Dos Bocas, dinero tirado al agua

Más humano y sensato sería asimismo emplear el dinero que se perderá en Dos Bocas, destinándolo a equipar hospitales, comprar vacunas contra el Covid-19 y medicinas para niños con cáncer. Muchas vidas se salvarían.

Abel Pérez Zamorano

2020-11-22
Ciudad de México

Los estudios científicos advierten que la contaminación y el calentamiento global propician epidemias y agravan la devastación por ciclones y otros fenómenos naturales. Por eso, países e instituciones (como el Acuerdo de París) buscan frenar el uso de energías fósiles, con incentivos y regulaciones para reducir emisiones de gases contaminantes. Promueven el empleo de energías renovables, de fuentes naturales como el viento, la solar fotovoltaica, corrientes de agua. “... la combinación de energía solar y eólica (...) podría socavar y perturbar el sistema energético mundial existente con ‘la energía más barata disponible’ durante la próxima década.  (...) tanto técnica como económicamente es perfectamente posible que las energías solar y eólica (...) produzcan un 100% de energía limpia en Estados Unidos”, así como en “la inmensa mayoría de las demás regiones del mundo”, haciendo que los activos de los combustibles fósiles y de las nucleares “queden varados durante la próxima década  (...) los costes de la energía solar han caído en más de un 80%  desde 2010, los de la eólica más de un 45%...” (Rethinking energy 2020-2030, Energías Renovables, 30 de octubre de 2020).

 Recientemente, la Agencia Internacional de Energía (AIE) reportó que la electricidad aporta 20 por ciento de la energía mundial, pero en 2040 superará al petróleo (que hoy la duplica) como primera fuente. En la próxima década, la producción de petróleo alcanzará su techo, y las renovables podrían aportar hasta el 70 por ciento de la electricidad; como generador de electricidad en el mundo, el carbón caerá de 37 a 28 por ciento en una década. La solar es hoy la fuente más barata. Las hidroeléctricas se mantendrán como fuente principal de energía renovable. Según otros estudios, Estados Unidos (EE. UU.) instalará este año cantidades récord de sistemas de energía solar y eólica. La empresa petrolera Total pronostica que “... la industria petrolera alcanzará su pico máximo en la próxima década y el crecimiento de la demanda terminará alrededor de 2030. Según publica Bloomberg, no es la única petrolera que ha pronosticado el fin de la era del oro negro (...) Total y otras petroleras europeas estudian canalizar inversiones en energías limpias...” (Sputnik, 30 de octubre). Los gigantes petroleros Shell y British Petroleum se mueven hacia energías limpias. Recientemente, el secretario general de la ONU recomendó no construir más centrales eléctricas que usen carbón, y “alabó las recientes decisiones de China, Japón y la República de Corea que se comprometen con emisiones netas cero”.

Por la pandemia la demanda y el precio del petróleo han bajado: de cien dólares por barril en 2014 a menos de 40. Además, en una década EE. UU. aumentó en más del doble su extracción de crudo mediante el fracking. Anarquía en la producción y exceso de producto, ante el cual la OPEP+ ha reducido la extracción en 7.7 millones de barriles diarios. Cae también la demanda por la producción de coches que consumen menos combustible, o eléctricos, como los de Tesla, cuyas acciones se han disparado.

Consecuentemente, se cierran refinerías: Shell cerrará la más grande en EE. UU. Exxon Mobil opera con pérdidas y despedirá a más de 14 mil trabajadores. Según especialistas, hace 40 años Exxon y Mobil tenían 390 mil empleados: hoy, solo 70 mil, y ha reducido su valor al 30 por ciento en seis años. NextEra Energy, principal productor de energía renovable, eólica y solar, rebasó este mes en su valor a ExxonMobil y Chevron, empresas de energía fósil. Las acciones de la española Repsol cayeron a menos de la mitad en los últimos meses.

Y la tendencia nos arrastra. Pemex, según el Banco Mundial “el mayor riesgo de nuestra economía”, aumenta sus pérdidas: entre enero y septiembre fueron 243 por ciento mayores que un año antes, y en esta administración ha acumulado 1.2 billones de pesos; según Fitch Ratings, es preciso inyectarle uno por ciento del PIB para compensar su flujo de caja negativo. Por cuarto mes consecutivo, cae la producción de Pemex; en julio registró su nivel más bajo en 41 años. Es la petrolera más endeudada del mundo y debe pagar una prima siete veces mayor que la de los bonos del Tesoro. Entre enero y septiembre, los ingresos petroleros cayeron en 45.7 por ciento.

Pues bien, sorprendentemente, en este contexto global y nacional, el presidente López Obrador impulsa las fuentes fósiles y rechaza las energías renovables a las que califica de “sofisma”. La Secretaría de Energía decretó que: “a partir del tres de mayo, quedarían suspendidas las pruebas preoperativas de las centrales eléctricas intermitentes eólicas y fotovoltaicas en proceso de operación comercial, hasta nuevo aviso” (afortunadamente, el poder judicial dejó sin efecto, temporalmente, este disparate). El Presidente promueve, contra viento y marea (literalmente), su proyecto estrella, la refinería de Dos Bocas, que deberá concluirse en 2022, de lo cual dudan los especialistas. Oficialmente costará ocho mil 900 millones de dólares (aproximadamente 180 mil millones de pesos), no obstante que los especialistas desaconsejan su construcción. El Instituto Mexicano del Petróleo informó el año pasado que es técnica y financieramente inviable; que su costo real será de 14 mil 740 millones de dólares; que, de ocurrir, podría empezar a tener beneficios 20 años después de entrar en operación (el Instituto Mexicano Para la Competitividad le da dos por ciento de probabilidad de generar utilidades); y que el lugar es inapropiado (Forbes, 30 de enero de 2019); las frecuentes inundaciones del lugar confirman esta predicción. Además, de las seis refinerías de México, en febrero dos estaban fuera de operación, y el Sistema Nacional de Refinación operaba por debajo del 25 por ciento de su capacidad instalada (Energía a Debate, 20 de febrero de 2020); según El Economista (tres de marzo de 2020): “El uso de capacidad de las seis refinerías de la petrolera estatal fue de 34%, frente a 31% del año anterior; la meta de Pemex para el cierre del 2019 era lograr la utilización de 40 por ciento”. ¿Faltan refinerías? Tula, además, por efecto principalmente de la que ahí opera y de la termoeléctrica, ha sido considerada la región más contaminada del mundo.

La política energética es irracional; concretamente, el capricho de Dos Bocas, y debe revertirse, no en beneficio de las trasnacionales, como alega el Presidente para desvirtuar la crítica, con el falso dilema de: o las empresas trasnacionales de energías renovables o el gobierno “nacionalista” con energías fósiles. No es así necesariamente. Además de la operación independiente de las empresas, el gobierno puede asociarse con ellas o invertir directamente en energías limpias (México es uno de los países con mayor radiación solar, Atlas Global Solar). Con el ropaje de un falso nacionalismo se pretende así ocultar una visión retrógrada y anticientífica.

Por lo demás, el dinero así mal gastado podría tener mejor uso. Hoy que los tabasqueños ven sus hogares anegados, ¿no hubiera sido mejor emplear el recurso de Dos Bocas en la construcción de infraestructura hidráulica para proteger el patrimonio de las familias contra las inundaciones que periódicamente destruyen sus viviendas? Por cierto, ¿de qué sirven los “apoyos” que López Obrador les ha dado, si todo lo perdieron? Mejor sería también recuperar el equilibrio ambiental para reducir el impacto de los ciclones. Más humano y sensato sería asimismo emplear el dinero que se perderá en Dos Bocas, destinándolo a equipar hospitales, comprar vacunas contra el Covid-19 y medicinas para niños con cáncer. Muchas vidas se salvarían. Ese dinero sería socialmente más útil, en lugar de tirarlo, literalmente, al agua. En suma, lamentablemente, la 4T nos lleva en retroceso.