La venganza de la 4T contra los científicos mexicanos

En estos días, la ciencia es menospreciada y odiada por el gobierno de la 4T, los científicos se han convertido en sus terribles enemigos y son tratados peor que los más torvos delincuentes del narcotráfico.

Capitán Nemo

2021-10-03
Ciudad de México

No es la primera vez en la historia que se persigue con saña a las personas sapientes. Desde la Edad Media, cuando dominaba la ignorancia y la superstición, se persiguió y asesinó a los que demostraban que el mundo podía explicarse fuera de la creencia en la divinidad. Por ello terminó Giordano Bruno en la hoguera y Galileo Galilei sin ojos. En México, el “Santísimo Tribunal del Santo Oficio” destruyó todo vestigio de un glorioso pasado y castigó con furia a los hombres naturales de esta tierra. En fechas recientes, el terrible racismo de Adolfo Hitler provocó la purga de científicos, intelectuales y artistas, además del holocausto a millones de personas. El 10 de mayo de 1933, los fanáticos nazis quemaron, en una hoguera pública, los libros de la intelectualidad de ese país y gritaron enardecidos: “si la destrucción de los científicos judíos significa la aniquilación de la ciencia alemana, nos pasaremos unos cuantos años sin ciencia”. ¿Quién iba a decir que entre los expulsados estaba Albert Einstein?

Tales ejemplos son imprescindibles porque, en estos días, la ciencia es menospreciada y odiada por el gobierno de la “Cuarta Transformación” (4T), los científicos se han convertido en sus terribles enemigos y son tratados peor que los más torvos delincuentes del narcotráfico. Tres órdenes de aprehensión ha girado el Fiscal General de la República (FGR), Alejandro Gertz Manero, contra 31 científicos, pero los hilos proceden directamente del Palacio Nacional, donde el Presidente se burla, exhibe y se ceba contra los científicos mexicanos; ha predispuesto a la opinión pública en su contra porque viajan constantemente a congresos internacionales con gastos pagados por el Foro Consultivo, órgano mediador entre el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y la sociedad, constituido legalmente por científicos a quienes ahora se acusa de utilizar ilícitamente esos recursos, incluso de delincuencia organizada. La comunidad científica está azorada, no comprende el proceder de la 4T, que actúa con tal ferocidad como si se tratara de una venganza. Este episodio coincide con las ideas del titular del Ejecutivo Federal, quien ha dicho que para gobernar no se necesita mucha ciencia; con los errores de comunicación oral y escrita que con frecuencia comete la Secretaria de Educación Pública (SEP).

Al parecer, las críticas que los científicos hicieron al Conacyt por nombrar “Investigador nivel III” a Gertz Manero, cuyo único mérito fue plagiar un libro tienen ahora la persecución como respuesta.

En defensa de la ciencia y los científicos debo decir que éstos nunca han gozado de privilegios y recursos suficientes para sus investigaciones científicas y tecnológicas. La mayoría son mal pagados en universidades y centros de investigación donde el salario promedio de un docente con doctorado es de 16 mil pesos mensuales. Por esa razón, algunos de ellos, a la mínima oportunidad, se van a otros países; y hay que recordar que “la fuga de cerebros” es un grave problema en México. Una forma de compensar este injusto pago es acceder a los apoyos del Conacyt a través de la beca del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) que, por cierto, fue retirada a los investigadores que trabajan en universidades privadas. En las instituciones de este nivel, sobre todo en las estatales, los científicos se saturan dando clases y tienen muy poco tiempo para realizar investigaciones; pero, además, no cuentan con equipos y laboratorios especializados parar realizarlas; tampoco disponen de los recursos monetarios suficientes. Es decir, la mayoría de los científicos mexicanos carece de lo indispensable para sus labores y debe “rascarse con sus propias uñas” y luchar para no perder el nombramiento del SIN, ya que muy pocos pueden ser funcionarios de la 4T.

El pueblo debe reaccionar y mostrar su solidaridad ante las agresiones a la comunidad científica; debe exigir el cese inmediato de la persecución contra los científicos, porque si bien éstos no realizan físicamente sus labores cerca del pueblo, los conocimientos que aportan son tesoros que lo benefician y contribuyen al progreso de las comunidades. Por ello es urgente y necesaria la defensa de la ciencia y de los científicos.