Retrógradas

Las paraestatales mexicanas fueron fuentes de corrupción en periodos pasados, lo mismo que hoy sucede a niveles nunca antes vistos con los funcionarios de la 4T.

Capitán Nemo

2021-10-17
Ciudad de México

La historia es una ciencia. Carlos Marx le otorgó el aporte científico a una disciplina que no tenía ni pies ni cabeza. El método del materialismo histórico y el dialectico sirvieron para resolver las enormes lagunas de los fenómenos sociales. No en balde Federico Engels escribió que Marx era un parteaguas en las ciencias sociales, lo mismo que Charles Darwin lo fue en las ciencias naturales. Tenía razón. Pese a la enorme propaganda adversa de los medios burgueses hacia algunas de sus propuestas, Carlos Marx es siempre un precedente en cualquier investigación científica. De ahí que exista una ley social con el argumento de que lo nuevo siempre se abre paso desde lo viejo; así, por ejemplo, en los fenómenos biológicos, lo nuevo llega con todo el ímpetu ante la debacle de lo viejo y caduco, relegado a la única función de abonar y fortalecer con sus acciones, aun sin quererlo, a la nueva vida que comienza; esto mismo ocurre en los fenómenos sociales.

Esto viene a colación porque las acciones más recientes del gobierno nos llevan al pasado. El régimen de la “Cuarta Transformación” (4T) no es de trasformación sino un obstáculo que impide el progreso y en su ignorancia de la historia quiere llevarnos a repetir el pasado. El nombre que reciben las personas que se comportan de esta forma es retrógradas.

Pues bien, el gobierno de la 4T es retrógrada porque a como dé lugar quiere impulsar una reforma eléctrica para dar control absoluto a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en el suministro eléctrico. Sin comprender que los tiempos cambian y emulando tal vez al expresidente Lázaro Cárdenas con la expropiación petrolera que buscó devolver el petróleo los mexicanos, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) intenta una grotesca caricatura de ese periodo sin invertir un peso y mucho menos trabajar para que realmente la CFE sea una empresa de clase mundial, como lo presume su eslogan, ofreciéndole una autonomía que nunca ha tenido. Y es que, en este sexenio, la CFE ha sufrido su peor debacle, como lo evidencian el encarecimiento del servicio y los apagones regionales. Para empezar, tiene como encargado de esta compañía a Manuel Bartlett, quien para nadie es desconocido que se ha enriquecido aprovechando sus puestos públicos; que figura en el escándalo reciente de los Pandora Papers y ahora utiliza su posición en el gobierno de la 4T para saquear más a la paraestatal, incrementar aun más su fortuna y beneficiar a sus privilegiados con la compra de carbón mineral para producir electricidad, cuando los demás países dirigen sus esfuerzos hacia las energías limpias para restablecer el equilibrio en el medio ambiente.

Esta reforma es otra prueba ante el extravío de los retrógradas que hoy nos gobiernan. Las paraestatales mexicanas fueron fuentes de corrupción en periodos pasados, lo mismo que hoy sucede a niveles nunca antes vistos con los funcionarios de la 4T. El Presidente pretende jugar al “izquierdista” con esta reforma, pero es una mentira más al pueblo mexicano, porque solo privilegia a sus compinches; es decir, practica nuevamente “el capitalismo de cuates”; castiga a unos para privilegiar a otros. Pero el Presidente debería de aplicarse el mismo tratamiento que hace poco recomendó a los docentes que se niegan a regresar a clases presenciales en tiempos de la pandemia: “es muy cómodo seguir recibiendo sus pagos en casa” ¡Pero, señor, usted y sus funcionarios han recibido muy altos pagos del pueblo de México en estos tres años de desgobierno; y el pueblo únicamente ha obtenido más pobreza, corrupción, ha padecido mayor inseguridad y muerte!

Con todo esto, AMLO está provocando que, el día menos pensado, el pueblo termine de desencantarse y que por fin comprenda que ya no necesita falsos mesías, porque solo los trabajadores pueden mejorar la suerte del pueblo; y cuando la sociedad llegue a esta conclusión, la 4T ocupará su lugar en “el basurero de la historia”.