La migración y la influencia cultural china en México

En la frontera de Tijuana con San Diego, California, que es la más transitada del mundo, la migración representa un gran desafío para la sociedad bajacaliforniana.

Alethia Mejía

2020-11-29
Ciudad de México

En la frontera de Tijuana con San Diego, California, que es la más transitada del mundo, la migración representa un gran desafío para la sociedad bajacaliforniana, porque constantemente llega ahí una significativa cantidad de mexicanos que tratan de escapar de la pobreza, el desempleo y la violencia en sus comunidades. Pero no solo llegan migrantes de todo México, sino de una veintena de países, entre ellos Honduras, El Salvador, Guatemala, Argentina, China y Haití, cuyos ciudadanos vienen con la expectativa de asilarse en Estados Unidos (EE. UU.). Es triste ver la cantidad de vendedores ambulantes que hay en los cruceros de las calles, luchando día con día para ganarse el pan. Evidentemente, llegan a una ciudad que no está para recibirlos y que, sin embargo, se ha formado precisamente con base en esa gran “pedacería” cultural siempre atada a una terrible miseria. Es tan grande la diversidad cultural en las ciudades del norte del país, que parece broma que el platillo tradicional de Mexicali sea la comida china y que los chinos hayan sido sus pioneros.

Gran parte de los primeros inmigrantes chinos eran trabajadores pobres que huían del hambre y la crisis económicas en su país, consecuencia devastadora e inevitable de las guerras. La mayoría provenía de la provincia de Guangdong, en el sureste de la China continental, y de San Francisco, California. Los chinos contribuyeron a la fundación y la prosperidad de algunas ciudades fronterizas como Mexicali, que fue fundada con 500 campesinos el 14 de marzo de 1903. En 1905, Harry Chandler, editor de Los Ángeles Times y dirigente del sindicato Colorado River Land Company, “importó” de EE. UU. un número considerable de coolies (cargadores chinos). Pocos años después se habían establecido 30 organizaciones chinas. En 1919, Mexicali tenía una población aproximada de 10 mil habitantes, de los cuales nueve mil eran chinos, que crearon granjas, tiendas y restaurantes, constituyéndose en el soporte de la sociedad de Mexicali y sus alrededores. La lengua china era lengua común y los recibos escritos en chino servían como cheques; había teatros, casas de té, residencias y restaurantes. Mexicali era, en rigor, una pequeña ciudad china en México.

Pese a sus contribuciones al desarrollo económico de algunas ciudades mexicanas de otras regiones del norte del país –no solo en Baja California–, el dinamismo laboral de los inmigrantes chinos generó la rivalidad y la mezquindad de los comerciantes oriundos quienes, con el argumento de que acaparaban el comercio local, indujeron a las autoridades a imponerles lo mismo impuestos muy elevados que a perseguirlos y masacrarlos, lo que derivó en la protesta del gobierno chino ante el mexicano.

Si bien es cierto que el problema de la migración en nuestra frontera con EE. UU. y en el mundo no tiene solución inmediata, hay que aprender del trabajo colectivo que hacen los chinos y proponer aquella frase popular que afirma: “la unión hace la fuerza”. No por nada, China representa la segunda potencia económica en el mundo.