El Covid-19 va a la escuela

El regreso a clases, sin que haya condiciones sanitarias necesarias para garantizar la salud de alumnos y maestros, expondrá a éstos y al país entero al grave riesgo de que se desencadene una cuarta ola de contagios y muertes.

Capitán Nemo

2021-08-29
Ciudad de México

Basta con atender las ocurrencias de los personajes identificados con el primer nivel del gobierno de la “Cuarta Transformación” (4T) para comprender por qué hemos llegado a la tragedia de nuestros días. Por ejemplo, cuando el titular del Poder Ejecutivo federal decretó el regreso a clases presenciales, la encargada de la Salud en la Ciudad de México (CDMX) afirmó que las escuelas son espacios mucho más seguros que los centros comerciales, donde los padres de familia pasean a sus hijos; y con este argumento absurdo trató de justificar la decisión de los funcionarios de la 4T en torno a que las escuelas se encuentran listas para el retorno a las aulas.

Así lo repite la Secretaria de Educación Pública (SEP), Delfina Gómez quien, con la lectura de las 10 medidas de prevención sanitaria para el regreso a clases, cree que la salud de los alumnos y docentes estará protegida, sin considerar que, además de su buena intención, serán letra muerta frente a la situación real de las escuelas públicas en la mayoría de las cuales, incluidas las universidades, no existe la infraestructura, los espacios suficientes y los sistemas de ventilación adecuados para garantizar la salud de los estudiantes.

El Presidente declaró que se apoya en expertos, que defiende la salud mental de los niños y jóvenes porque hoy “se la pasan jugando” en el Nintendo y afirma que oponerse al regreso a clases significa estar en el bando conservador. Incluso asevera que tiene el respaldo del representante del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en nuestro país; pero los expertos en salud argumentan lo contrario, porque la variante Delta del Covid-19 está llevando al hospital a jóvenes y niños. Por ello, la necedad de retornar a clases presenciales significa mandar a estudiantes y maestros al matadero.

El Presidente no logra entender que el urgente regreso a clases debe realizarse en condiciones sanitarias seguras y que es responsabilidad del gobierno brindarlas. Pero para que esto suceda, hacen falta presupuesto para limpiar, reparar, sanitizar y ventilar los centros escolares y no limitarse a que los padres de familia firmen “cartitas” responsivas antes de que sus hijos regresen a las aulas. Hasta ahora, el Gobierno no ha asumido esa responsabilidad y no se ve que vaya a hacerlo.

Las autoridades federales ven como “normales” los contagios y las muertes provocadas por la pandemia, pese a que éstas ya rebasan el medio millón; y para justificar su ineptitud, aducen que el impacto de la tercera ola es exagerada por los críticos de la presente administración; y cuando afirma que hay menos decesos, olvida que éstos son personas y no solo cifras. Pero además, el gobierno calla los “datos” de las miles de familias destruidas; los más de 100 mil niños huérfanos que la revista The Lancet documentó, quienes hoy no solo padecen las secuelas de la enfermedad sino también un futuro incierto al quedarse en el desamparo. ¡Y qué decir de los más de cinco millones de niños y jóvenes que han abandonado sus estudios; porque al gobierno de “los pobres” únicamente le importa retener el poder político a costa de lo que sea!

Por ello, el regreso a clases, sin que haya condiciones sanitarias necesarias para garantizar la salud de alumnos y maestros, expondrá a éstos y al país entero al grave riesgo de que se desencadene una cuarta ola de contagios y muertes. A todo esto hay agregar que los padres de familia tendrán que aumentar sus gastos en artículos escolares y sanitarios para proteger la salud de sus hijos, los cuales implicarán otras penurias económicas.

Pero no se escuchan voces que contradigan e intenten ponerle un alto a la decisión arbitraria y criminal del titular del Ejecutivo federal, salvo honrosas excepciones como algunas universidades autónomas y privadas y los jóvenes de la Federación Nacional Estudiantil Revolucionaria Rafael Ramírez (FNERRR). La única respuesta que hasta ahora han encontrado los padres de familia ha sido: “¿No quieren que sus hijos vayan a la escuela? Pues no los manden”. Un par de frases en las que se sintetiza una amenaza y que mucho se parece a la que reciben los maestros. Porque cuando algún docente que conoce perfectamente las condiciones de su centro de trabajo cuestiona a su directivo: “¿Oiga, pero cómo vamos a regresar a clases en agosto, si estamos en plena tercera ola?” Sin inmutarse, el funcionario contesta muy seguro imitando muy bien al Presidente: “No se preocupe, maestro, si usted no quiere regresar, no lo haga”. Y así olímpicamente terminan con el problema. Por eso debemos dejar constancia que el Covid-19 tiene carta abierta para ingresar a las escuelas y, claro, junto a la 4T.