Ahora en Colombia: los estudiantes resisten

Para el neoliberalismo, toda la educación, desde la elemental hasta la de grado, debe ser privada

Ehécatl Lázaro

2018-11-26
Ciudad de México

Las protestas estudiantiles que en las semanas pasadas tomaron las calles de Colombia, expresan las tensiones existentes en torno a una de las aristas más sensibles del neoliberalismo latinoamericano: la educación pública.

Para el neoliberalismo, toda la educación, desde la elemental hasta la de grado, debe ser privada; como en toda la economía, dicen, debe existir un vendedor y un comprador: la institución-vendedor ofrece el servicio y el alumno-cliente lo compra. En efecto, tal es la lógica que impera en algunos lugares donde este modelo educativo ha logrado enraizarse. Bastan como ejemplos Estados Unidos y Chile. En estos países, el estudiante que no puede pagar sus estudios por su baja condición socioeconómica recibe un préstamo del gobierno o de alguna empresa, y este debe ser devuelto íntegramente, más los intereses, claro, cuando el estudiante concluye sus estudios de grado y se integra a la vida laboral. El estudiante con recursos paga por su educación; el estudiante pobre se endeuda para estudiar.

Sin embargo, las luchas sociales de los pueblos latinoamericanos han obtenido logros tangibles en el terreno de la educación, como lo muestran las universidades públicas (del Estado) mismas que no están sujetas a la lógica económica de la compraventa, sino que obedecen a una lógica distinta, la de promover la movilidad social. Ejemplos de estas instituciones se encuentran en la mayoría de los países de América Latina. En México, la UNAM es una prueba de ello. Acosada por el modelo neoliberal, esta educación sufre el trato despótico de los gobernantes: se le destina un porcentaje despreciable del PIB, carece de infraestructura competente, los niveles de aprendizaje son de tragedia, los profesores no están suficientemente capacitados, y más de la mitad de los egresados de las universidades no saben leer correctamente.

Lo que observamos hoy en Colombia, es la manifestación juvenil que se resiste a aceptar la imposición del modelo neoliberal en la educación. Los universitarios exigen que el gobierno del derechista Iván Duque destine una partida mayor a la educación pública universitaria, pues desde hace años en ese país la política de Estado pretende asfixiar a la educación pública para convertirla en el sueño dorado empresarial: la educación como una mercancía más. Por eso, los jóvenes de las universidades públicas más importantes del país han decidido sostener un paro ininterrumpido hasta que el presidente resuelva las demandas del estudiantado popular.

En este momento, la resistencia estudiantil colombiana es uno de los movimientos sociales antineoliberales más encomiables. Las cosas, sin embargo, no cambiarán de fondo sino hasta que se opere en el país un verdadero cambio popular. Las pasadas elecciones y la figura de Gustavo Petro fueron un ensayo inédito, pues el discurso de la izquierda colombiana alcanzó una difusión y un posicionamiento que no se había visto en décadas. Solo esa salida, la participación masiva para cambiar el modelo actual, resolverá de raíz el problema que hoy mantiene en las calles y en paro a los universitarios colombianos.