Las nuevas guerras de exterminio 

Las guerras por los recursos naturales comenzaron desde los primeros tiempos. La comunidad primitiva, siempre errante en busca de subsistir

Redacción

2018-11-19
Ciudad de México

Las guerras por los recursos naturales comenzaron desde los primeros tiempos. La comunidad primitiva, siempre errante en busca de subsistir, se encontró muy pronto con que no estaba sola en el mundo, que otros grupos humanos tenían en posesión las tierras y que para obtener este recurso era necesario arrebatárselas, entablar una guerra implacable, casi siempre de exterminio. Con la civilización, es decir con todas las etapas de la sociedad caracterizadas por la división en clases sociales, las guerras por los recursos naturales no desaparecieron, y tal vez fueron más feroces y exterminadoras que en el pasado, aunque algunos historiadores las quieran presentar como menos salvajes, menos bárbaras y no las consideren de exterminio, pues éste solo se puso una máscara; habría que repasar la historia antigua, la Edad Media y la época de las naciones. 

En el modo de producción capitalista parece instaurarse la esencia exterminadora de las guerras por los recursos naturales; en la fase imperialista se supera también la atrocidad de las primeras etapas de la sociedad; aquí, las guerras no son por que subsistan todos los miembros de la comunidad, sino para aumentar la riqueza de unos cuantos y para añadir nuevas tierras y contingentes de explotados por los capitalistas. Se trata del despojo de los recursos de las naciones, en especial de uno indispensable, el agua; el imperio ambiciona este recurso, del que pretende apoderarse sin importarle que las mayorías carezcan del mismo y mueran por ello. 

El imperialismo se apresta a obtener el agua, “pacífica”, “legal” y “diplomáticamente” o por la fuerza de sus armas exterminadoras. Ningún rincón de la tierra, ningún continente, se encuentra a salvo de las guerras de saqueo, de invasión imperialista por apoderarse de sus recursos naturales, sentando las bases económicas, políticas y legales para la obtención y control de los recursos indispensables para perpetuar su modo de producción; sin importarle que los países menos desarrollados carezcan de lo indispensable y sufran hambre e indefensión ante los embates de la naturaleza. 

México no escapa de esta tendencia del imperialismo, hace más de medio siglo que firmó un acuerdo con el vecino del norte para otorgarle un tercio del agua del Río Bravo; hoy le es difícil cumplir el trato ante la disminución del caudal, pero no puede dejar de hacerlo sin provocar la cólera de gobernantes como Trump. 

Y en toda América Latina, el imperio tiene ya puestos los ojos en los acuíferos, en las grandes reservas que, a veces, ni siquiera son bien conocidas por las naciones que las poseen y cuyos gobiernos firman acuerdos y tratados que sellan su suerte de naciones saqueadas, dependientes, expoliadas por el capital. De estos siniestros proyectos trata hoy el reporte especial de buzos de la Noticia, que abunda en ejemplos de cómo el hambre de plusvalía continuará su labor de exterminio contra millones de seres humanos, que morirán apenas un poco mas “lentamente” que si su país enfrentara una guerra abierta.