Medidas a medias, muerte completa. De la sartén a la lumbre

La salvación está en nosotros mismos, en nuestro grito de protesta, en nuestra marcha por la organización.

Rodolfo de la Cruz Meléndes

2020-06-07
Ciudad de México

Las medidas de la contingencia desarrolladas para salvarnos de la pandemia del Covid-19 tienen paralizada la planta productiva nacional y confinados en sus casas a los trabajadores, que son parte esencial de la economía. Aunque crueles e ingratas, se acataron sin protesta por su necesidad vital, pero sus consecuencias son igualmente brutales: la producción se ha estancado y los salarios fueron suspendidos. Alrededor de 89 millones de mexicanos han quedado hoy en la orfandad y el olvido de patronos y gobierno. 

Ese número de mexicanos, repito: parte fundamental de la producción y desarrollo económico de nuestro país, es “olvidado” cada vez más. Nuestros gobiernos han negado que su tarea principal sea resolver los problemas de los mexicanos. Por ello, el ataque feroz de la pandemia nos cogió totalmente indefensos. Los trabajadores, que aportamos la riqueza nacional, debemos preguntarnos: ¿por qué nos atrapó desprevenidos, con el pecho descubierto, el ataque de esta enfermedad, ciertamente desconocida, pero ya anunciada y contenida inteligentemente por varios gobiernos asiáticos?

La respuesta es sencilla. Nuestros gobernantes, incapaces de generar una planta productiva propia, se han entregado material y espiritualmente a la economía estadounidense, que nos compra y vende todo lo necesario, que hace para satisfacer su interés fundamental de obtener ganancias, así tenga que producir millones de pobres explotándolos en fábricas, confinarlos en sus hogares o enviarlos indefensos al Covid-19.

Debido a la ineptitud de nuestras autoridades, hoy están abandonadas las obras públicas, el sistema ferroviario, las carreteras, la comunicación nacional, la planta energética, los servicios educativos, los servicios financieros y aun nuestros hospitales, que carecen de personal capacitado, camas, ventiladores y medicamentos. En suma, todo está abandonado y puesto en charola de plata al sistema privatizado del imperio mundial. Y, lo que es peor, estamos sin salarios, sin alimentos y nuestro imperturbable gobierno solo responde con estas elocuentes “frases mudas”: ¡Sálvese el que pueda! ¡Cúrese el que tenga!

La misma mortificación padecen millones de pequeñas empresas que, como las anteriores, también les interesa más la ganancia que la situación de los trabajadores, son parte fundamental de la planta productiva en México y comparten, aunque en proporción pequeña, en forma de salario, el producto nacional.

Tanto los millones de trabajadores como los propietarios de estas empresas exigen apoyos, por demás racionales y justos, para librar a un menor costo la pandemia que los acosa. Pero el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) no los ha escuchado, ni mucho menos atendido, porque permanece agarrado con uñas y dientes a los programas sociales con los que beneficia a millones de personas que conforman la clientela electoral, que cree que le garantizarán la sucesión o, por lo menos, le cuidarán las espaldas.

En acatamiento a las instrucciones de Estados Unidos (EE. UU.), y con los varios millones de pesos que se ahorró al no apoyar a las masas de mexicanos confinados y a las empresas paralizadas, el gobierno de AMLO decretó, el lunes 1° de junio, la “nueva normalidad”, justo cuando la espiral de la pandemia todavía no había tocado el techo y “la danza” de las cifras de infectados y muertos colmaban de incertidumbre a la población. Ante la necesidad de producir y obtener ingresos con qué llevar sustento a sus familias, muchos trabajadores se han visto obligados a laborar pese a los riesgos de contagio.

Es en este panorama de desolación y abandono donde campean las frases arriba citadas: ¡Sálvese quien pueda! ¡Cúrese el que tenga! Aunque mudas, pero claramente discernidas, estas palabras alcanzan su mejor expresión por la ausencia de un plan preciso de los cuidados sanitarios que los trabajadores y las empresas deben observar en fábricas y sistemas de transporte colectivo, así como una clara definición de quiénes pagarán los costos de estas acciones. Otra vez estamos ante medidas a medias por las presiones internacionales y de que la economía del país marche sin considerar los costos de salud y vida para los mexicanos. Saltamos del sartén a la lumbre. Medidas a medias, muerte completa.

Todos, como quien persigue los medios para salvaguardar nuestras vidas y de nuestras familias, debemos marchar al trabajo, con los ojos bien abiertos, tanteando el terreno cada milímetro, cada minuto, cada día; elevar nuestras protestas en caso de que no encontremos seguridad en nuestros trabajos y, sobre todo, buscar día con día la solidaridad entre todos los trabajadores, hasta que la encontremos y hagamos patria. La salvación está en nosotros mismos, en nuestro grito de protesta, en nuestra marcha por la organización. Los trabajadores de México debemos luchar como un solo hombre en torno a un solo ideal: construyamos una organización que nos defienda, nos dé fuerza, patria y libertad.