Cuando la muerte llega

Hoy, ya sea por negligencia, abandono, omisión e intención del gobierno de la 4T, la muerte le llega a cualquiera; quienes gobiernan dosifican mensualmente sus entretenimientos de pan y circo para no responder del criminal deterioro de la vida nacional.

Capitán Nemo

2021-10-31
Ciudad de México

Nos hemos acostumbrado a la muerte. Los medios de comunicación han sido culpables de la pérdida de la sensibilidad humana y el respeto a la vida. La fatalidad llegada hace cinco siglos del otro lado del mar con pestes y las masacres han endurecido a los altivos corazones. Como si se tratara de vivir pensando constantemente en la propia sobrevivencia, nos conformamos con estar vivos. La violencia en las calles, con sus horrendas expresiones de personas baleadas en fiestas públicas, colgadas en puentes y decapitadas por doquier son el pan de cada día, y a pocos estremece y preocupa.

Y nos acostumbramos a la pandemia, ya que tampoco nos causa alarma su detonante incremento de cerca de 600 mil muertos, la mayoría personas en edad productiva y jefes de familia que han dejado en la orfandad al menos a 250 mil niños; y creemos ingenuamente que las vacunas y las mentiras del gobierno la han controlado, pues el semáforo epidemiológico está en verde. El gobierno de la “Cuarta Transformación” (4T) sabe perfectamente que las personas están más entretenidas en recuperarse de las pérdidas familiares y en resarcir rápidamente su deteriorada economía familiar como para darse tiempo de evaluar los tres años de desgobierno.

Es cierto que desde la época prehispánica los mexicanos tomamos a la muerte como un motivo más de celebración, pero ahora tenemos tantos muertos que hay poco que celebrar. Los mexicanos queremos mucho a los que se nos adelantaron en el camino y, por ello, una de las fiestas de mayor importancia es el Día de Muertos. Pero la sensibilidad en los hogares es mucho más intensa por la ausencia de seres queridos. Los rituales cumplen la función de dar consuelo y resignación a los vivos, pues al fin y al cabo la muerte es el paso definitivo del que ningún ser vivo escapa; por ello es bueno no temerla y vivir lo mejor que se pueda.

Somos polvo y al final nos incorporamos al proceso vital del universo, que es eterno. Que si bien la eternidad existe para la materia, no lo es para los sistemas sociales. Las creaciones del hombre son temporales, incluyendo la desigualdad y la pobreza. Por tanto, si la vida es solo una, debemos luchar por que, en este mundo terrenal, tengamos los satisfactores que por derecho elemental nos corresponden. La muerte de miles de seres queridos a causa del criminal descontrol de la pandemia debe indignarnos. Con nada repondremos sus preciosas vidas y su pérdida irreparable, pero debemos exigir que los culpables paguen con creces y, como los muertos no luchan, ésta es tarea de los vivos.

Éstos no son los tiempos de Francisca, la vieja mujer que al estar siempre ocupada no fue encontrada por la muerte. Muy al contrario, hoy, ya sea por negligencia, abandono, omisión e intención del gobierno de la 4T, la muerte le llega a cualquiera. Por ello, quienes hoy gobiernan, que parecen más anunciadores de desgracias y muertes que ya son su sello distintivo dosifican mensualmente sus entretenimientos de pan y circo para no responder del criminal deterioro de la vida nacional.

A él no le importa perder el apoyo de la clase media y de los intelectuales mientras destine todo el Presupuesto de Egresos a la compra de conciencias en las aterrorizadas capas más bajas del país. Pero llevar al pueblo al límite del fanatismo puede ser sumamente peligroso. Los recursos financieros del gobierno, que se gastan en este tipo de programas, están llevando a la economía al borde del colapso, porque el dinero que el gobierno hoy “regala”, no va a ser suficiente; y para salir de este atolladero, deberá pasar más de una década, pues no se crean los empleos formales que el país requiere y no se controla la inflación que supera la tasa de seis por ciento frente a la que, como es obvio, los salarios no alcanzan para nada.

Sin duda, el panorama es sombrío. Y como para estas fechas, lo más adecuado es una calavera literaria, nos despedimos con una sin destinario:

La Calaca, irritada y vengativa, manotea

Para reclamar a la tímida y párvula Huesuda

Que un tal Andrés Manuel le quita la chamba

con su letal 4T que es la misma locura.