"Por qué Marx tenía razón" de Terry Eagleton

En cambio, México, en donde el presidente ha declarado que aquí no se cumple la teoría marxista porque la desigualdad viene de la corrupción y no de la explotación, se encuentra entre los que peor han sorteado la pandemia.

Editorial Esténtor

2020-12-05
Ciudad de México

“El marxismo está acabado. Tal vez tuviera cierta relevancia en un mundo de fábricas y de revueltas por hambre, de mineros del carbón y de deshollinadores, de miseria generalizada y de concentración de las masas obreras…” es una de las afirmaciones que se repiten hasta el hartazgo. Desde memes hasta conferencias sesudas sobre “la gran mentira de la teoría del valor de Marx”, toda una maquinaria ideológica que se ha planteado enterrar las ideas de uno de los pensadores más influyentes de la historia. Pero la crisis de 2008 volvió a poner sobre los círculos de debate, incluso en medios de comunicación, la vigencia de Carlos Marx.

En este contexto, Terry Eagleton publicó este libro para denunciar a quienes (como lo hicieron tras la caída del muro de Berlín) se apresuraban a señalar que el autor de “El Capital” había errado completamente. Eagleton es un filósofo, escritor y profesor de literatura inglesa en las universidades de Lancasteer y Notre Dame; es reconocido como “uno de los intelectuales europeos más brillantes”, autor de múltiples obras y, aunque no oculta su admiración por Marx, no es un vulgar fanático, pues sostiene que “pese a ciertas cosas que ese pensador no supo prever, no tienen ninguna razón los radicales de derechas o los posmodernos de izquierda que con la mayor ligereza han despachado a Marx”.

El autor se plantea la siguiente interrogante: ¿y si todas las objeciones que se plantean habitualmente a la obra de Marx estuvieran equivocadas? No pretende presentar a Marx infalible (cosa con la que el mismo Marx estaría en desacuerdo), sino que, ante el apresuramiento de los que pretenden enterrar sus ideas de forma definitiva, cada capítulo del libro está dedicado a desnudar las falacias detrás de todas esas afirmaciones facilonas.

 Ronald Reagan dijo alguna vez que un comunista es quien leyó a Marx y Lenin, y un anticomunista, quien los entendió. Lamentablemente, mucha confusión reina en las mentes de las personas, pues las palabras “comunista” o “marxista” se utilizan para descalificar a oponentes políticos por la carga negativa que se han encargado de inyectarle a esos conceptos. Es por eso que “Por qué Marx tenía razón” es una obra ampliamente recomendable, porque abona al debate serio sobre la vigencia del marxismo sin caer en el dogmatismo que tanto han usado sus enemigos para descalificarlo por completo, pues Terry nos presenta a un Marx con gran fe en los individuos y la humanidad y muy poca en los dogmas abstractos.

Marx no ha muerto, y no sólo porque es quien ha explicado de mejor manera el funcionamiento del capitalismo, sino porque sentó las bases para una nueva sociedad. Quizá ése sea el verdadero temor de quienes permitieron los festejos del bicentenario de su nacimiento en algunas de las mejores universidades del mundo, al mismo tiempo que reprimían las protestas populares. Es por ello que debemos recordar también su segunda tesis sobre Feuerbach: El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. 

Por último. Fue el presidente de la segunda potencia mundial, escoltado por un monumental retrato de Marx, quien declaró que “doscientos años después, el nombre de Marx es todavía respetado en todo el mundo y su teoría aún resplandece con la brillante luz de la verdad”. China y otros países que nunca han ocultado ser guiados por el marxismo en la planeación de sus políticas han sido los más exitosos en la crisis en que se bate el mundo actual. En cambio, México, en donde el presidente ha declarado que aquí no se cumple la teoría marxista porque la desigualdad viene de la corrupción y no de la explotación, se encuentra entre los que peor han sorteado la pandemia. Preguntémonos entonces: ¿el marxismo está acabado?