasta mi país.

Mientras el mundo cuenta los minutos que faltan para la gran final, en Irán la gente cuenta los segundos que siguen a cada explosión. Bombardeos cometidos por el anfitrión de la gran final… el finalazo. 

Hace apenas dos días, en la madrugada de miércoles soldados que dormían en el cuartel de Bampur, en la provincia suroriental iraní de Sistán y Baluchistán, fueron alcanzados por un ataque. 

Cuando escuché la noticia, no pude evitar recordar el bombardeo sobre la escuela de Minab. Aquella escuela cuya tragedia, hace apenas cuatro meses y medio, dejó un vacío imposible de llenar. Ciento sesenta y ocho niños perdieron la vida antes siquiera de comprender qué significa la guerra. Niños que salieron al recreo de la vida y nunca volvieron.

Lo más doloroso llegó después. Ese mismo día, el 15 de julio, Donald Trump —el ganador inaugural del Premio de la Paz de la FIFA, galardón que le fue entregado el 5 de diciembre de 2025 por el señor presidente de la institución, Gianni Infantino— puso en duda la autenticidad de las imágenes del doble ataque mortal a aquella escuela y sugirió públicamente que “podrían haber sido generadas mediante Inteligencia Artificial”.

A veces me pregunto: ¿Qué duele más? ¿La guerra... o negar el sufrimiento de sus víctimas? Quizá exista algo todavía más devastador: el silencio… Ese mismo silencio al que el mundo parece haberse acostumbrado.

La historia tiene una memoria incómoda. Una y otra vez hemos visto cómo, mientras la atención de miles de millones de personas se concentra en un gran acontecimiento global, como un finalazo, en otro rincón del planeta comienzan nuevas tragedias. 

Como si el estruendo de los estadios lograra, sin quererlo, ahoga el sonido de las bombas. Hoy es Irán. Hace cuatro años, mientras el mundo celebraba otro Mundial, Gaza y Yemen seguían desangrándose lejos de las cámaras. 

No escribo estas líneas para arrebatarle a nadie la alegría del futbol. Al contrario, espero que ningún niño, en ningún lugar del mundo, vuelva a escuchar una explosión más fuerte que el grito de un gol.

Pero si el mundo es capaz de detenerse para celebrar un balón que cruza una línea de meta, también debería ser capaz de detenerse un instante por la vida de un niño.

El domingo alguien levantará la Copa del Mundo y una nueva página quedará escrita en la historia del futbol.

Pero, al mismo tiempo, en otra parte del planeta habrá familias para las que no existe trofeo capaz de devolverles a seres queridos perdieron.

Quizá no se trate sólo de Irán o Cuba. Anteayer fue México —cuando inició la invasión estadounidense el 13 de mayo de 1846—, ayer le tocó a Vietnam, después Afganistán y muchos otros países que siguieron el mismo destino. Durante décadas, Palestina. Y hoy, Irán.

Y si la humanidad aprende a olvidar e ignorar el dolor ajeno mientras celebra sus victorias, nadie puede asegurar cuál será el próximo nombre que se escriba en esa lista.

El futbol puede ser el deporte más hermoso del mundo, pero la humanidad debería ser siempre nuestra victoria más importante.

Y una humanidad que deja de escuchar el llanto de las víctimas entre el ruido de los aplausos corre el riesgo de perder mucho más que un partido.

¡Que viva el espíritu del futbol! 


Escrito por Mohammad Reza Gilani

@MrezaG88


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