Luis Muñoz Rivera

En su producción poética se reflejan sus ideales independentistas, habla de la vida política y la cultura hispana y algunos temas líricos.

Redacción

2020-11-16
Ciudad de México

Nació el 17 de julio de 1859 en la villa de Barranquitas, Puerto Rico. Realizó sus primeros estudios en periodismo, después como amanuense de notario y más tarde, como comerciante. A los 23 años publicó sus primeros poemas bajo diversos seudónimos y comenzó a inmiscuirse en el movimiento independentista de Puerto Rico contra España; incentivó su lucha mediante la fundación del periódico La Democracia,que se convirtió en el órgano propagandístico principal del autonomismo.

En su producción poética se reflejan sus ideales independentistas, habla de la vida política y la cultura hispana y algunos temas líricos.

En 1898, Puerto Rico dejó de ser colonia del Imperio español para ser colonia del Imperio estadounidense, como continúa a la fecha. Muñoz Rivera falleció insatisfecho, el 15 de noviembre de 1916, en San Juan. 

 

HORAS DE FIEBRE

                   I

¡Cantad en vuestra jaula, criaturas!

                   M. de los Santos Álvarez

¿Llorar...? No, no: sobre la amarga ola

rice copos la nevada espuma;

lleguen al labio con vibrante ritmo

el himno alegre, la canción nocturna.

Cuando el alma en sí misma se repliega

con hondo duelo y con letal angustia,

viene a turbar sus tristes soledades

el ruido intermitente de la lucha.

Ríamos, pues; la vida, pobre loca

que va labrando sin cesar su tumba,

nos invita al placer; nuevo sarcasmo

con que la suerte ingrata nos insulta.

Surja radiante la esperanza hermosa,

que ya vendrán la gloria y la fortuna,

cuando la muerte nuestros ojos cierre;

cuando la tierra nuestros restos cubra.

                   II

En señal de su oprobio,

les pondría la palabra

de “infames” en la frente.

José Clemente Zenea

Oíd: los que lleváis allá en el alma

de negra envidia la dolencia grave

y hacéis, ante la faz del universo,

de fingida bondad cínico alarde.

¡Abajo el antifaz! Es necesario

que este perpetuo carnaval acabe;

alzad la frente pálida, en que el vicio

marcó al pasar su huella degradante.

¿Falso pudor vuestras mejillas quema?

¿Ardor fugaz calienta vuestra sangre?

¡Abajo el antifaz! La hipocresía

es torpe y vil y mísera y cobarde.

Llegad aquí: que la virtud os vea;

que vuestra horrible fealdad la espante;

que la luz ilumine vuestro rostro

y el látigo flagele vuestra carne.

                   III

Yo me consumo aquí,

como la antorcha que solo acusa

luz por la humareda.

M. Sánchez Pesqueira

Sobre esta roca solitaria y triste,

bello jirón del suelo americano,

cautivo de las ondas que me cercan,

de mi fortuna y mi deber esclavo,

alguna vez, cuando mi patria llora,

doy al viento las notas de mi canto,

como este sol que me ilumina, ardiente,

como este mar que me circunda, amargo.

Más ¡ah!, que aquí la inspiración se enfría,

el arte muere de ideales falto,

el sacro numen su calor extingue,

sus cráteres apaga el entusiasmo,

y la robusta vibración del arpa

se pierde, como un eco funerario,

entre el suave murmullo de la selva

y el eterno rumor del oceano.

                   IV

Yo, de honda pena herido,

cerré sus ojos bellos...

V. Ruiz Aguilera

¡Ha muerto! Ya no irradian las pupilas

veladas por sus párpados de nieve.

¡Ah, qué triste silencio el de sus labios!

¡Qué augusta palidez la de su frente!

Ayer los anchos piélagos del mundo

surcaba sin temor, pura y alegre;

hoy cruza los desiertos infinitos

de ese país del que jamás se vuelve.

¡Adiós! ¡Adiós! Los que te amaron mucho,

los que arrullaron tu existencia breve,

miran huir contigo su esperanza:

¡Rayo de sol que con el sol fenece!

Y solos, con el alma desgarrada

por un dolor más negro que la muerte,

van contando minuto por minuto

la fría eternidad en que te pierden.

 

                   V

El mundo así recibe

al que no sabe como en él se vive.

José de Espronceda

Allá va... ¡detenedle! ¡Al loco! ¡Al loco!

¿No veis cual gesticula y disparata?...

–Que es la vida un bostezo interminable

y el cielo una ilusión de la mirada;

que el egoísmo vil gobierna al mundo;

que la virtud es flor de una mañana;

que es el hombre una máquina imperfecta

y el interés manubrio de la máquina;

que hay una fuerza inútil: el talento,

y hay otra fuerza universal: la audacia,

que la justicia es arma que se vende

al que con más esplendidez la paga...

-¡Oh!, detenedle, detenedle presto;

ponedle sin piedad yugo y mordaza,

antes que al rostro, con brutal franqueza

os lance su estridente carcajada!

                   VI

...Delirio acaso;

ecos, quizás, del alma

que de caprichosas ficciones...

R. del Valle

Memorias de otros tiempos más hermosos:

reminiscencias de otra edad más pura;

sueños de amor que el desencanto hiela;

placer fugaz que la tristeza nubla;

Afán pueril de gloria y de laureles;

ciega ambición de honores y fortuna;

ansia eterna de luz y de armonía;

recuerdos vagos, esperanzas mustias;

Nostalgia de una patria que se sueña

vacío de una fe que se derrumba;

arranques juveniles de entusiasmo;

inmensas oleadas de amargura:

¡Ah!, dejad que mi espíritu repose

en la suprema soledad nocturna,

como reposa el pobre peregrino

para seguir su interminable ruta.

                   VII

Es flor que brota apenas y se seca;

es luz que brilla apenas y se apaga.

¿La gratitud? ¡Ah, sí! ¡Lástima grande

que no fuera verdad tanta belleza!

Id por doquier sembrando beneficios;

repartid la limosna a manos llenas;

Dad la mano al caído y levantadle;

curad, como Jesús, úlcera y lepra;

calmad muchas angustias punzadoras;

enjugad muchas lágrimas acerbas;

sed padre de los huérfanos humildes;

sed protector de la virtud austera;

llevad en estas luchas de la vida

el bien por norma, la piedad por lema.

Y cuando el áureo manantial se agote,

y cuando toque el hambre a vuestra puerta,

el mundo inventará, para premiaros...

su más burlona e insultante mueca.

                   VIII

A todos deja iguales en la tumba

el nivel del olvido y de la muerte.

Ramón López Velarde

Sueña el artista: el porvenir es suyo;

tiene el pincel, la pluma, la palabra;

escribe, pinta, esculpe, triunfa, muere;

la tumba hambrienta sus despojos traga.

Y el mundo entonces, que admiraba ciego

la corrección del verso y de la estatua,

sobre el altar del ídolo que olvida

alza un altar al ídolo que aclama.

¿Y qué la gloria al fin? Un meteoro

que brilla un punto, nos deslumbra y pasa

un poco de vapor que se disipa;

un fuego fatuo que la brisa arrastra.

Algo así como el iris que proyecta

en el espacio sus cambiantes franjas,

y si quiere tocarle nuestra mano

es aire, es humo, es ilusión, es nada.