La 4T y el año que terminó

La 4T no se ha ocupado de mejorar la injusta distribución de la riqueza. Los números son elocuentes. El fenómeno es consecuencia del modelo económico neoliberal que priva en el mundo y con el que la 4T convive hasta ahora plácidamente.

Omar Carreón Abud

2020-01-26
Ciudad de México

El año 2019 es el primer año completo que gobierna el presidente Andrés Manuel López Obrador. Ahora es un buen punto para hacer un corte, para saber si algunos de los índices más importantes, los que le deben importar a los mexicanos más necesitados están a la alza o están a la baja. Treinta millones de compatriotas votaron en 2018 con la esperanza de tener un país mejor en el que pudieran vivir sus hijos y sus nietos y más allá de la propaganda de algunos temas irrelevantes ¿qué se les puede decir? ¿En qué avanzamos? ¿Vivimos ahora en un país mejor? Aclaro que no espero, como creo que no lo espera nadie, un giro de 180 grados (que no de 365) en el que nada sea igual ni parecido a lo de ayer, no se esperan, pues, milagros, pero sí logros contantes y sonantes que siquiera alimenten un poco el optimismo.

Comienzo. La producción y exportación de automóviles está a la baja. Con cierta razón, alguien puede decir “no tengo coche, ni dinero para comprarlo, viajo en transporte público; es, por tanto, una estadística que ni me va ni me viene”. No se crea. Los automóviles se producen, quizá sea más propio decir, se arman en nuestro país, en fábricas que contratan a miles de obreros; así que si sube su venta y su exportación, miles de familias tendrán empleo y salario, si no hay tal aumento, serán menos familias y otras más perderán su empleo. Pero no solamente eso; también hay empresas relacionadas con la producción y venta de automóviles como las de autopartes, por lo que el impacto del hecho de que en diciembre la producción y las exportaciones de vehículos ligeros registraran caídas de 12.6 y 16.7 por ciento anual, respectivamente, sí les importa a los trabajadores mexicanos y es un dato que no podemos dejar pasar sin un comentario.

¿Qué más? Lo que sucede con la industria automotriz, es representativo de lo que sucede en México con el sector industrial en general y, como veremos, con el empleo. La actividad industrial siguió moviéndose con una tendencia negativa, en su comparación anual: descendió 1.7 por ciento, es decir, fue más pequeña en 2019 que en 2018, es más, la actividad industrial en nuestro país lleva 14 meses seguidos contrayéndose. Menos producción y, consecuentemente, menos ventas, necesariamente tienen que impactar en la masa de obreros y trabajadores en general que se emplean en el sector y en la economía en su conjunto. ¿Y el petróleo, nuestra principal riqueza para exportar? La producción petrolera cayó a 1.68 millones de barriles diarios durante 2019, una reducción de siete por ciento con respecto al año anterior, cuando el promedio fue de 1.81 millones de barriles diarios; con este resultado, la producción mexicana registra 15 años consecutivos con caídas en la extracción de crudo, desde su pico histórico de 2004, cuando alcanzó los 3.4 millones de barriles al día.

El empleo formal, por su parte, el de salario, servicios médicos y prestaciones, también está a la baja. Se mide por la cantidad de trabajadores que están dados de alta en el Seguro popular y resulta que, mientras a fines del sexenio pasado, al día último de noviembre de 2018, para ser más exactos, había inscritos 20 millones 457 trabajadores, el 31 de diciembre de 2019, 13 meses después, había 20 millones 421 mil trabajadores inscritos, esto es, 36 mil menos. En otras palabras, no solo no se creó ningún empleo nuevo, sino que se perdieron 36 mil. Además, cada año llegan a la edad de trabajar un millón 400 mil jóvenes ¿qué se va a hacer con ellos? O tomarán un mal camino o pasarán a engrosar las filas del empleo informal que ya llega al 56 por ciento de la Población Económicamente Activa del país. No hay empleo, vivimos en una economía completamente deformada e injusta.

Tampoco hay buenos salarios. La versión de que los magros aumentos recibidos no alcanzan para nada y que la mitad de la población mundial vive con el equivalente a 5.50 dólares diarios, es elocuente; no obstante, si nos comparamos con otras economías, como la de Estados Unidos, nos daremos cuenta de que la diferencia es abismal. Allá el salario mínimo es de 7.25 dólares la hora, por lo que en una jornada de ocho horas un trabajador gana 58 dólares; es decir, un trabajador, muchas veces, el mismo trabajador, gana el equivalente a mil 202 pesos por ocho horas de labor.

En un recuento de calamidades del año que termina no puede quedar fuera la violencia que azota al país. En efecto, el primer año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador fue el más violento de que se tenga registro. Durante el año que terminó, el número total de víctimas de homicidio doloso ascendió a 34 mil 582, un promedio de 94.7 muertes al día, cuatro homicidios por hora. La violencia va en aumento. En la ciudad de Morelia se alcanzó la cifra de 269 casos de asesinato en 2019, hubo un aumento de casi 35 por ciento con respecto al año anterior en el que hubo 201 muertes por este motivo.

Las causas de estos fenómenos son múltiples. No obstante, una de las que sin duda alguna tiene más repercusiones es el hecho de que la economía no crezca y, por tanto no se pueda siquiera hablar de conquistar un mejor reparto de la riqueza. El cero anunciado en crecimiento económico, si bien nos va, se convertirá en un 1.1 para 2020, pero hay analistas que prevén que la economía seguirá estancada. Parece pues, que a todos nos va mal. Parece, pero no es. El análisis más reciente de la organización no gubernamental Oxfam con respecto a nuestro país indica que seis de los mexicanos más acaudalados concentran en sus manos la misma riqueza que 62.5 millones de mexicanos.

La 4T no se ha ocupado de mejorar la injusta distribución de la riqueza. Los números son elocuentes. El fenómeno es consecuencia del modelo económico neoliberal que priva en el mundo y con el que la 4T convive hasta ahora plácidamente. En el planeta, dice Oxfam, dos mil 153 millonarios, es decir las personas que caben en 54 autobuses, concentran más riqueza que la mitad de los seres humanos, éstos son cuatro mil 600 millones de personas. Y la desigualdad en México es 38 veces más alta que en el resto del mundo.

Oxfam plantea la necesidad de una reforma fiscal porque los recursos del Estado no alcanzan “que podría empezar –escribe La Jornada– a gravar con 0.5 por ciento los bienes del uno por ciento de la población con más ingresos. Con la medida se recaudarían 92 mil millones de pesos, con los que se duplicarían los recursos presupuestarios que tendrá el Insabi en 2020”. En efecto, si no hay reforma fiscal, no hay más remedio que estar tomando recursos de otra parte y no precisamente para promover el crecimiento y el desarrollo del país, sino para repartir dinero con tarjetitas para aplacar un poco las inmensas necesidades de la población, pero, sobre todo, para hacer campaña electoral. A esto, el pueblo sabio le llama: “atole con el dedo”.