Covid-19: vulnerabilidad extrema

A los pobres no se les puede esconder, aunque se les mande guardar cuarentena. Este indigente sistema capitalista acumula y acumula riqueza para unos pocos.

Edgar J. Cruz Arauz

2020-05-13
Ciudad de México

El Covid-19 nos ha permito tomar consciencia como sociedad de lo realmente caduco, injusto y deshumano que es este sistema económico-social imperante. Nos damos cuenta del poder de manipulación del sistema capitalista que como sociedad consumista nos hace frágiles y vulnerables, al crear individuos aislados condenados a la pérdida del sentido de comunidad y solidaridad.

Si antes de la pandemia 100 millones de personas luchaban contra la pobreza y la violencia desatada en el país, en la actualidad deben luchar contra el enemigo colectivo llamado coronavirus y, se debe agregar una lucha más, la lucha contra la maldita indiferencia del gobierno federal y estatal que no atienden las demandas de salud y alimentación del gran sector paupérrimo de la población, pero lo que sí han creado es un espectáculo, donde se actúa la simulación y se le aplaude al engaño, donde se privilegia lo ideológico y se desdeña lo más preciado, lo humano.

La indiferencia es asesina y tiene como cómplice el silencio que daña y condena a los más pobres entre los pobres. A los pobres no se les puede esconder, aunque se les mande guardar cuarentena. Este indigente sistema capitalista acumula y acumula riqueza para unos pocos y deja a la gran mayoría sin la oportunidad de disfrutar de lo que legítimamente se ha producido. No hay trabajo para la gran mayoría, no hay comida para muchos, no hay acceso a la salud para el pueblo del oriente mexiquense, que exige que se comparta con los demás la riqueza de la nación, especialmente con los más pobres.

La sociedad mexicana cansada de los políticos corruptos, enojados y llenos de hartazgo en el año 2018 eligió un cambio. Y hoy en plena pandemia, tenemos como respuesta de parte de la 4T, la puesta en escena de una escalofriante y deshumana política ideológica sectaria, una manipulación de la conciencia popular y a un narcisista que lo único que le importa es su popularidad, no los miembros en la totalidad del pueblo que le eligió, no le interesa mentirle al pueblo de México sí con ello salva su reputación y popularidad.

De manera objetiva es el Estado representado por el ejecutivo federal y los estatales quienes deben de proveer a la población de la seguridad básica necesaria para poder salvaguardar la integridad de cada ser humano que formamos esta sociedad mexicana.

Cuando al personal médico se le expone a la misma enfermedad que debe combatir por no contar con las garantías del cuidado para su salud, ya sea por falta de preparación, o bien, por no contar con los recursos hospitalarios adecuados y los insumos para combatir la epidemia, lo que está haciendo el estado es cometer un crimen y lanzar al matadero a los peones.

Aunque al personal sanitario se les quiera revestir de héroe, tenemos que decirlo de manera crítica, lo que se está haciendo es sacrificar a los profesionales sanitarios. El mal no está en la persona infectada o en el personal médico al que se le da la gloria, el error está en el sistema que no ofrece la seguridad sanitaria para una sociedad que en su mayoría vive lacerada por la pobreza.

Es muy romántico que nuestras autoridades federales y estatales a través de los medios de comunicación nos llamen a reconocer en cada profesional de la salud héroes con bata y mártires por amor a la sociedad. Aunque es hermoso y luminoso verlo así no podemos perder de vista que es una forma de jugar y manipular el sentimiento colectivo. La herida causada por la pobreza y el dolor requiere de una sublimación manipuladora que ve en el acto individual la grandeza, mientras que lo colectivo sigue estando carente de justicia, democracia, equidad, respeto a la dignidad humana y, al derecho de seguridad social que debe ofrecer el Estado.

El confinamiento social es la fórmula para conservar la vida. Hay un bombardeo de anuncios en los medios de comunicación que nos advierte: “Quédate en casa” y cada cual con “su sana distancia” son las expresiones con las que el Estado hace responsable a la comunidad social del cuidado de su vida y ello es un verdadero acto de manipulación en una sociedad con más de 100 millones de gentes hundidas en la pobreza. El 55% de la población vive de trabajos llamados informales. Su economía va al día y el Estado les hace responsable de quedarse en casa y vivir un confinamiento de miseria y hambre. La pandemia de la pobreza y el egoísmo mezquino de la acumulación de la riqueza en unas pocas manos debe eliminarse si de verdad queremos vivir una sociedad con justicia social.

La zona oriente del valle de México Neza, Chimalhuacán, Ixtapaluca son foco rojo durante esta pandemia. El llamado al gobierno federal y estatal es que vean a la población vulnerable, se requiere que a las personas se les vea también desde su situación socioeconómica, como gente pobre que se guarda en su casa y muere de hambre o sale y se infecta. El Covid-19 no distingue personas y todos somos vulnerables a la letalidad que este virus. Pero las circunstancias socioeconómicas son determinantes. Alguien con la capacidad económica de guardar la cuarentena y extraerse del contacto social la librará, su riqueza le proporciona una cierta seguridad, y claro, una cierta certeza de continuar viviendo. No es así para con los pobres, ellos deben ser reconocidos y apoyados, promovidos y eventualmente reintegrados, para que puedan desempeñar un papel activo y constructivo en nuestro país. No podemos seguir permitiendo condiciones humanamente injustas que dejen a la gran parte de nuestros hermanos pobres a su suerte, y por desgracia, esta suerte es miseria, hambre, enfermedad, dolor y llanto.

Pbro. Edgar J. Cruz Arauz, Sacerdote Católico Diócesis de Nezahualcóyotl.