El plan y el gobierno de Morena son un fracaso, pero ¿qué los sostiene?

El problema no es de personas. Para que el pueblo trabajador pueda acceder a una vida digna, debe seguir un programa de lucha política y social estructurado.

Rodolfo de la Cruz Meléndez

2020-08-30
Ciudad de México

A 20 meses del Gobierno Federal del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), lo único a la vista son dos cosas: su fracaso y la ausencia de un plan claro de lo que debería hacer en el país. A los antorchistas no nos sorprende este resultado porque, desde las elecciones de 2018, lo advertimos fuerte: nada bueno saldría del gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) porque piensa que la corrupción es la causa principal de los grandes problemas nacionales, diagnosis errada ya que las ciencias sociales han demostrado que tal fenómeno expresa solo un efecto, y que el mal central es la injusta distribución de la riqueza, generadora de la tremenda desigualdad social que padece México.

 Por ello, la administración de Morena solo ha producido una estela de desempleo, más pobreza y marginación. Y cuando AMLO declara que es el primer mandatario que gobierna para los pobres, solo porque entrega dinero en efectivo a millones de personas, también yerra rotundamente porque a ninguno le resuelve esos tres graves problemas. Esos mexicanos tienen algo de dinero para gastar, pero siguen sin empleos bien remunerados, habitan en pueblos y colonias sin servicios públicos básicos y sin dinero para adquirir viviendas dignas, para educarse y curarse. Es decir, con esos apoyos jamás saldrán de la pobreza.

A pesar de su fracaso, el gobierno de AMLO se sostiene en el poder porque lo apoyan los grandes empresarios mexicanos y extranjeros, cuyas compañías se benefician de dos maneras: apoderándose de los espacios pertenecientes a las empresas abandonadas o desaparecidas por la pandemia del Covid-19 en el mercado nacional y de la oferta “astronómica” de mano de obra muy barata que el desempleo masivo ha provocado. Si AMLO hubiera puesto en marcha un plan de apoyos como los habilitados en otros países, muchas de las pequeñas y medianas empresas habrían logrado sobrevivir a la contingencia, pero su posición fue tajante: “las que tengan que morir, que lo hagan, nosotros no vamos a apoyarlas”.

En la perspectiva del pueblo, la administración morenista se sostiene debido a la falta de conciencia política de mucha gente, a la dispersión de la mayoría de los sectores marginados y a la ausencia de organización política entre los trabajadores para enfrentar de manera unificada sus problemas. Por ello, los oprimidos son presa fácil de las maniobras concebidas para distraer su atención en asuntos como los que habitualmente se tratan en las conferencias “mañaneras” o como ocurre ahora con el show montado con la figura y los dichos de Lozoya. Y, para rematar, desde la misma tribuna presidencial han salido órdenes para crear un clima de terror y violencia contra los grupos disidentes y desalentar sus protestas y la lucha popular. En suma: los grandes capitales hacen su agosto con la pobreza y la ignorancia del pueblo mexicano.

Pero todo lo anterior no necesariamente debe llevarnos a la idea de que los enemigos a vencer son AMLO o alguno de sus imitadores caricaturescos como Miguel Barbosa Huerta, el gobernador morenista de Puebla. No. El problema no es de personas. Para que el pueblo trabajador pueda acceder a una vida digna, debe seguir un programa de lucha política y social estructurado con cuatro ejes, como el propuesto por Antorcha: empleo para todos, salario que alcance para adquirir la canasta básica, reforma fiscal progresiva para que paguen más los que tienen más ingresos y la reorientación del gasto público que combata la pobreza y la marginación. Es decir, hay que cambiar el modelo económico vigente, que está alimentándose hoy, aún más que nunca, con la crisis económica generada por la pandemia de Covid-19 y los malos gobernantes que llegaron al poder engañando a los trabajadores.

 Pueblo trabajador: la meta no es solo cambiar gobernantes, porque resulta fácil si se compara con la lucha contra el hambre y la ignorancia de nuestro pueblo. Sin embargo, son siglos de discriminación, atraso y marginación que hay que superar para que el gigante que dormita en el pueblo despierte y como tal desvíe ríos, mueva montañas y derribe imperios. Fue así como nos liberamos de la corona española, como derrotamos la invasión francesa y vencimos la terrible dictadura de Porfirio Díaz y sus terratenientes.

Al final, el pueblo siempre vence, no tengamos la menor duda.