Ganso mundial

Mientras el ganso mundial desafiaba las teorías económicas y daba cátedra a los líderes del mundo en el Consejo de Seguridad de la ONU, Santiago Nieto se casaba en Guatemala en medio de lujos y escándalos.

Capitán Nemo

2021-11-21
Ciudad de México

Ha quedado para la anécdota: el Presidente que despreció otros escenarios mundiales decidió acudir al Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con la cantaleta de siempre de sus mañaneras. Tal vez motivado por las sospechosas y zalameras flores que The Financial Times le lanzó al colocarlo como el segundo presidente mejor evaluado del mundo –lo que no deja de sorprender en la prensa internacional, que con frecuencia habla de sus múltiples dislates– el mandatario mexicano se animó a viajar a Nueva York para insistir en su mismo “rollo”. Por ello, sus desvaríos nos recuerdan al personaje de la novela El otoño del patriarca, el dictador decadente que Gabriel García Márquez retrata de manera magistral al describirlo en un mundo imaginario donde disfruta de un poder omnipresente mientras su pueblo, empobrecido y marginado, vive “feliz, feliz, feliz”.

Fue así como, sin ton ni son, se escucharon los graznidos del ganso mundial, quien fuera de su granja y para conocimiento de los otros jefes de Estado –quienes seguramente no sabían del asunto– afirmó categóricamente que el mayor problema que hay en el mundo es la corrupción. Ya encarrerado, y como quién está convencido de que ha encontrado la solución mágica para acabar con la pobreza y otros males, sonriente y confiado de que los logros de su gobierno están dejando huella en el ámbito internacional, propuso para el orbe entero la austeridad, la lucha contra la corrupción y un Plan de Fraternidad y Bienestar. Los impávidos jefes de Estado apenas pudieron ocultar una sonrisa y el representante ruso, aunque en forma discreta, le señaló que se había equivocado de escenario. Aun así, hordas morenistas celebraron la intervención del Presidente como un éxito mundial, ya que el “estadista” Andrés Manuel López Obrador (AMLO) llevó la solución que la humanidad en penumbras estaba reclamando con urgencia.

Suena a chiste pero así fue. Lamentablemente para los mexicanos, los tres años del gobierno de AMLO y la finísima “Cuarta Transformación” (4T) no han resultado nada cómicos. ¡Qué vacío de palabras! ¡Qué vacío de acciones! Mientras el ganso mundial desafiaba las teorías económicas y daba cátedra a los líderes del mundo, uno de sus sabuesos, Santiago Nieto, el más bravo, su brazo represor favorito, el encargado de perseguir opositores y encarcelar a los corruptos, se casaba en Guatemala en medio de lujos y escándalos. Pero esto no causó ninguna sorpresa a nadie, porque los funcionarios de la 4T se despachan el presupuesto nacional con la cuchara grande y cada vez son más los casos de corrupción denunciados por la prensa. ¡Qué cinismo el del ganso mundial el ir a hablar en contra de la corrupción con estos antecedentes y cuando México, según The World Justice Project, es el quinto país más corrupto del mundo!

Pero hay más, mucho más. El Presidente no ha logrado que en el país haya un crecimiento económico aunque sea igual al ínfimo dos por ciento de sus predecesores, a los que tanto critica, aunque quiera escudarse con el confinamiento que ha provocado la pandemia. Según él, ésta le cayó como anillo al dedo; pero lo cierto es que México no creció económicamente en 2019; y ese resultado hizo cada vez más evidente que no sabe ni entiende de economía, ya que dejó que ésta siguiera su curso y no generó políticas inteligentes para impulsarla. Lo mismo pasó con la crisis sanitaria, razón por la que hoy tenemos que llorar más de 600 mil muertes de familiares y amigos que pudieron haber sido evitadas.

Lo único que el gobierno de la 4T está haciendo, y tampoco lo hace bien, es comprar votos con los programas sociales cuya modosita alusión al “bienestar” comienza a molestar a la gente. Estos apoyos monetarios, que a diferencia del pasado se entregan directamente, son distribuidos por los Servidores de la Nación; es decir, se usan con fines partidistas y clientelares y no necesariamente llegan a los más pobres, porque es tal el descontrol y la opacidad en su manejo, que hasta los difuntos son beneficiarios.

La conclusión es obvia: en México no hay una “Cuarta Transformación”. Únicamente vemos la llegada de un partido rapaz que está saqueando y acabando literalmente con el país; una nueva mafia en el poder que, para perpetuarse, no ha dudado en aliarse con el narcotráfico como lo demostraron las elecciones pasadas; un grupo que tiene como líder a un ganso que hace “el oso mundial”, mientras en su propio país se “hace pato”.