Una película de policías

Aunque la crítica de este documental no es profunda y aguda, sí llega a reflejar las vivencias, peligros y desprecios hacia un sector del Estado mexicano que para muchos es sinónimo de corrupción, negligencia e ineptitud.

Cousteau .

2021-11-21
Ciudad de México

El principal mérito de un documental (obra cinematográfica que, a diferencia del cine-ficción, se realiza sobre acontecimientos, personas, o fenómenos con existencia real) es tener un poder narrativo que penetre en la historia, de tal forma que los espectadores puedan conocer en extensión y profundidad el objeto motivo de la historia. Por esta razón, un documental que se quede en la superficie del fenómeno, seguramente tendrá poco éxito narrativo y, por tanto, tendrá poco éxito con el público. Hay, sin embargo, documentales que logran tener algún éxito en cantidad de espectadores y también en términos monetarios, aun no teniendo esa capacidad de desentrañar los aspectos esenciales y determinantes del objeto de la historia narrada.

Una película de policías (2021), del realizador mexicano Alonso Ruizpalacios, es un ejemplo de documental que trata someramente el tema que aborda, pues aunque sí muestra la problemática que viven cotidianamente los policías uniformados en la CDMX, no ahonda en las causas que originan esa problemática y tampoco busca profundizar en las manifestaciones más deleznables que hacen de los cuerpos policiales entes rechazados por los distintos sectores del pueblo mexicano. ¿Por qué, entonces, Una película de policías está teniendo éxito desde hace un par de semanas? La popularidad de este documental tiene como base, en primer lugar, la buena interpretación de los actores protagónicos; en segundo lugar, por los recursos narrativos que hacen de la cinta una obra bien estructurada y que llega a conectar con el público, que identifica clara e inconfundiblemente a la policía. En tercer lugar porque, aunque la crítica no es profunda y aguda, sí llega a reflejar las vivencias, peligros y desprecios hacia un sector del Estado mexicano que para muchos es sinónimo de corrupción, negligencia e ineptitud.

Y aunque parezca una contradicción, el filme no nos presenta como personajes centrales a policías de larga carrera en los cuerpos encargados de “cuidar a la población”. En realidad, son actores que se infiltraron durante un tiempo en la policía para convertirse en policías de carne y hueso. Probablemente, al hacer el proyecto del documental, Alonso Ruizpalacios aplicó las ideas y técnicas de Konstantín Stanislavski, aquel actor y director de teatro ruso que consideraba que los actores, para interpretar a un personaje, deben apoderarse de la personalidad del mismo, deben adentrarse en su psicología, en sus inquietudes más profundas (Stanislavski, con sus ideas sobre la actuación, sostenía que había que “encontrar la verdad escénica”, “recobrando la vida en el escenario”). Y en ese sentido, el documental se apoya en lo ficticio, pero a su vez lo ficticio “recobra la vida en el escenario” con las excelentes actuaciones de Raúl Briones, que interpreta al policía Montoya y María del Carmen como la policía Teresa.

Una película de policías contribuye a conocer más de cerca la vida, las circunstancias en que se desenvuelven los policías, su constante enfrentamiento no solo al peligro, sino al desprestigio de las corporaciones policiales lo que provoca desprecio de muchos ciudadanos, Raúl Briones nos describe el constante sufrimiento de muchos policías (dice que, cuando niño, alguna vez tuvo que subir al trampolín de una alberca para lanzarse al agua, lo que le provocó pánico; y cada vez que salía a enfrentar la actividad cotidiana del policía, sentía “como estar frente al vacío antes de saltar al agua”.

María del Carmen, por su parte, señala tibiamente cómo los policías son instrumento de los mandos para realizar las extorsiones, el gran negocio de la policía en la CDMX. Y las secuencias más críticas son aquellas en las que Teresa, por querer obligar al dueño de un antro a respetar el reglamento, es acusada por un sedicente diputado de haber querido extorsionar al administrador del antro, lo que provoca que un comandante la sancione quitándole su patrulla y congelándola en un lugar de poca importancia. Sin embargo, la crítica es somera y se detiene en una simple declaración de Teresa. ¿Acaso el gran negocio para las élites de la policía ya desapareció en la CDMX y otras partes del país?