En nombre de la “ciencia”, el subsecretario López-Gatell manipula los datos y le miente a los mexicanos

México está urgido de verdaderos científicos que pongan la ciencia al servicio de los humildes y no de intereses mezquinos.

Daría Hernández

2020-05-27
Ciudad de México

Subestimar la magnitud de la pandemia por COVID-19, negarse a realizar pruebas, manipular los datos y mentirle a la población es el papel que ha jugado el científico y experto, doctor Hugo López-Gatell; sin embargo, parece que prostituir la ciencia tiene su recompensa. “La fuerza del presidente es moral, no es una fuerza de contagio” -frase lanzada por el subsecretario de Salud- no fue un error casual, sino la muestra de servilismo con el poder y el inicio de una serie de “errores” que han llevado a México al desbordamiento y descontrol en el manejo de la epidemia. A continuación algunos ejemplos de ello.  

Incongruencia el en número de contagiados y fallecidos

Hasta el día 27 de mayo se reportaron 78 mil 23 casos confirmados y 8 mil 597 defunciones, a nivel nacional; no obstante, es de todos sabido que los datos que poseen los estados y municipios con los que reporta diariamente en su conferencia vespertina López Gatell no coinciden. Desde inicios de la pandemia, los gobernadores de Baja California, Tamaulipas y Jalisco denunciaron falta de veracidad en el reporte de las cifras de sus entidades. El 20 de mayo, la Secretaría de Salud de Yucatán reveló que realizaron 119 pruebas a locatarios de algunos mercados de Mérida, de éstas 47 dieron positivo de COVID-19, pero sólo cinco fueron incluidos en el reporte federal; los 42 casos restantes, por normatividad, no fueron considerados dentro de la estadística oficial ni nacional.

La falta de rigor en los datos sobre el control de la  pandemia ha rebasado fronteras; al respecto, el canal internacional Al Jazeera entrevistó a los presidentes municipales de Ixtapaluca y Chimalhuacán, Estado de México. Ambos alcaldes demostraron que mientras en Chimalhuacán el número de fallecidos era de 87, el Gobierno federal reportaba 24, y en Ixtapaluca, cuando había 54 defunciones, López-Gatell reportaba 16. El 8 de mayo, el periódico The New York Times publicó una nota sobre las cifras ocultas en el número de muertos en la capital del país; el medio aseguró que “funcionarios de Ciudad de México han tabulado más de dos mil 500 muertes por el virus y enfermedades respiratorias graves que los médicos sospechan que están relacionadas con COVID-19; sin embargo, el Gobierno federal informó sobre unos 700 decesos en el área que incluye a la Ciudad de México y los municipios de sus alrededores”.

Todos los casos requieren ser aclarados, pero el “científico” que tiene en sus manos el control, destino y vidas de los mexicanos, los ha ignorado y, haciendo gala del malinchismo, sólo se dignó a contestar con evasivas y vaguedades a los cuestionamientos extranjeros.

Errores de cálculo  

Los primero días de abril, el doctor en Matemáticas y profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Arturo Erdely, puso al desnudo la trampa del doctor López-Gatell en el cálculo del factor de contagio: mezclar datos de fechas distintas; es decir, dividió el dato de casos contagiados estimados de una fecha entre el dato de casos contagiados confirmados de otra. ¿Fue un simple error aritmético? No, no es lo mismo un factor de 31.3 (dato correcto) que uno de 8.3 (dato proporcionado a los mexicanos). A este cuetionamiento se unió el del doctor Julio Boltvinik, quien lo llamó a reconocer el error o a renunciar; sin embargo, López-Gatell no dijo nada y continúa informando cada tarde.

¿Se ha aplanado la curva?

Desde el día 6 de mayo en que López-Gatell anunció que en México se había aplanado la curva de contagios, su número ha ido en aumento. ¿Dónde está la trampa del subsecretario para aseverar que se ha aplanado la curva? En comparar lo que según su hipótesis hubiera ocurrido de no haberse tomado las medidas de distanciamiento social con lo que ha ocurrido; pero aplanar la curva, a diferencia de lo dicho por él, significa que hay una reducción diaria en el número de nuevos casos, cosa que a todas luces vemos que no está sucediendo en México.

¿Por qué se miente tan descaradamente? Porque de esta manera el presidente Andrés Manuel López Obrador, con ayuda de la “ciencia”, puede justificar el lanzar a la hoguera, como Hitler, a millones de trabajadores de las maquilas para poder tener contento a Estados Unidos.

El sábado 19 de mayo, el secretario de Salud de Baja California informó que de 519 personas que murieron oficialmente por el virus, 432 trabajaban en las maquilas. En este mismo sentido, una investigación realizada por el periódico The San Diego Unión-Tribune afirma que en las ciudades fronterizas como Tijuana, Méxicali, Ciudad Juárez y Matamoros los hospitales están llenos de trabajadores de maquiladoras y que el número de muertos oficialmente reportados puede ser 10 veces mayor. 

Municipios de la “Esperanza”

El gobierno federal definió como municipios de la Esperanza a aquellos municipios que no habían registrado ningún contagio. Contrario a la irresponsabilidad manifiesta del subsecretario López-Gatell y del presidente López Obrador, 85 por ciento de los alcaldes de los 323 municipios de la “Esperanza” decidieron no acatar los designios federales. Ante la falta de pruebas y credibilidad en los datos, nada les asegura que estos municipios estén limpios de contagio. El regreso a clases sigue siendo un enigma que ni el secretario de Educación, Esteban Moctezuma, puede resolver. 

“Nueva normalidad”

El doctor Julio Frenk Mora, exsecretario de Salud y connotado científico nacional e internacional, consideró: “es irresponsable y desastroso reabrir sin pruebas. Para que la gente pueda salir de sus casas es fundamental hacer pruebas”; sin embargo, desde inicios de la pandemia, el doctor López-Gatell negó la necesidad de hacer pruebas y subestimó las sugerencias de la Organización Mundial de la Salud. Hoy preocupa que las máximas autoridades estén llevando a México hacia el precipicio por su cerrazón para atender el llamado de los científicos a hacer pruebas y así evitar la muerte de más mexicanos.

El doctor López-Gatell, antes que poner la ciencia y sus conocimientos al servicio del pueblo, se ha preocupado por hacer real la frase sobre la “fuerza moral del presidente”. La historia se encargará de darle su verdadero lugar. México está urgido de verdaderos científicos que pongan la ciencia al servicio de los humildes y no de intereses mezquinos.

Daría Hernández es doctora en Estadística e Investigación Operativa por la Universidad Politécnica de Cataluña, España.