La navidad para los pobres 

Diciembre es el mes más comercial del año. Las empresas utilizan las fiestas navideñas para vender más mercancías

Capitán Nemo

2018-12-24
Ciudad de México

Diciembre es el mes más comercial del año. Las empresas utilizan las fiestas navideñas para vender más mercancías, aprovechando el aguinaldo de los trabajadores. Para ello promueven muy bien la Navidad a través de sus medios de comunicación, con campañas publicitarias enternecedoras con las que llaman a las personas a que sean desprendidas en estas fechas, consiguiendo así sus avariciosos propósitos.   

La gran cantidad de dinero que circula en estos días propicia que las empresas tejan finísimas redes para atrapar al mayor número de clientes, quienes movidos por el consumismo muerden el cebo, gastando de manera abrupta en regalos, comilonas y en exhibirse con un poder de compra que enaltece su ego y su posición dentro de la sociedad.  

Pero si bien para algunos estas fechas representan la oportunidad de gastar, tomarse unas vacaciones y un buen descanso, para otros, los más, estos días son precisamente en los que se sienten más miserables. El gélido invierno de la época navideña solo compite con el frío y el egoísmo del mercado, ya que éste no distribuye a todos sus bondades por igual. 

¿Cuánto es preciso que sufran los seres humanos por un modelo de producción que solo enriquece a unos cuantos? Los poetas y los escritores con sensibilidad social captan los momentos más intensos de la actividad humana y nos dan cuenta bajo una forma bella de la realidad social de su tiempo.  

El escritor danés Hans Christian Andersen, famoso por sus cuentos para niños, abandona un poco su estilo de cuentos edulcorados para contarnos la historia de navidad de La pequeña cerillera, relato en el que muestra la cruda crisis por la que atraviesa el capitalismo en 1848. Se trata de una niña descalza que vende cerillos en las calles de la ciudad. La pobre se la pasa todo el día en la calle, aterida y con la carita roja por el intenso frío. Lo peor es que no ha vendido nada.  

La gente que disfruta salir de compras en esos días ni siquiera se percata de las personas invisibles, como la cerillera de Andersen. La niña, cansada, se sienta en un rincón para protegerse del frio y aprovecha los cerillos para calentarse. Enciende el primer cerillo y se le aparece una estufa de donde emana un calor agradable, pero el cerillo se apaga y la estufa desaparece. ¡Qué hermosas cosas ve cada vez que enciende un cerillo! Un hermoso pino navideño adornado con magnificas luces y esferas; un banquete en la mesa con platillos deliciosos. La huérfana enciende un cerillo más y aparece su abuela, la persona a la que más ha querido. La niña entiende que las cosas desaparecen cuando el cerillo se apaga y para evitarlo con desesperación va encendiendo uno tras otro…  

Entonces la abuela la toma de la mano y se van juntas. Al otro día, la gente indiferente encuentra a la niña muerta de frío. La historia no nos es ajena. Cosas más terribles pasan debido a la pobreza. Muchos millones de infortunados son víctimas del hambre y el frío al igual que la pequeña cerillera. Los invisibles deambulan en las calles y en los semáforos tratando de ganarse unas cuantas monedas, mientras los escaparates están llenos de luces navideñas y en las colonias lujosas de la ciudad se sirven suculentos banquetes. Los renegados de un sistema social que les ha arrebatado todo, hasta el derecho a ser felices, demuestran la falsedad de los poderosos y su generosidad navideña.  

Para los pobres, la Navidad es una época cruel, en la que sus carencias son más evidentes. Las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) son claras: dos millones de desempleados; tres millones trabajan sin percibir salario; siete millones ganan menos de 88 pesos y las personas que trabajan en la informalidad, en la que no hay vacaciones ni aguinaldos, son el 60 por ciento de los mexicanos en edad de trabajar. El aguinaldo que reciben algunos trabajadores es menor a los cinco mil pesos, a diferencia de los directivos, políticos y funcionarios de alto nivel. 

Pero en estos días los hombres buenos merecen disfrutar de la compañía de la familia. No hay que olvidar que, sencilla la cena y modesto el pesebre, los pobres fueron elegidos para llevar la buena nueva a la humanidad y que ningún Herodes pudo acabar con el nacimiento de una sociedad nueva. Para que los hombres de buena voluntad un día de éstos proclamen la gloria en los cielos, pero la felicidad en la tierra. Feliz Navidad, queridos compañeros.