Laureana Wright González de Kleinhans

Fue una periodista, escritora y precursora mexicana del feminismo. En sus escritos reiteraba la importancia de la participación de la mujer en la educación, la cultura y la política, en el proceso de transformación de la sociedad.

Redacción

2021-11-21
Ciudad de México

Nació el cuatro de julio de 1846 en Taxco de Alarcón, Guerrero, de madre mexicana y padre estadounidense. Fue una periodista, escritora y precursora mexicana del feminismo; en 1865, poseedora de un espíritu nacionalista importante, comenzó sus actividades literarias con poesía patriótica. La calidad de su poesía y argumentos la llevaron a integrarse en 1869 a la Sociedad Nezahualcóyotl propuesta por Manuel Acuña y Gerardo Silva; en 1872 se unió a la sociedad científica El Porvenir; en 1873 se unió al prestigioso Liceo Hidalgo, una de las asociaciones más importantes del Siglo XIX propuesta por Ignacio Ramírez y Francisco Pimentel; en 1885 se integró como socia honoraria al Liceo Mexicano y al Liceo Altamirano de Oaxaca, nombramientos que muestran la importancia y el distinguido lugar que ocupó la escritora entre los académicos y literatos de la época, ya que estas sociedades literarias organizaban tertulias, debates, conferencias y disertaciones con la vanguardia cultural del país.

Preocupada por la igualdad de las mujeres e incansable luchadora por su emancipación, legó una amplia y rica obra en los diversos periódicos y revistas de la época. En sus escritos reiteraba la importancia de la participación de la mujer en la educación, la cultura y la política, en el proceso de transformación de la sociedad; la escritura fue la herramienta que utilizó para llegar a diversos públicos; participó en periódicos como: El Anáhuac, La ilustración espírita, La Convención Radical Obrera, El Estudio, El Federalismo, Monitor Republicano, El Bien público, escribiendo artículos, poesías y ensayos. En 1887 fundó y dirigió la revista Las hijas del Anáhuac, escrita por mujeres; en esta aventura la acompañaron Mateana Murguía, también fundadora y quien fungió brevemente como directora literaria de Las Violetas del Anáhuac después de la partida de Wright, junto a Elvira Lozano, Lucía G. Herrera, Dolores Correa Zapata, entre otras.

También luchó por hacer posible la independencia financiera de las mujeres por medio del campo profesional, para que tuvieran un sustento propio con salario básico y se emanciparan de la tutela masculina en cuestiones de economía. Deseaba hacerlas partícipes de una serie de herramientas intelectuales y prácticas para que pudieran afrontar solas la viudez, el abandono del marido o cualquier adversidad. En este marco, propuso una cátedra con discurso pedagógico femenino para mexicanas. El programa, positivista y racionalista, y con base en lecturas asiduas, les permitiría discernir entre “correcto e incorrecto”, y tener criterio propio en lo moral y religioso.

En 1891, junto a Matilde Montoya, la primera medica universitaria, fundó la escuela-asilo para obreras El Obrador: luz y trabajo, cuyo objetivo inicial era proporcionar apoyo a las obreras para que tuvieran un lugar donde dejar a sus hijos durante su jornada laboral; adelantándose a su tiempo, establecieron lo que hoy se conoce como guardería, donde también impartían talleres de oficios prácticos como corte y confección entre otros.

Dentro de sus obras más importantes está La emancipación de la mujer por medio del estudio (1891), Educación errónea de la mujer y medios prácticos para corregirla, Oda a Cuauhtemoczin (ambas en 1892). En este mismo impreso publicó, en 1823, A Juárez. Murió el 22 de septiembre de 1896 en la Ciudad de México.

 

A CUBA

Virgen india, reclinada

sobre tu lecho de tul,

fijando en el cielo azul

tu soñadora mirada,

por el fuego cobijada

de tu clima tropical,

mientras mecen tu cendal

de contornos virginales,

las brisas de tus cañales,

de tus playas el terral.

 

Morena perla nacida

entre corales y juncias;

princesa que no renuncias

el origen de tu vida;

y aunque de gala vestida

por la España señoril,

en tu frente juvenil

tu penacho conservaste,

y bajo el manto guardaste

la sandalia y el huepil.

 

Que si tu raza anterior

se extinguió entre sus cadenas,

en la sangre de tus venas

renaciendo con su ardor

otra raza posterior

que de su nombre se ufana,

en su carrera temprana

te ha formado por sí sola,

de una América española

una España americana.

 

Pueblos cual tú, superiores,

nunca pueden olvidar

ni el cariño de su hogar

ni la fe de sus mayores.

tus fuertes conquistadores

al someterte a su ley,

no destruyeron tu grey,

y el suelo que te dejaron

es el mismo que regaron

con las cenizas de Huatey.

 

¡Noble Cuba! tú supiste

guardar intacto en tu seno

el lampo dulce y sereno

de la fe con que naciste.

al olvido no cediste

la idea que siguiendo vas,

y al mundo mostrando estás

que puedes verte cautiva;

pero… esclava fugitiva,

sierva humillada, ¡jamás!

 

Mal el yugo se sostiene

sobre frentes cual la tuya;

antes que el tiempo le excluya

la libertad le detiene;

y aunque el error le mantiene,

lo rechazan sin cesar

tus auras al murmurar,

tu pasado, tu presente,

las ráfagas de tu ambiente

¡Y las sombras de tu mar!...

 

En la tierra en que nacieron

Plácido, Heredia, Zenea,

ni el destello de la idea

ni la esperanza murieron.

los mártires sucumbieron…

mas su empresa viva está;

y de su tumba saldrá

cual rayo perdido, un algo:

que un Bolívar, un Hidalgo,

o un Washington brotará.

 

Tu hermana entonces sería

la España misma: ¿qué mucho,

si bajo el sol de Ayacucho

bien unírsete podría

la Iberia de la hidalguía,

de Granada y de Bailén,

como reunidos se ven

al infinito lanzados,

dos astros que separados

por un cataclismo estén?

 

Y en tanto llega la hora

de tu risueña esperanza;

mientras brilla en lontananza

tu estrella libertadora,

Cuba audaz, gentil señora,

flor que del noto al rugir

no llegaste a sucumbir,

estos pueblos tus hermanos

estrechan tus nobles manos,

¡alientan tu porvenir!

 

EL 5 DE MAYO DE 1869

Jamás, ¡oh Patria!, imaginar pudiste

que a sonar en tu playa volverían

europeos cañones,

cuando a tu suelo americano diste

por muralla tu noble independencia,

por obstáculo el odio que sentiste,

y un mar de hirviente sangre entre tus lares

y su ambición territorial pusiste.

mas defraudada tu feliz certeza,

la buena fe de tu esperanza hollada,

atónita de pronto contemplaste

que el pueblo hermano, la nación querida,

cuyas nobles proezas celebraste,

aquélla cuyos hechos aplaudiste,

cuyas manos amantes estrechaste,

obedeciendo el bárbaro mandato

de un déspota altanero,

ahogaba con el yelmo de Luis once

las ideas progresistas en su frente;

y loca, inconsecuente y temeraria,

venía a ensayar contigo en el presente

su guerra de conquista legendaria.

débil tú ante su fuerza, ante su fama;

desconocida, obscura, sin renombre,

te alzaste erguida ante la vil afrenta;

en sostener tu honor no vacilaste,

y a los sables blandidos en Magenta

tu valeroso pecho presentaste.

 

En el combate desigual y fiero,

en la lucha homicida,

día de gloria la fortuna quiso

conceder a tus armas, y ese día

es aquel que cantó tu poesía,

que en letras de oro consignó tu historia,

y el que hoy contempla la memoria mía

como un destello de tu noble gloria.

si fue efímero el triunfo que lograste;

si después a la fuerza sucumbiste,

esa página bella no borraste;

ella en las fojas de tu vida existe,

y te revela que el altivo pueblo

que se alza y lucha, que combate y muere,

puede erguir sin sonrojo la cabeza.

hay ideas que ensalzan al vencido

y dan al vencedor triste memoria:

es Leónidas más grande en su caída

que Jerjes el tirano en su victoria.

 

Conserva, Patria, el lauro que ganaste,

aunque pequeño ante la Europa sea;

no son los pueblos niños los que obtienen

los grandes triunfos, ni por siempre ondea

la enseña vencedora.

los pueblos todos al nacer lloraron;

antes de ser señores siervos fueron

y por grandes catástrofes pasaron.

la misma Galia que humilló tu frente,

fue esclava un tiempo del romano imperio,

y aun en la cumbre ya de la grandeza,

más de una vez los golpes de la suerte

doblar la hicieron la triunfal cabeza.

así después del Sol resplandeciente

que la epopeya de Wagram alumbra,

alza Moscow su nieve en la tiniebla

y Waterloo su fango en la penumbra.

 

Los grandes cataclismos de los pueblos

son impulsos que van hacia el progreso,

y tú aprendiste en las lecciones rudas

que la experiencia en tu pasado inicia,

que si la fuerza bruta disminuye,

la que nunca desciende es la justicia,

y hoy que comprendes al través del tiempo

que fue un puñado de invasores, solo

esclavos de un tirano,

el que intentó matar tu autonomía,

al mismo tiempo que tu triunfo cantas,

generosa e indulgente en tu hidalguía,

al pueblo liberal otra vez tiendes

tus brazos fraternales y tu olivo;

que si la Francia autómata y esclava

bajo el mando imperial te era enemiga,

hoy, que sus yerros el pasado allana,

la Francia de Gambetta fue tu amiga,

y la Francia de Thiers será tu hermana.