Hidalgo enfrenta la peor sequía en décadas

México enfrenta este año una de las peores sequías de las últimas décadas, ya que no ha llovido con la abundancia necesaria en el 84 por ciento del territorio nacional, según la Comisión Nacional del Agua (Conagua).

Nancy Aranda

2021-07-10
Ciudad de México

La falta de agua, debida al calentamiento global, ha provocado un incremento alarmante en el número de incendios, el mayor en 10 años, según la Comisión Nacional Forestal (Conafor); así como el retraso en el inicio del ciclo agropecuario de la temporada de verano y una alteración aún sin cuantificar en los ecosistemas de buena parte de las regiones del país.

“Ha dejado de llover como hace años no lo hacía. Este último año, el problema se ve más fuerte que antes; aún más en esta localidad que de por sí es casi desértica, las temperaturas son tan altas y la falta de agua nos vino a empeorar todo”, dice a buzos el señor Juan Pérez Pérez, quien toda su vida se ha dedicado al corte de lechuguilla en el municipio de Ixmiquilpan.

Asegura que la sequía de este año ha sido brutal en el Valle del Mezquital, la región semidesértica y más seca de Hidalgo, la cual desde hace tres años vive asolada por la escasez casi absoluta de lluvia. Organismos especializados señalan que los campesinos de la región han perdido sus cosechas de diferentes productos agrícolas debido a que no cuentan con el agua suficiente para regar sus siembras.

Esta situación ha propiciado que muchos de ellos busquen empleos alternativos para sobrevivir y proveerse de los alimentos más indispensables en sus hogares. El corte de lechuguilla, planta del desierto de la que se extrae el ixtle –fibra con la que se elaboran cepillos, zacate, bolsas, peines y otros productos artesanales– es precisamente uno de los oficios de sobrevivencia en Ixmiquilpan.

La lechuguilla crece en lugares semiáridos de la demarcación, como es el caso de la comunidad del Dexthi, donde muchos de los campesinos se dedicaban a esta actividad antes de que la sequía aumentara en años recientes.

Sin embargo, para don Juan, el hecho que lo tiene más alarmado es que la sequía actual es tan aguda que aun las lechuguillas, que requieren de poca agua, están secándose; las precipitaciones pluviales han sido tan escasas que su producción de ixtle ha sido nula este año.

El señor Pérez se dedica formalmente al corte de lechuguilla y a la extracción del ixtle desde hace cinco años, luego de que se estableció la Asociación de Productores Indígenas del Valle del Mezquital (APIVM), en la que participan cerca de 100 productores de esta fibra en la comunidad.

“Cada uno de nosotros trabaja por su propia cuenta, lo que hacemos es cuidar nuestras lechuguillas hasta que estén listas para cortar y entonces rasparlas hasta extraer el ixtle, para poder venderlo a la asociación y ésta nos brinda más ganancia que antes, cuando lo vendíamos por fuera”, cuenta el productor.

Los ixtleros, como se les llama en Ixmiquilpan, reciben 10 pesos por cada kilo de la fibra. Antes de que se agudizara la falta de agua, obtenían buenas ganancias porque en una semana conseguían extraer hasta dos toneladas de ixtle, pero ahora solo raspan media tonelada por semana o incluso menos.

 

Grave crisis en la agricultura nacional

La agricultura es la actividad económica de mayor relevancia en México, porque genera gran cantidad de empleos y aporta a la mayor parte de la población nacional –integrada por 126 millones de personas– productos alimenticios básicos como maíz, frijol, azúcar, arroz, tomate y jitomate, entre otros más que son exportados a otros países.

Hidalgo es uno de los estados de la República con mayor diversidad de recursos naturales y ecosistemas. El Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) ha registrado que su territorio tiene una extensión de 2.1 millones de hectáreas, de las cuales el 29 por ciento se destinan a la agricultura. Entre los principales productos agrícolas se hallan la alfalfa, el maguey, la caña de azúcar, la cebada, el frijol y el café.

Ixmiquilpan, considerado el “corazón” del Valle del Mezquital, aprovecha al máximo sus condiciones geográficas y climáticas para la producción agropecuaria. El principal método de riego en esta región es el que aportan las aguas represadas y canalizadas del río Tula, seguido del goteo, la aspersión, el bombeo y por gravedad, entre otros.

Sin embargo, para que cada uno de estos sistemas funcione se necesita el agua de la lluvia, destacó Pedro Tepetate, horticultor del barrio de San Nicolás, quien dijo que las precipitaciones pluviales son el factor más importante para preparar la tierra, sembrar y cosechar.

El campesino explicó que el riego por goteo se caracteriza por ser una fuente eficiente de ahorro de agua; este método consiste en suministrar la cantidad necesaria para cada planta por medio de un sistema de válvulas, tuberías y mangueras con emisores. Puede utilizarse tanto a cielo abierto como en siembras bajo invernadero. Se recomienda para cultivos como huertas, montes frutales, agricultura orgánica, jardinería y sistemas agroforestales.

La aspersión es un sistema de riego con el que el agua llega a la siembra por medio de tubos y pulverizadores que humedecen el terreno de forma similar a como lo haría la lluvia. Se aplica una lámina con capacidad para filtrarse en el suelo sin producir escurrimientos. La uniformidad de riego debe cubrir el área en un 80 por ciento para que su uso sea eficiente.

El riego por bombeo se lleva a cabo mediante el uso de un equipo eléctrico para extraer agua de pozos con profundidades diferentes. Este sistema garantiza el agua durante todo el año, especialmente cuando las lluvias son muy irregulares o insuficientes.

El riego por gravedad, también conocido como riego de superficie, consiste en la distribución del agua a través de canales o surcos, que se colocan a lo largo del área sembrada; para realizarlo, el agricultor debe contar con un estanque lo suficientemente grande para almacenar el agua.

 

Migración, única salida del agricultor

El dramático descenso en la producción del ixtle en Hidalgo no solo ha provocado una grave disminución de los ingresos de las familias que en su totalidad dependían de la venta de este producto, sino también ha propiciado la desintegración de muchas familias pobres ya que, por la falta de empleos, muchos de los jóvenes y cabezas de familia han tenido que migrar a otros municipios o incluso a Estados Unidos (EE. UU.) en busca de ocupación laboral.

“Mi esposo tuvo que salir de casa hacia Querétaro, en donde encontró trabajo de ayudante de albañil. Se tuvo que ir porque aquí no había ya más nada que hacer”, dijo a buzos una madre de familia.

La salida de su marido ha causado estragos emocionales en sus dos hijos menores, quienes resienten la ausencia de su padre, toda vez que estaban acostumbrados a su trato y enseñanzas. “De hecho, cuando mi esposo trabajaba yendo a cortar las lechuguillas, íbamos todos con él a ayudarle, pues ésta es una actividad que se puede trabajar en familia y que se transmite de generación en generación”, explicó.

Esta realidad ha generado un nuevo reto para las mujeres del Mezquital, quienes han tenido que quedarse no solo al frente de su hogar y familia, sino también en las labores agrícolas, tratando de rescatar de la tierra lo más posible a fin de obtener algún ingreso extra.

Éste es el caso de la señora Margarita Pérez, quien al quedarse con sus tres hijos vio en la APIVM la posibilidad de participar en una de las etapas del proceso de producción del ixtle.

“Yo pedí que me permitieran trabajar ahora ayudando en los procesos que se llevan para poder obtener el ixtle, por lo que me permitieron trabajar desde casa como cortadora, esto quiere decir que cada semana acudo a las oficinas de la asociación a solicitar se me traiga hasta mi casa cierta cantidad de lechuguilla para que desde ahí pueda yo, con ayuda de mis hijos, cortar las hebras y entregarlos para que los lleven al siguiente proceso”, detalló.

Esta labor le permite generar ingresos propios, aparte de los que su esposo les envía, además de que se siente más segura e independiente sin descuidar sus labores de madre y su responsabilidad de enseñarlos a trabajar. “Gano cerca de 700 y hasta mil pesos a la semana, dedicándome hasta cuatro horas diarias para poder terminar con lo que se me asignó”, añadió.

A pesar de que los productores de ixtle y el presidente de la APIVM se han acercado a la Secretaría de Desarrollo Agropecuario (Sedagro) a solicitar apoyos o subsidios, sus solicitudes no han sido atendidas y, por lo tanto, prevén que su situación empeore en los próximos meses.