La cocinera de Castamar (I de II)

Esta serie se ubica históricamente en la etapa del absolutismo europeo, en la que los reyes de aquel continente concentraban a tan grado el poder en sus manos, que algunos decían, como el rey Luis XIV de Francia, “El Estado soy yo”.

Cousteau .

2021-08-09
Ciudad de México

Una veta muy jugosa del negocio de las plataformas streaming, son las series, que mantienen a los cine-espectadores por más tiempo pegados a la computadora u otros dispositivos por los que se pueden ver las historias de ficción, las “docu-series” (documentales en forma de serie), etc. Hay, incluso, debido a la menor movilidad que se ha generado con el confinamiento derivado de los efectos de la pandemia que asuela al mundo –incluido nuestro país–, una tendencia a ver “de un jalón” toda una serie en uno o en dos días, lo cual implica que los espectadores pueden pasar varias horas ininterrumpidas o casi ininterrumpidas para ver las series de su predilección; así, por ejemplo, hoy están de moda los “maratones visuales”, éstos son una realidad cotidiana y masiva. Ahora, las salas de cine languidecen por la falta de afluencia y las plataformas streaming son una forma más eficaz de obtener altísimas ganancias. Esta forma cada vez más sofisticada de entretenimiento permite, cuando las realizaciones son buenas por su calidad artística, argumental, su contenido histórico, su bien fundamentada trama, sus aportaciones al conocimiento en alguna de sus distintas áreas, etc., que el espectador no solo se “entretenga”, sino que amplíe su cultura o su conocimiento histórico.

La cocinera de Castamar es una serie española estrenada en España en el mes de febrero de 2021 y en México hace apenas algunas semanas. Es la historia de la relación entre el duque Diego de Castamar (Roberto Enríquez) y la cocinera Clara Belmonte (Michelle Jenner). La historia se desenvuelve en el contexto histórico del reinado de Felipe V (Joan Carreras), en la década de los años 20 del Siglo XVIII. Está documentado que este rey, a pesar de padecer depresión y alucinaciones mentales, fue un monarca absolutista que tuvo una visión progresista sobre el papel del Estado en una época en que creció el comercio mundial y los distintos Estados europeos aplicaban la doctrina económica del mercantilismo; una política en que la intervención del Estado es fundamental para proteger la economía, fomentando el proteccionismo sobre las industrias nacionales, fomentando la exportación del máximo de bienes y evitando al máximo la importación de productos extranjeros. Felipe V de España, al igual que otros monarcas de la época, utilizaron el poder absoluto concentrado en sus manos, pues como señalan Carlos Marx y Federico Engels en su célebre Manifiesto del Partido Comunista, se apoyaron en la incipiente clase burguesa para contrarrestar el poder de la aristocracia, que se negaba a acatar al poder central. Ese absolutismo fue una necesidad histórica de la sociedad.

La cocinera de Castamar es un lienzo que retrata a la sociedad de principios del Siglo XVIII; y lo hace a través de una historia que nos recuerda los cuentos de hadas y, a veces, a las telenovelas. Diego de Castamar sufre la muerte de su amada esposa Alba cuando ésta, encinta, se cae del caballo en que montaba cuando con su esposo daban un paseo por sus dominios. La muerte, empero, no fue accidental, sino provocada por un enemigo del duque, el ambicioso Enrique de Arcona, marqués de Soto (Hugo Silva). Pero el deseo de venganza y la ambición del marqués de Soto le llevan a urdir un plan más perjudicial para la familia Castamar. El marqués de Soto logra que la señorita Castro (María Hervás) –quien pagó sus cuantiosas deudas– sea el desdichado vehículo para hacerse con el control del ducado. La señorita de Castro tiene la misión de relacionarse con el duque (no obstante que en la ejecución de ese propósito Enrique Arcona tenga relaciones íntimas con ella y la deje embarazada).

La serie La cocinera de Castamar se ubica históricamente en la etapa del absolutismo europeo, etapa en la que los reyes en aquel continente habían ya concentrado el poder en sus manos, a grado tal que algunos llegaban a decir sin ningún tapujo como el rey Luis XIV de Francia “El Estado soy yo”. Y esta aseveración no era simple retórica, era la expresión real de esa concentración. Esta forma de gobernar tiene muy pocos símiles en la historia humana (solo el despotismo de las sociedades asiáticas antiguas se puede comparar con esta aplicación práctica del ejercicio despótico del poder).