Efectos del cambio climático en el campo mexicano

Los cambios en el paisaje o en la capacidad de la tierra para producir se deben, principalmente, a la sobreexplotación de los recursos naturales por parte de las grandes empresas.

Bryan Alexis Domínguez López

2021-09-19
Ciudad de México

Hace muchos años, nuestros abuelos sabían con cierta certeza, la fecha o fechas en las que iba a llover, permitiéndole cultivar su maíz o algún otro cultivo. Sabían también en qué fechas se presentaban las heladas o algún otro evento climatológico que le facilitara, volviera difícil o imposible cultivar. Ahora, con frecuencia escuchamos que la época de lluvias en tal o cual lugar cambió. También es frecuente escuchar que en otros lugares llovía mucho y ahora se presentan épocas de sequía. Estos cambios en la temporada de lluvias o de sequía son generados por el cambio climático, definido éste como la acumulación de gases de efecto invernadero, que no es otra cosa que un gas de la atmosfera que emite radiación. También nuestros abuelos o nuestros padres nos platican sobre la existencia de grandes bosques o de un lago donde solían nadar o de que antes la tierra era más productiva y ahora no. Estos cambios en el paisaje o en la capacidad de la tierra para producir se deben a la sobreexplotación de los recursos naturales, principalmente por parte de las grandes empresas. Como podemos ver, el cambio climático afecta a la agricultura, pero ésta contribuye también a ese cambio.

Para tratar de corregir el problema planteado, México necesita, entre otras cosas, reducir en la agricultura las emisiones de gases y compuestos de efecto invernadero; es decir, reducir los contaminantes agrícolas, insecticidas, herbicidas, o productos sintéticos sin sacrificar la producción, así como tener un mayor cuidado del agua y el suelo, entre otras muchas cosas. Según el Inventario Nacional de Emisiones de Gases y Compuestos de Efecto Invernadero (INEGyCEI), las emisiones de gases siguen creciendo en nuestro país, en donde el segundo sector que más contribuye es el agrícola, seguido por el forestal. La pregunta que surge es: ¿qué se puede hacer para reducir los contaminantes agrícolas y que este sector abone en favor del cambio climático? A lo largo de su historia, México ha sido partícipe de varios acuerdos internaciones, como el de París, con el objetivo de buscar alternativas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. También fue uno de los primeros países en crear una ley dedicada exclusivamente al cambio climático. Estas acciones son las que ha generado el gobierno, sin embargo, estos acuerdos y leyes generadas deben pasar del papel a los hechos. Ante este nuevo planteamiento se presentan nuevos retos en nuestro país, tanto técnicos como económicos y sociales.

Algunas empresas, sobre todo trasnacionales, adoptaron sistemas de producción que abonan a resolver el problema planteado; lo anterior es su respuesta a la necesidad de velar por sus intereses y seguir las tendencias mundiales, y más por iniciativa propia que por políticas del gobierno; esto provocó que varios pequeños y medianos productores las adaptaran también.

Una de estas soluciones es el sistema orgánico, que toma en cuenta las repercusiones ambientales y elimina la utilización de insumos como fertilizantes y plaguicidas sintéticos y semillas modificadas genéticamente. En lugar de todo esto se llevan a cabo prácticas más amigables con el ambiente, como la utilización de abonos, la aplicación de extractos de plantas, entre otras más. Aunque existen algunas variantes dentro de este sistema, en donde se utilizan productos amigables con el ambiente. También se han extendido la labranza cero y la labranza de conservación; la primera consiste en no realizar ningún movimiento del suelo, pero en ella sí se utilizan productos sintéticos (fertilizantes, insecticidas, herbicidas). La segunda consiste en remover al mínimo el suelo y mantenerlo cubierto con pajas de la cosecha anterior. Estas modificaciones en los sistemas de producción agrícola ayudan a conservar el suelo. También se desarrollaron nuevas tecnologías con la finalidad de aprovechar mejor el agua, se combinaron sistemas de producción o bien se inventaron sistemas nuevos, como el de la agroforestería; es importante decir que este último sistema, relativamente nuevo en México, consiste en combinar deliberadamente plantas que vivan muchos años (árboles) con cultivos agrícolas o animales en la misma parcela con algún tipo de disposición espacial o de tiempo, lo que brinda una gran variedad de beneficios ambientales.

Éstos son algunos ejemplos de los sistemas o prácticas agrícolas que se pueden implementar; sin embargo, para que en realidad se solucione el problema, es necesario implementar varias políticas públicas, entre ellas la de destinar recursos a las innovaciones tecnológicas, la conservación de la biodiversidad e incluir aspectos sociales como la seguridad alimentaria. También es importante caminar hacia una economía planificada que disminuya la presión sobre los recursos naturales sin dejar de lado las necesidades sociales.