Diego Rivera y la representación de la ciencia en sus murales

El pueblo demanda salud, obra de 1951, es una de las pinturas que Diego Rivera plasmó que, además de centrarse en temas sociales y políticos, también se hizo alusión a la ciencia.

Luis Alfredo Herbert Doctor

2021-08-01
Ciudad de México

Diego María de la Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez, mejor conocido como Diego Rivera (1886-1957), fue un pintor mexicano nacido en la ciudad de Guanajuato. Diego Rivera comenzó a tomar clases en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos en la Ciudad de México, para después continuar sus estudios a través de Europa, donde adoptó un estilo vanguardista que plasmaría más tarde en sus obras.

Diego Rivera es considerado una de las figuras claves del muralismo del Siglo XX, que junto con otros artistas como David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Rufino Tamayo participaron en el movimiento muralista mexicano, uno de los géneros artísticos más importantes en América Latina, que tuvo su auge durante la Revolución Mexicana. Los murales de dicho movimiento se centraban en temas sociales y políticos, donde se plasmaban imágenes del hombre indígena, la Revolución y la interminable lucha entre clases sociales. Pero Diego Rivera también plasmó, en algunos de sus murales, imágenes que hacían alusión a la ciencia. ¡Conozcamos algunos de ellos!

El Hombre Controlador del Universo, 1934. Inaugurado en septiembre de 1934, este mural forma parte de la colección que decora el segundo piso del Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México. En este mural, Diego Rivera, muestra la dicotomía entre el mundo capitalista (izquierda) y socialista (derecha). ¡Pero hay más que esto! En el mural, Rivera hace referencia al desarrollo de la ciencia y la tecnología plasmando al naturalista Charles Darwin (parte inferior izquierda) creador de la obra El origen de las especies por medio de la selección natural, en donde formuló la teoría de la evolución. De manera similar, al centro del mural un obrero opera una máquina que genera elipses y que representa el cosmos. En la órbita superior izquierda e inferior derecha se observan células y algunos microorganismos. En el resto de las elipses está representado el macrocosmos. Al centro, el muralista plasmó las fases de la división celular en una esfera sostenida por una mano.

Agua, origen de la vida, 1951. Este mural fue inaugurado el cuatro de septiembre de 1951, en el Cárcamo de Dolores, una obra hidráulica ubicada en la segunda sección del bosque de Chapultepec, en la Ciudad de México. La temática del mural se centra en el rol que desempeñó el agua para la evolución de la vida en nuestro planeta, basándose en la teoría del biólogo y bioquímico ruso Alexander Ivánovich Oparin.

El pueblo demanda salud, 1951. Este mural fue realizado por encargo del Centro Médico Nacional La Raza de la Ciudad de México, en 1951. Al centro del mural se encuentra representada la diosa de la fertilidad Azteca Tlazoltéotl. La deidad está apoyada sobre un pedestal que contiene múltiples ilustraciones de plantas, incluidas en el Códice de la Cruz Badiano, un libro antiguo de la medicina herbolaria indígena de México. A la derecha de Tlazoltéotl se encuentra representada la medicina tradicional, donde se observan partos y curaciones; mientras que del lado izquierdo se puede percibir la medicina moderna que utiliza los conocimientos del desarrollo de la ciencia y la tecnología como cesáreas, transfusiones, electroencefalogramas, vacunaciones, radiología, etc.

Éstos son solo tres ejemplos de la búsqueda de Diego Rivera para plasmar en sus murales una “revolución universal” con tintes culturales, políticos, progresistas e indigenistas, y en los que se aprecia, sin lugar a dudas, su conocimiento sociológico sobre cultura científica y tecnológica y, por supuesto, la influencia de su vida personal, pero ésa es otra historia.