Oswaldo Escobar Velado: poesía para los pueblos latinoamericanos

Iniciador de la vanguardia en El Salvador, el poeta fue preso y desterrado a raíz del contragolpe militar; ahora sus versos son para el pueblo humilde, al que quiere despertarle rebeldía y la decisión de lucha por transformar su realidad.

Tania Zapata Ortega

2021-11-14
Texcoco, Estado de México

Al intento de golpe de Estado del dos de abril de 1944 para derrocar al general Maximiliano Hernández Martínez, en El Salvador, sucedió una etapa de represión y fusilamientos; un mes después, una revuelta popular pondría fin a esta sangrienta dictadura de 13 años –caracterizada por el asesinato en masa de indígenas– y propiciaría el surgimiento del Comité de Escritores y Artistas Anti-fascistas, luego llamado Generación del 44 (*). En este contexto político ocurre la definición estética de Oswaldo Escobar Velado (1919–1961), iniciador de la vanguardia en El Salvador. Si antes podría considerársele un “poeta amatorio”, su temática cambia a partir de su participación en este movimiento social, que trae para él prisión y destierro a raíz del contragolpe militar; sus versos tienen ahora como destinatario el pueblo humilde y como objetivo despertar en las masas oprimidas la necesaria rebeldía y la decisión de lucha por transformar su realidad.

Escobar Velado se reconoce admirador de dos grandes poetas: Nâzim Hikmet y Miguel Hernández, por su entrega a la causa libertaria de sus respectivas naciones, a pesar de la crueldad y la opresión a que debieron enfrentarse por tal motivo. La influencia de otro grande, Pablo Neruda, también se deja sentir en su poesía, desprovista de toda ornamentación innecesaria, sin figuras elaboradas y en la que emplea un lenguaje directo para transmitir, con gran fuerza expresiva, su denuncia social. Él mismo defenderá esta ruptura estética, tan propia de su tiempo: “Para mí, la sencillez es la almendra de la verdadera poesía revolucionaria, de la que se adentra sin esfuerzos en las masas para que éstas entiendan y sientan el mensaje del poeta. Cuando los poetas llegan a encontrar esta sencillez, pueden estar seguros de que han llegado a la universalidad de la poesía y de que la lámpara de su vigilia no en vano quemaba los aceites más ardientes”.(**)

Diez sonetos para mil y más obreros (1950); Árbol de lucha y esperanza (1951); Volcán en el tiempo (1955); Cristoamérica (1952); Tierra azul donde el venado cruza (1959); y Cubamérica (1960) son algunos títulos de su obra, que pertenece a la poesía comprometida con la libertad, autodeterminación y lucha de los pueblos latinoamericanos.

Patria exacta y otros poemas (1978) recoge de manera póstuma algunos de sus textos inéditos. Forma parte de esta antología, dándole nombre, el poema Patria exacta; en él, Escobar Velado denuncia las injusticias, la desigualdad y la opresión que sufre su pueblo en el momento exacto en que escribe; habla del sufrimiento de los salvadoreños explotados; de su futuro incierto; de la desvergüenza y las mentiras de los funcionarios; del hambre, la miseria, la enfermedad y la ignorancia; de la represión y la barbarie a que son sometidos; de la opulencia y el despilfarro de las élites; y también de la urgente denuncia de ese estado de cosas. Poesía vigente y, sobre todo, universal, porque en ningún verso dice El Salvador, y no por una simple omisión; porque ambos polos son el sello distintivo del capitalismo dependiente en que viven, con honrosas excepciones, los pueblos latinoamericanos: desigualdad, miseria y opresión de un lado; opulencia, demagogia y represión, del otro.

Ésta es mi Patria:

un río de dolor que va en camisa

y un puño de ladrones

asaltando

en pleno día

la sangre de los pobres.

Cada gerente de las compañías

es un pirata a sueldo; cada

ministro del gobierno democrático

un demagogo

que hace discursos y que el pueblo

apenas los entiende.

(…)

Digan la verdad que nos asedia.

Digan que somos un pueblo desnutrido,

que la leche y la carne se la reparten

entre ustedes

después que se han hartado

los dirigentes de la cosa pública.

Digan que el rábano no llega

hasta las mesas pobres; que diariamente

mueren cientos sin asistencia médica

y que hay mujeres que dejan

la uva de su vientre

a plena flor de calle.

(…)

Y a esto, amigo, se le llama Patria

y se le canta un himno

y hablamos de ella como cosa suave,

como dulce tierra

a la que hay que entregar el corazón hasta

[la muerte.

(…)

Allá las mesas de pino; las paredes

húmedas; las pestañas de los tristes candiles;

la orilla de un marco de retrato apolillado;

[los porrones

donde el agua canta; la cómoda

donde se guardan las boletas

de empeño; las desesperadas

camisas; el escaso pan junto a los lunes

huérfanos de horizontes; el correr

de los amargos días; las casas

donde el desahucio llega y los muebles

se quedan en la calle

mientras los niños y las madres lloran.

Allá en todo esto, junto a todo esto,

como brasa mi corazón

denuncia al apretado mundo,

la desolada habitación del hombre que sostiene

el humo de las fábricas.

Ésta es la realidad.

Ésta es mi Patria: 14 explotadores

y millones que mueren sin sangre en las entrañas.

Ésta es la realidad.

¡Yo no la callo aunque me cueste el alma!