Ecuador: Moreno aplica el Lawfare

En los últimos años el lawfare ha ganado terreno en América Latina. Básicamente, este término puede ser entendido como la “judicialización de la política”; es decir, que el poder legislativo pierde toda autonomía.

Ehécatl Lázaro

2018-11-15
Ciudad de México

En los últimos años el lawfare ha ganado terreno en América Latina. Básicamente, este término puede ser entendido como la “judicialización de la política”; es decir, que el poder legislativo pierde toda autonomía y se convierte en un brazo político del poder ejecutivo. Así, el presidente de un país, a través del poder judicial, les fabrica delitos a sus enemigos políticos para eliminarlos de la palestra electoral. Esta estrategia es la que se está empleando contra Lula da Silva, Cristina Fernández de Kirchner, y ahora, cada vez con mayor fuerza, contra Rafael Correa.

 

Desde su arribo al poder, Lenín Moreno se desmarcó totalmente del expresidente Correa, y no solo eso, sino que asumió posiciones totalmente opuestas a las del partido que lo llevó a la presidencia, Alianza País. Un ejemplo de ello es el trato indigno que se le está dando a Julian Assange, quien se encuentra refugiado desde 2012 en la embajada de Ecuador en Inglaterra. Assange, como perseguido político del gobierno de Estado Unidos, recibió apoyo y protección por parte del gobierno de Correa durante seis años; pero con Lenín cambiaron las reglas del juego: Ecuador está a un paso de entregar al fundador de Wikileaks en las garras de sus enemigos.

 

En una aplicación total del lawfare, Lenín hoy mantiene preso con falsas acusaciones de corrupción a Jorge Glas, quien fuera su propio vicepresidente. Glas fue vicepresidente de Correa entre 2013 y 2018, y fue reelecto para ese cargo en las elecciones en las que triunfó Moreno. Sin embargo, dado que se trata de una de las figuras más descollantes del correísmo, Lenín ha decidido inventarle delitos y enviarlo a prisión.

 

 Hoy está en huelga de hambre luchando por que se haga justicia. Moreno busca que Rafael Correa corra la misma suerte, pues ya se han abierto contra él 14 procesos penales. Desde Bélgica, el expresidente se defiende en los tribunales y en la prensa, pero es probable que, en el peor de los escenarios, ocurra con él lo que ocurre con Lula.

 

Los gobiernos progresistas de América Latina deben sacar lecciones de estas experiencias. El enemigo no perdona.