Aída Cartagena Portalatín

Fue una de las pocas escritoras dominicanas de la primera mitad del Siglo XX que logró destacar en un medio literario predominantemente masculino, su poesía aboga por reivindicar a la mujer de su época.

Redacción

2021-06-08
Ciudad de México

Aída Cartagena Portalatín

Nació en Moca, República Dominicana, el 18 de junio de 1918. Poetisa, narradora y ensayista doctorada en Humanidades en la Universidad de Santo Domingo. También realizó estudios de posgrado en museografía y Teoría de las Artes Plásticas en la Universidad de París. Ejerció como profesora de Historia del Arte e Historia en su alma máter y durante ese periodo dirigió los cuadernos literarios Brigadas Dominicanas y la revista de la Facultad de Humanidades. Trabajó como consejera de la UNESCO en París (1965) y formó parte del jurado del Premio de Casa de las Américas, en La Habana (1977). Sus constantes viajes a Europa, América Latina y África enriquecieron considerablemente su obra literaria y sus investigaciones en el campo de la historia del arte. Militó en la agrupación La Poesía Sorprendida que reunía a los poetas más selectos del país en los años 40 y 50.

Como poetisa publicó nueve poemarios: Víspera del sueño, Del sueño al mundo, Mi mundo el mar, Una mujer está sola, La voz desatada, La tierra escrita, Yania tierra, En la casa del tiempo e Infancia en el recuerdo. Fue una de las pocas escritoras dominicanas de la primera mitad del Siglo XX que logró destacar en un medio literario predominantemente masculino, su poesía aboga por reivindicar a la mujer de su época. A la fecha es la escritora dominicana más antologada y estudiada del Siglo XX. Murió en Santo Domingo el tres de junio de 1994. 

 

Réquiem por la paz de la ONU

Hombre tira la máscara y tus cosas

por el duelo

el odio más que las brasas incendió la muerte

el plomo mató a la paloma

Vietnam es un cementerio

paloma está muerta en

                        Vietnam

en mi patria dos veces

te mataron paloma

necesariamente diré

que la paloma de la paz

está podridamente muerta

con un sentido soterrado, absurdo,

que no ofrece esperanza

todo lo decisivo y un clavo de mandíbula

añora muerta-ave-ave-paloma

de la paz         tan muerta

horno de pólvora

tronada de cañones por fanfarria

réquiem onu réquiem

triste verdad arrodillada

pedir               dónde nos llevan

real-irreal

individualmente

esa potencia    aquella potencia

u otra potencia

estrechan su mano-manca

con una sonrisa abstracta

dicen en su idioma

por ejemplo

basta ya tal vez okay

paloma

        palomita

                        palomera

ésa no es tu paz

 

Sedme capaz

sedme capaz de abrazar la tierra

sedme capaz de llegar a los hombres

sedme capaz de que me escuchen

sedme capaz de hablarles de la paz

sedme capaz de enterrar la guerra

 

Las nuevas formas

techos techos techos

debajo al amor multiplicandose

entre los hombres       ratones gusanos

hormigas

 

bajo los techos como un zeppelín embarazado

el odio en torno al ser y a la nada

hasta lo inconmesurable

 

bajo los techos las denuncias frías

las fórmulas tratadas

el contexto de hartura y de miseria

las sutiles exégesis hipócritas

las nuevas formas de las ideologías

con pleno derecho y sin lugar a dudas

fondo y problema estructural del día

lo básico al final del latifundio

protagonistas bajo techos levantados

sin olvidar la anécdota

 

techos             techos

debajo de un mundo que se acaba otro que llega

ajustado a la necesaria libertad

del hábito del curso de la especie

se provocan los juegos de contrarios

y el calendario y la natalidad dispuestos

a tragarse las urbes como ubres

 

Mitad de la muerte

ahí radica el amor       en ese engaño

que es la mitad de la muerte de la tierra

       sin la luz

cuando una mitad consciente en proyectar

sus ojos de fuego a otros rincones

la otra mitad continúa apagada

    como muerta

                        ahí radica

 

se oyen las gotas un gorgoteo terrible

se acolcha dentro del sereno

para que sea más negro

y la gabela de corazones fuertes

soporten la batalla

 

si radica en lo oscuro

se olvida el agua clara

se la ve empozada

hasta que llega la otra mitad o día

y el colectivo enjambre de los vivos

y el pensar y querer

donde todo es sumado restado o dividido

hasta que el corazón se desespera

se alarga y se convierte en

la muerte de la tierra sin la luz

cuando la otra mitad consciente en proyectar

sus ojos de fuego a otros rincones

 

A ser poeta

eso era pasar el tiempo vagando

      por la vida

cualquiera fuera de la calle o del baldío

llegar a los caballos o en la villa miseria

analizar el círculo

que está en su cabeza

 

se toca el oído para oír la

       respuesta

todo está en su germen cerca de

                        su nuca

quiera ser un poeta o

creer en la necesidad de

algo que se le parezca

 

nunca el héroe ni el santo

ni el sabio ni el idiota

tal vez los rasgos las costumbres

del país donde se nace y

el vicio original o

la jubilosa práctica de la

                        soledad no siempre triste

 

helo/ahí delante de los tres grandes del 1844

pintados o esculpidos

he ahí a ese hombre sin poder llegar

      a ser poeta

pero paciente y con respeto nada más

 

nadie dice que es heroico ni cobarde

ciertamente un tipo cual tantos

conocidos