Caminante, no hay camino

El libro A mitad del camino, de López Obrador, publicado hace poco, no es más que un testimonio macabro del encubrimiento de la realidad, el cual será material indispensable para los que estudian enfermedades mentales, así como para los historiadores.

Capitán Nemo

2021-09-12
Ciudad de México

El poeta ha dicho “caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. Ésta sería la respuesta al libro cuya salida al mercado coincidió con el tercer informe del gobierno de la “Cuarta Transformación” (4T) con el pomposo título A mitad del camino. La prensa se ha encargado de señalar algunas de las imprecisiones del libelo en cuestión donde, amén de las flores y una imaginación desbordada que pinta a los mexicanos en un mundo feliz e irreal, muestra como un hecho que, a tres años de gobierno, la transformación es ya irreversible. Y tal vez tenga razón porque, a lo mal que estaba en 2018, el desastre nacional se ha profundizado, y para borrar el daño se necesitarán décadas. Por ahora, el principal problema es cómo llevar al ciudadano común un mensaje claro y sencillo que, a partir de ejemplos de su realidad cotidiana, lo ayuden comprender que el actual gobierno no tiene nada de qué presumir.

Aunque navegar contra corriente es difícil, hay que ser pacientes e intentarlo una y otra vez. Las instituciones que evalúan los dichos y los hechos, afirman que el Presidente ha acumulado 61 mil mentiras en tres años, pero un buen número de mexicanos sigue creyendo que el titular del Ejecutivo habla con la verdad y que el problema radica en que está afectando a los grupos conservadores. Muchos consideran que no puede exigírsele más porque los gobiernos anteriores “le dejaron un cochinero”. En esta percepción no solo es culpable el actual mandatario, quien con verborrea esconde sus desastrosos errores señalando los defectos de los demás, sino también los gobiernos de otros partidos políticos que durante décadas se ganaron el repudio generalizado de todo un pueblo.

Estimado lector, si no lee el libro, no se preocupe, pues es la misma cantaleta de siempre: corrupción y bla, bla, bla. Pero dicho texto quedará como un testimonio macabro del encubrimiento de la realidad y será material indispensable para los que estudian enfermedades mentales y los historiadores; ya que tarde o temprano los hombres son juzgados por sus obras y, como ocurre con los criminales, deben rendir cuentas. Hoy, la desesperanza campea en millones de hogares cuyos integrantes padecen la peor de las pestes y no solo por la falta o la pérdida de empleo, lo que se traduce en un abanico de necesidades no satisfechas, sino porque están condenadas a vivir engañadas y manipuladas por el gobierno de la 4T. El dinero no alcanza para la comida, los precios de los productos alimenticios se incrementan y la posibilidad de tener una nutrición de calidad y suficiente se aleja cada vez más, aunque ésta sea un derecho consagrado en el Artículo 4° Constitucional.

Está demostrado el uso electorero de los programas asistenciales del gobierno, en los hogares se padece la peor de las pobrezas, la extrema, que significa más hambre. Urgen acciones concretas para crear empleos; solo así, y no con falsas promesas se evitará que las personas se dediquen al huachicoleo, que los jóvenes se enrolen en el crimen organizado y que las familias se desintegren porque los padres deben emigrar a Estados Unidos en busca de las oportunidades que su país les niega. Es una vergüenza nacional que México sea uno de los países que más expulsan mano de obra y que su Gobierno Federal se cuelgue con cinismo el mérito por el monto histórico de las remesas. El huracán Grace nos recordó recientemente que son las casas de los grupos vulnerables las que salen volando por los aires; que los campesinos pierden sus cultivos; que son los pobres quienes quedan sepultados por los deslaves y que la inacción del gobierno actual se debe a que desapareció el Fondo para Desastres Naturales (Fonden) porque tiene “otras prioridades”.

Y qué decir de la horrorosa pesadilla de la pandemia. El gobierno de la 4T dejó que murieran los adultos mayores, después los médicos, siguieron los jefes de familia y hoy, con el regreso a clases, manda al matadero a maestros, jovencitos y niños. ¿A la mitad del camino? No queda más que decir nuevamente con el poeta: “son mala gente que camina y va apestando la tierra”.