Desobediencia civil, de Henry David Thoreau

Thoreau acopió las ideas y expresiones para su campaña de resistencia civil en ese periodo y, en 1849, escribió el ensayo Desobediencia civil.

Ángel Trejo

2021-01-10
Ciudad de México

Este autor (Concord, Massachusetts, Estados Unidos, 1847-1862) estuvo ligado a México por los dos episodios históricos con los que el emergente imperialismo gringo se apoderó de los territorios de Texas, Nuevo México y California, contra los cuales se opuso mediante el uso de la desobediencia civil pacífica. En 1837 lo hizo con sus padres, hermanos mayores y otros 120 ciudadanos de su natal Concord; y en 1846 volvió a hacerlo cuando el gobierno de James K. Polk ordenó la invasión militar de México para apoderarse del territorio central y occidental del norte. En este último caso, se negó a pagar un impuesto destinado a financiar la guerra y denunció públicamente las mentiras con las que Polk intentó justificar la intervención armada. Su actitud le mereció un arresto y la desaprobación de vecinos y amigos, entre ellos Ralph Waldo Emerson, quien también se opuso a la guerra, pero no al pago del impuesto.

Thoreau acopió las ideas y expresiones para su campaña de resistencia civil en ese periodo y, en 1849, escribió el ensayo Desobediencia civil, que vanamente intentó difundir en la prensa y la edición literaria, por lo que su propuesta debió esperar mucho tiempo para ser conocida y utilizada. Fue hasta el Siglo XX cuando dirigentes políticos de prestigio universal como Mahatma Gandhi y Martin Luther King, quienes conocieron su propuesta de la “resistencia civil pacífica”, organizaron movimientos políticos para denunciar las acciones injustas o autoritarias de sus respectivos Estados. Gandhi recurrió a esta estrategia para lograr la independencia de La India del dominio británico (1939-1947), y Martin Luther King para denunciar la segregación racial, socioeconómica y política de la población negra en Estados Unidos (1955-1968). La desobediencia civil aún es practicada en este país y en gran parte del mundo.

El ensayo también es analizado por defensores de derechos humanos y civiles, sociólogos, historiadores y políticos. En 2005, el Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la embajada de EE. UU. en México lo reeditaron con breves comentarios de Ambrosio Velasco Gómez, José Luis Valdés Ugalde y Robert Gross, quienes reseñaron algunas de sus expresiones más relevantes. Una de ellas afirma: “Si la injusticia es parte de la fricción necesaria del gobierno, déjala pasar, déjala pasar…pero si es de tal naturaleza que requiere que tú seas un agente de la injusticia que afecta a otra persona, entonces yo te digo, rompe la ley. Permite que tu vida sea un obstáculo para parar la maquinaria de la injusticia. Lo que tengo que hacer es ver que bajo ninguna circunstancia me preste a cometer el mal que condeno”.

Thoreau también destaca que la resistencia civil no es un acto de rebelión hacia las leyes; que sus actores deben estar dispuestos a sufrir las penas derivadas de su incumplimiento y que como objetores de conciencia, tienen la obligación moral de “desacatarlas”. Velasco Gómez interpreta así este predicado: “La desobediencia civil, lejos de ser una expresión anárquica, constituye un recurso ciudadano para prevenir la degeneración despótica del poder, pues al no acatar los mandatos de leyes y decisiones injustas de una autoridad el ciudadano busca persuadir al resto de la sociedad civil a resistir y finalmente a revocar esas leyes o decretos que los gobernados juzgan injustos… la desobediencia civil evidencia el carácter despótico de todo poder, aun el democrático, que no cuenta con la aceptación explícita, razonada y puntual del ciudadano y, por ello, constituye un arma, o mejor dicho en términos de Luis Villoro, un contrapoder muy efectivo”.