Arte, utilidad y capitalismo

Desde muy temprano en su historia, el género humano, tuvo necesidad de exteriorizar sus preocupaciones, sus pensamientos, sus concepciones del mundo y de la vida.

Alan Luna

2020-11-16
Ciudad de México

En uno de los libros donde se recupera parte de la producción en prosa del poeta mexicano Juan de Dios Peza, pueden encontrarse algunas expresiones acerca del arte y su importancia para la actualidad. Según su punto de vista, “un país sin artistas sería semejante a un cielo sin astros (...) Yo busco en los artistas la encarnación de un ideal sublime porque el ideal es el alma de las obras humanas.”

Juan de Dios Peza, independientemente de la postura filosófica con la que podamos identificarlo, retrata, de manera muy clara, la necesidad, probablemente no material, de la producción de arte para un pueblo. Ya decía Carlos Marx, al principio de su libro más importante, que el hombre no solamente necesita satisfacer necesidades del cuerpo sino también de la mente. Desde muy temprano en su historia, el género humano, tuvo necesidad de exteriorizar sus preocupaciones, sus pensamientos, sus concepciones del mundo y de la vida.

En muchas ocasiones, el desprecio a la producción artística surge porque ésta no consiste en un bien material que la sociedad moderna considere útil, y se tiende a restarle importancia, dándole el mismo trato que la élite política daba a la filosofía en el tiempo de Aristóteles. No se crea nada útil porque lo útil es lo que se come o lo que se viste, en general, aquello a lo que se puede dar un uso práctico; y como no se puede ver tal uso práctico dentro de la filosofía, entonces es inútil tal actividad.

En la sociedad decadente de la Grecia de Aristóteles, era claro que las prioridades eran la producción de lo material, lo espiritual pasaba a un plano inferior; no hay tiempo para pensar en la esencia de las cosas, o en el devenir del humano. La crisis en que se sumió Grecia en ese tiempo obligaba a atacar a las actividades que necesitaban una estabilidad económica para realizarse y se señalaron como ociosas y perniciosas, dignas de vagabundos y desocupados.

Es ilustrativo recordar las opiniones de la Grecia antigua porque, mutatis mutandis, algo parecido pasa con el desdén de la sociedad actual hacia el arte; y la base es también material.

En una sociedad que se ha basado en la producción de mercancías para el incremento de la ganancia de los grandes capitales, es también clara la prioridad de los valores que puedan, con facilidad, convertirse en mercancías. De esta manera, el arte se va asimilando a la lógica del sistema de producción capitalista y se aleja cada vez más de la “encarnación del ideal sublime” que le reclama Juan de Dios Peza.

Pero esto no es nunca una ley inamovible, sino la expresión de la tendencia y la generalidad. El que en algunos países, o en ciertos sectores de la población, el arte tenga más o menos difusión, siempre precisa de un análisis de la situación concreta.

La política que en México se aplica a muchos de los organismos encargados de producir y difundir cultura es un claro ejemplo de las prioridades de un país que no se ha preocupado por mejorar el nivel de vida de sus habitantes; que ha ido en picada en sus proyecciones de progreso económico y que, por lo tanto, sacrifica al arte y sus artistas por considerar que éstos no son tan importantes como, por ejemplo, el dinero destinado a los programas asistenciales. La austeridad hacia el arte en la política actual nos invita a reflexionar en las palabras de un poeta mexicano de antaño.