Expectativas económicas y sociales para 2021 llenas de fatalidad

Todo esto profundizará la caída económica y que los precios de los productos básicos suban, porque las empresas trasladarán costos a los consumidores.

Capitán Nemo

2021-01-10
Ciudad de México

Inició mal 2021, y aunque es bueno que las personas hayan comenzado este año con ánimos renovados, es contradictorio que muchas de ellas quieran enfrentar la espantosa tragedia que vivimos los mexicanos con rituales, limpias, “recargas de energía” o de vibras y buenas intenciones. Esta actitud se produce en las familias de todos los estratos sociales del país; pero lamentablemente,  la “buena suerte” nunca llega a los estratos sociales más bajos, donde las crisis sanitaria, económica y social continúan su marcha inexorable.

El año anterior, el mundo convulsionó con la pandemia de Covid-19, provocando un estado de incertidumbre, miedos y muerte en los sectores menos afortunados, en tanto que las personas más acaudaladas del planeta elevaron sus fortunas en 25 por ciento, de acuerdo con la plataforma de análisis financiero Bloomberg. Antes de la pandemia, el mundo era ya en extremo desigual, pero ahora la desigualdad es insostenible. En México, los analistas coinciden en que hemos retrocedido 90 años, pero no solo a causa del Covid-19, sino por la conjugación perversa del virus con la política de brazos cruzados del actual gobierno. El peor gobierno en el peor momento, cuya única actitud ante la crisis sanitaria ha sido negar reiteradamente la realidad para, con ello, convertirse en el responsable directo de las más de 300 mil muertes provocadas por la pandemia y del derrumbe de la economía.

Mientras se escuchan voces optimistas que afirman que lo peor quedó ya en el pasado, es nuestro deber insistir en que estamos demasiado lejos de verle fin a esta pesadilla. La economía seguirá cayendo y hay variables duras que lo confirman: el empleo continúa perdiéndose y los ingresos bajando, con lo que el consumo se reduce y las inversiones privadas, tanto internas como extranjeras, no reciben ningún estímulo para dinamizarse. Por el mal manejo de la pandemia, algunos de los estados han vuelto al semáforo rojo y aun cuando oficialmente solo los negocios esenciales deben permanecer abiertos; en la práctica, todos ellos están operando con la complacencia de las autoridades o “toreándolas” para no ser sancionados. La economía está “tronada” y los funcionarios públicos no saben qué hacer para revertir esta situación. Las restricciones de horarios a la oferta de bienes y servicios han afectado a varias industrias y la aplicación de medidas improvisadas, como subir el salario mínimo diario de 123.22 a 141.70, afectará a las pocas empresas que habían sobrevivido a la crisis; ya que el aumento, aunque poco significativo, se realizó en el peor momento, con la manifiesta intención de ganar simpatías electorales, y olvidando que muchas empresas mini, pequeñas y medianas están quebrando.

Todo esto profundizará la caída económica y que los precios de los productos básicos suban, porque las empresas trasladarán costos a los consumidores. Si a ello agregamos una posible alza de impuestos y que el Banco de México seguirá bajando su tasa de interés, no habrá respuestas del sector productivo. En el caso del tipo de cambio, el peso muestra una débil “estabilidad” frente al dólar, el cual a su vez se halla asediado por las economías emergentes; pero eso de poco servirá si el comercio internacional se mantiene disminuido. Las expectativas con respecto al turismo y al precio internacional del petróleo tampoco son positivas y la poca luz que muchos mexicanos veremos este año, estará centrada en las remesas que envían los trabajadores migrantes que se hallan en Estados Unidos.

Con estas variables deprimentes, solo es posible esperar que la pobreza aumente, la violencia delictiva insista y que la descomposición social inquiete a muchos hogares. A esta grave problemática se sumará el previsible desencanto de muchos mexicanos respecto a la novedad de las vacunas contra al Covid-19, utilizadas como fuerte distractor político y oferta electorera con vistas al seis de junio, sin prever que alentarán a muchas personas para salir confiadas a las calles, que su dotación se distribuirá a cuentagotas y que en el futuro próximo servirán de poco para detener los contagios y las muertes. Por si fuera poco, la cereza de este pastel perverso serán las elecciones del próximo seis de junio, cuando se renovarán las bancadas de la Cámara de Diputados (Federal), 15 gubernaturas estatales y, en conjunto, más de 21 mil puestos de elección popular, lo que ocurrirá en un ambiente de mentiras, demagogia y represión violenta; porque ante la falta de resultados, el partido en el gobierno, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), intentará aferrarse al poder y reaccionará con toda la rabia de que es capaz. El próximo medio año será crucial y los mexicanos tendrán que salir a votar por los menos malos para que el país halle un rumbo que no sea tan funesto como el que sigue Morena. Por ello ningún voto debe darse a Morena y sus candidatos.