ONU: la reliquia que ya nadie toma en serio

Hoy, la ONU es incapaz de enfrentar los desafíos del Siglo XXI; está pasmada ante ofensivas armadas, emigración, saqueo de recursos y desastres climáticos. Además, perdió credibilidad al no asegurar vacunas para los pueblos necesitados.

Nydia Egremy

2021-10-10
Ciudad de México

El 24 de octubre de 1945, cuando sus 51 miembros ratificaron la misión de garantizar la paz, seguridad y desarrollo globales, entró en vigor la Carta de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Hoy, con 193 miembros, se le reprocha su ineficacia y sumisión al hegemón, pues conflictos antiguos como el palestino-israelí o el indo-pakistaní perviven sin solución. Hoy, la ONU es incapaz de enfrentar los desafíos del Siglo XXI y pasmada ante ofensivas armadas, emigración, saqueo de recursos y desastres climáticos. Para colmo perdió credibilidad cuando no pudo asegurar vacunas contra el Covid-19 para los pueblos necesitados.

La ONU fue creada bajo la premisa de que las naciones cooperarían entre sí para resolver pacíficamente los conflictos, mejorar la vida de las personas y asegurar que ninguna potencia mundial produjera una guerra a gran escala. En 76 años, no ha logrado ninguno de estos objetivos. Fue incapaz de evitar las masacres en Vietnam, las Coreas, Centroamérica, Kosovo, Irak, Libia, Congo, Yemen, Somalia y Siria.

Hasta ahora, sin embargo, es la única organización con carácter verdaderamente universal. Igual que las tareas que se le encomendaron. El desdén de las potencias de la posguerra le impidió alcanzar sus objetivos de salvaguardar la paz, impulsar el proceso de descolonización, establecer un marco de justicia social y promover el progreso.

Hoy, ante los nuevos retos que impone la postglobalización, la ONU se embrolla y aunque intenta atender el imparable flujo de personas hacia donde resguarden su vida, el organismo apenas puede atender a una minoría de los inmigrantes.

Solo en 2019 hubo 80 millones de desplazados y 21 millones de refugiados. Seis millones son palestinos y hay entre 34 y 36 millones de menores de 18 años, según estadísticas de la agencia de ayuda a refugiados palestinos (UNRWA) y la de ayuda a refugiados (ACNUR). Estos organismos coinciden en que la situación ha empeorado con los efectos del cambio climático y la crisis económico-sanitaria generada por la pandemia de Covid-19.

En defensa del organismo internacional, sus expertos afirman que el actual orden mundial está muriendo y el nuevo aún lucha por nacer, lo que no necesariamente significa sepultar a la ONU. Sin embargo, ante la falta de certidumbre, muchos la ignoran y vuelven la vista a las organizaciones no gubernamentales (ONG). Uno de ellos fue el canciller de India, Salman Kurshid, quien aseguró que la ONU perdió credibilidad.

Además de fracasar como fuerza civilizatoria y de contención en conflictos del pasado y actuales, ha fracasado frente a la pandemia, su prueba decisiva. Falló al no romper el blindaje mercantilista de las empresas farmacéuticas y los países industrializados para dotar del antígeno, gratis y en cantidad suficiente, a las poblaciones de mínimos recursos.

Hoy, casi tres cuartas partes de las vacunas se concentran en 10 países, mientras que solamente la recibe una de cada 10 personas en los países pobres. Dolido por no traspasar el blindaje mercantil de las farmacéuticas y los países ricos, el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros A. Gebreysus, denunció: “El mundo está al borde de un fracaso moral catastrófico; no hay distribución equitativa de vacunas”.

Para enfrentar la transición de un planeta dominado por el capitalismo corporativo a uno más equitativo; crear un orden mundial que sofoque al terrorismo y salvar al planeta del agotamiento de recursos naturales, la ONU debe definir las reglas del cambio de poder para garantizar el beneficio de todos.

 

Inercia y simulación

Hoy, Naciones Unidas es una mascarada de interminables escándalos y se halla afligida por su enorme tamaño y autocomplacencia. Por ello aumenta el sentimiento de que la simulación se adueñó del icónico edificio de cristal de la 42 Este y 48 en la Quinta Avenida de Nueva York, que fue construido con ilusión por Oscar Niemeyer y Charles Le Corbusier.

A pesar de ser el foro multinacional donde se debaten los asuntos más críticos, la ONU es lenta, incompetente, burocrática y con mandatos contradictorios que la hacen incapaz de mediar en asuntos cruciales. Para sus críticos, la razón estriba en que no cambió su forma de representar e intervenir con equidad cabal entre sus 193 miembros.

Como excusa de sus yerros, la periodista Somini Sengupta afirma que la ONU está sometida a constante presión. Algunos estiman que la esencia del organismo es la diplomacia y que su labor es el desarrollo y no debe ocuparse de acciones militares; y otros argumentan su escasez de recursos.

Contra lo que se cree, la razón de la incompetencia de la ONU no es económica. Estados Unidos (EE. UU.) es el mayor contribuyente, con el 22 por ciento de su presupuesto regular y el 27 por ciento de su presupuesto para Operaciones de Mantenimiento de la Paz. China es el segundo donador de la ONU con el 12 por ciento y el 27 por ciento, respectivamente.

Pese al ajuste económico generado por la pandemia, en 2020, su gasto total fue de casi 55 mil millones de dólares (mdd). La mitad de esta fortuna fue para gastos de operación administrativos y la quita de recursos destinados a programas clave. Pero las agencias rechazaron la propuesta de los auditores locales, afirma el analista Simon Bradley.

 

76 años de oídos sordos

Con desaliento, el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, expresó: “Hoy día un viento de locura arrasa el mundo. Desde Libia hasta Yemen, Siria y el resto del planeta, la tensión ha vuelto. Las armas siguen circulando y las ofensivas se multiplican. Entretanto, las resoluciones del Consejo de Seguridad se contravienen antes de que se seque la tinta que las escribió” (cuatro de febrero de 2020).

Propuestas de Jefes de Estado y de gobierno condenadas al olvido en 15 años:

Sesión

Persona/País

Propuesta

76º 2021-20

Marcelo Ebrard/México

“Respaldar medidas para que países menos adelantados se beneficien de mecanismos de apoyo en esta crisis por pandemia”.

75º 2020-21

Volkan Bozkir/Turquía

“Reafirmar compromiso con el multilateralismo será eficaz para afrontar el Covid-19. Ésa es la ONU que necesitamosˮ.

74º 2019-18

Tijani Bande/Nigeria

“Solo luchando juntos cumpliremos nuestro compromiso comúnˮ.

73º 2018-19

Fernanda Espinosa/Ecuador

“Se debe hacer que la ONU sea relevante para todosˮ.

72º 2017-18           

Miroslav Lajcak/Eslovaquia

“Hay que entender el rol crítico del multilateralismoˮ

71º 2016-17           

Peter Thomson/Fidji

“Dar impulso universal a los objetivos del desarrollo sostenibleˮ.

70º 2015-16

Mogens Lykketoft/Dinamarca

“Nuevo compromiso de acción de la ONU en sus 70 añosˮ.

69º 2014-15

Sam Kutesa/Uganda

“Cumplir y aplicar la transformación para el desarrolloˮ.

68º 2013-14

John Ashe/Antigua y Barbuda

“Agenda de desarrollo para personas con discapacidadˮ.

67º 2012-13

Vuk Jeremiç/Serbia

“Lograr la solución de conflictos por medios pacíficosˮ.

66º 2011-12

Nassir Abdulaziz/Qatar

“La ONU debe mediar en el arreglo pacífico de controversias”.

65º 2010-11

Joseph Deiss/Suiza

“Afirmar la gobernanza global, función central de la ONUˮ.

64º 2009-10

Ali Abdussalam/Libia

“Urgen respuestas efectivas ante crisis mundiales. Intensificar la relación multilateral y el diálogo entre civilizaciones en pro de la paz, seguridad y desarrolloˮ.

63º 2008-09

Miguel d’Escoto/ Nicaragua

“El impacto de la crisis alimentaria mundial en la pobreza y el hambre en el mundo van de la mano con la necesidad de democratizar a la ONUˮ.

62º 2007-08           

Srgjan Kerim/ Ex.Yugoslavia Macedonia

“Urge responder al cambio climáticoˮ.

61º 2006-07

Jequesa R. Al Khalifa/ Baréin

“Emprender una alianza mundial para el desarrolloˮ.

La gran dispersión y falta de control de la ONU fragmenta sus tareas y diluye recursos. Tiene mil 200 oficinas en el mundo y en 100 países aloja más de 10 oficinas que no se comunican entre sí. Su personal supera las 44 mil empleados asentados en 17 agencias especializadas independientes, 14 fundaciones y 72 Operaciones de Mantenimiento de la Paz (OMP).

Sus detractores la acusan de actuar con lentitud e inequidad en las crisis de América Latina. Citan el ejemplo de que la Corte Internacional de Justicia favoreció a Colombia en la demanda de Nicaragua por delimitar su soberanía en el Caribe. Y pese a la compleja crisis económico-social causada por las sanciones de EE. UU. contra Venezuela, la ONU ha sido incapaz de frenar estas medidas extraterritoriales.

Reforma o reemplazo

La forma errática de operar de sus agencias propicia y legitima los excesos de EE. UU. y sus aliados occidentales, que influyen en la agenda del Consejo de Seguridad (CS), el cual se integra con las cinco potencias nucleares. Tanto así, que Washington eludió la autoridad del CS para atacar a sus adversarios: Irak en 2002 y Siria en 2014; y manipuló la Resolución 2231 para sancionar a Irán.

Además veta resoluciones contra el bloqueo a Cuba, las que condenan la ocupación israelí en Palestina y esquiva las violaciones a los derechos humanos de las minorías latinas y afroamericanas en EE. UU., donde se espía ilegalmente a los ciudadanos.

Para los estadounidenses y los europeos, el CS funge como tribuna para declaraciones morales y no como una plataforma donde haya acuerdos diplomáticos. En contraste, en Naciones Unidas y en el CS “el enfoque de Rusia es siempre tácticamente más inteligente que la diplomacia occidental”, explica el analista del centro de análisis International Crisis Group, Richard Gowan.

El 28 de septiembre, el representante de México ante el CS, el embajador Juan Ramón de la Fuente, impulsó a cumplir con la Resolución 2334 para detener las colonias de Israel en tierra palestina, así como a sancionar las medidas que limitan el acceso de esta población al agua potable; pues constituyen una violación flagrante al derecho internacional.

De la Fuente citó la preocupación de su delegación en torno a los nulos avances en el proceso de paz en Medio Oriente. “La transferencia de colonos, el decomiso de tierras, la demolición de más de 670 estructuras y el desplazamiento de población palestina son actos opuestos al derecho internacional y representan un obstáculo a cualquier iniciativa de paz”. EE. UU. vetó la resolución.

Por esa razón, los países con creciente peso estratégico como Alemania, Brasil –el de Luiz Inacio Lula da Silva–, La India y Japón anhelan integrarse al poderoso CS. Para alcanzar ese objetivo promovieron la ampliación y modernización de ese órgano, aunque la propuesta no prosperó. Por ello, el politólogo Gernot Erler exclamó: “¡Hay que olvidarse del Consejo de Seguridad!”.

Por un CS más democrático, exhorta México

Al participar en la representación del Ejecutivo federal durante el periodo 76º de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, el canciller Marcelo Ebrard abordó cinco aspectos importantes para la diplomacia mexicana: subrayó que la recuperación económica y social de la crisis generada por la pandemia de Covid-19 se caracteriza por su desigualdad.

Exhortó a revitalizar el sistema ONU; y para ello hay que realizar cambios en el CS, como la propuesta conjunta con Francia para regular el derecho de veto y lograr que sea un órgano más representativo, democrático y transparente.

Llamó a suprimir “de forma impostergableˮ el bloqueo y las medidas unilaterales contra países en plena crisis económica y sanitaria mundial.

Aseguró que “la migración no es un fenómeno perniciosoˮ, que México seguirá combatiendo la discriminación, el racismo y otras formas de intolerancia, ya que nuestro país cumple los objetivos del Pacto Mundial para la Migración.  

Garantizó que México denunciará ante el mundo el comercio irresponsable de armas y su tráfico, vinculado al aumento de la violencia.

Algo es cierto: la ONU ya no refleja la actual realidad geopolítica y carece de herramientas para el futuro. No hace respetar los múltiples tratados y principios sobre el espacio ultraterrestre que hoy es coto privado de potencias y magnates de corporativos trasnacionales, mientras la rebasan los ciberataques de entes paraestatales.

Su gestión en conflictos es errática y fallida. Pese al despliegue de 100 mil Cascos Azules en operaciones de paz, las crisis escalan hasta la brutalidad y se hacen eternas e inmanejables, como ocurre en la República Democrática del Congo (RDC), donde miles mueren y el personal militar de la ONU no dispara en su defensa porque no están autorizados.

Se desconfía de su Oficina de Derechos Humanos, que reveló a gobiernos autoritarios los nombres de activistas, algunos de ellos estadounidenses o residentes en EE. UU. Al admitir el hecho, la ONU alegó que no los puso en riesgo. También le llevó seis años reconocer que sus tropas causaron la epidemia de cólera en Haití y que en los últimos 12 años han sido señalados de abuso y explotación sexual.

En síntesis: la ONU fracasó en su misión más importante: proteger a los civiles. De ahí el apremio por crear un organismo con capacidades que respondan mínimamente a los desafíos y expectativas inmediatas. A sus 76 años, nadie ve a Naciones Unidas como un foro decisivo en la política global. Hasta el diplomático proestadounidense Deepak Vohra estima que “ni siquiera China cuenta con ella”.