Hermosas tierras altas

Saihanba, combinación de chino y mongol, es el nombre del bosque artificial más grande del mundo. Su objetivo, proteger a Beijing, azotada por tormentas de arena debido a la desertificación de sus alrededores.

Citlali Aguirre Salcedo

2021-11-21
Ciudad de México

Saihanba, combinación de chino y mongol que significa “hermosas tierras altas”, es el nombre del bosque artificial más grande del mundo. En 1962, cientos de habitantes del norte de China comenzaron la aforestación (creación de cubierta forestal en zonas dónde antes no existía bosque) en 80 mil hectáreas desérticas cercanas a Beijing. El primer grupo de silvicultores de Saihanba enfrentó grandes dificultades, contaban con las herramientas más sencillas y vivían y trabajaban en medio del frío extremo y veloces vientos. En 1977, una tormenta de aguanieve destruyó 13 mil hectáreas de árboles de Sahinba; mas los chinos limpiaron el área y comenzaron de nuevo.

El propósito de esta peculiar obra fue proteger a Beijing, que se veía azotada constantemente por tormentas de arena debido a la desertificación de sus alrededores. Pronto, los beneficios se extendieron ampliamente: anualmente, Saihanba purifica 137 millones de metros cúbicos de agua, puede absorber 860 mil 300 toneladas de dióxido de carbono (CO2) y produce 598 mil 400 toneladas de oxígeno (Academia Forestal China). Además, sirve de escape y recreación a los habitantes de Beijing en periodos calurosos y de descanso. Otro importante beneficio de esta magna obra fue la creación de empleos: en un inicio se formó un grupo de 369 personas (incluidos algunos estudiantes recién egresados de silvicultura) que fueron asentadas en el territorio de Saihanba. Con el tiempo, unas tres generaciones han trabajado protegiendo, limpiando y rehabilitando este sitio.

La plantación de árboles ha sido el centro de los esfuerzos ambientales de China durante décadas. Este país ha incrementado su cobertura vegetal del 12 por ciento a principios de la década de los 80's al 23 por ciento en 2020. Un artículo publicado en International Forestry Review señala que China tiene los dos programas más grandes de conservación y reforestación de bosques del mundo en términos de personas involucradas, tierras reforestadas y presupuesto. En 2020, las autoridades forestales anunciaron que China plantará 36 mil km2 de nuevos bosques al año (más que la superficie total de Bélgica) desde 2021 hasta 2025. Sin embargo, distintos estudiosos han señalado deficiencias importantes en las políticas ambientales del país.

“China se expande porque sus recursos naturales son insuficientes y los está cuidando a costa de utilizar los del extranjero. A costa de importar madera de su vecindario asiático o de otras regiones como Latinoamérica, ha venido importando niveles de deforestación muy grandes, al mismo tiempo que protege los bosques de su país” dice Yolanda Trápaga Delfín, especialista en políticas agrícolas y medio ambientales de China. Ciertamente, China no es el único país que procede de esta manera. De hecho, China y Finlandia al menos están incrementando su superficie boscosa más rápidamente que la deforestación que provocan en el exterior, pero países como Reino Unido, Alemania y España están creando más deforestación fuera de su territorio de lo que restauran dentro de éste, según un estudio publicado en la revista Environmental Research Letters. A decir de este mismo estudio, la mayoría de los países de Europa y Norteamérica importan deforestación del exterior, mientras que los países subtropicales están cortando árboles para cubrir dicha demanda de los países ricos.

Es cierto que China es el país que más CO2 emite en términos absolutos (mas no per capita), pero no es el principal responsable del cambio climático, como insinuaron algunos medios occidentales en el marco de la COP26. El principal responsable es el sistema de producción capitalista, extendido ya a todos los rincones del planeta. Es cierto también que China tiene la mayor población del mundo y sus emisiones por persona siguen estando muy por detrás de otros ocho países; pero también éstas han crecido en los últimos años. China es el país que más invierte en energías renovables, pero, aunque abren nuevas centrales solares y eólicas, no cierran las numerosas centrales de producción y uso de combustibles fósiles (principal fuente de sus elevadas emisiones). De modo que, a fin de cuentas, sus emisiones continúan rebasando la capacidad de absorción de CO2 de sus bosques. En su transición a otro modelo de producción, China debería también endurecer las políticas ambientales para las ingentes cantidades de capital que entran en su territorio. China se está esforzando, pero tiene que ir más lejos y más rápido.