La lengua mexicana, según Francisco Xavier Clavijero

En un ensayo dedicado a las lenguas indígenas de Mesoamérica, Clavijero analiza específicamente la nahua-mexica, pues en el Siglo XVI era la lengua llana en la región debido al dominio militar, político y económico de México-Tenochtitlán.

Ángel Trejo Raygadas

2021-06-08
Puebla, Puebla

Este escritor, quien nació en Veracruz en 1731 y murió exiliado en Bolonia, Italia, en 1787, fue autor de Historia antigua de México (1781), una de las obras más objetivas pero también entrañables porque fue inspirada por el amor nostálgico que sentía hacia su país. En la antología Humanistas del Siglo XVIII, Gabriel Méndez Plancarte recogió 11 textos de este libro, todos relacionados con la creatividad cultural y artística de los mexicanos prehispánicos: idioma, educación, poesía, teatro, escultura, entre otros. En un ensayo dedicado a las lenguas indígenas de Mesoamérica, Clavijero analiza específicamente la nahua-mexica, porque en el Siglo XVI era la lengua llana en esta región, debido al dominio militar, político y económico de México-Tenochtitlán.

En buena parte de este fragmento se manifiesta la intención histórico-política de Clavijero por reivindicar a su país como poseedor de una cultura equiparable a la de los pueblos de Europa en muchos aspectos. En función de este objetivo, apela a conocimientos lingüísticos modernos y, en todo momento, compara el mexica con los idiomas europeos para insistir en que aquel expresa todas las pasiones humanas y formas de pensamiento práctico y abstracto posibles. Así comienza el segmento reproducido en la antología de Méndez Plancarte: “No perjudicaban al comercio mexicanos las muchas y diferentes lenguas que se hablaban en aquellos países, porque en todos se aprendía y hablaba la mexicana, que era la dominante. Ésta era la lengua propia y natural de los acolhuas y de los aztecas, y según  he dicho en otra parte, la de los chichimecas y toltecas…

“La lengua mexicana, de la que voy a dar alguna idea a los lectores, carece enteramente de las consonantes b, d, f, g, r y s. Abundan en ella la l, la x, la i, la t, la z y los sonidos compuestos tl y tz; pero con hacer tanto uso de la l, no hay una sola palabra que empiece con aquella letra. Tampoco hay voces agudas, sino tal cual vocativo. Casi todas las palabras tienen la penúltima sílaba larga. Sus aspiraciones son suaves y ninguna de ellas es nasal… A pesar de la falta de aquellas seis consonantes es idioma rico, culto, sumamente expresivo, por lo que lo han elogiado extraordinariamente todos los europeos que lo han aprendido y muchos lo han creído superior al griego y al latín, pero aunque yo conozco sus singulares ventajas, nunca osaré compararla a la primera de éstas…”.

Clavijero escribe que al mexica, como al hebreo y al francés, le faltan nombres superlativos, así como comparativos al primero; que, como la griega, puede “componer una palabra de dos, tres y cuatro simples” y que, igual que ésta, con un nombre de sonido similar al de theos alude a un dios supremo: teotl…Clavijero remata así su ensayo: “En fin, todos los que aprenden esta lengua y ven su abundancia, regularidad y sus hermosísimas expresiones, son del parecer que semejante idioma no puede haber sido el de un pueblo bárbaro”.