Orbis terrarum et Orbis alterius

El mundo se reveló como un espacio mucho más amplio y la visión “insular” de Europa, Asia y África colisionó.

Aquiles Celis

2020-11-16
Ciudad de México

El Cosmographie Introductio fue el primer “mapa” elaborado por los mejores cartógrafos de la época, que integró la gran masa con que fortuitamente se topó el viaje de Cristóbal Colón. El proceso fue largo y polémico: se denominó América porque Américo Vespucio atisbó con más claridad la novedad de este ente transoceánico. Sin embargo, cuando se superaron las hipótesis colombinas y vespucianas sobre el segmento terrenal con el que colisionaron sus navegaciones, la discusión por entender este fenómeno conllevó a una revolución intelectual en Occidente que se dio en varios niveles.

El proceso de asimilación de la idea de América en el imaginario occidental no fue para nada sencillo. Después de que los viajes de los marinos de la península ibérica confirmaron que la masa geográfica que interrumpía el océano, desde el septentrión hasta el meridiano, no podía ser la costa oriental de Asia; tuvo que reacomodarse la cosmovisión de la época.

En primer lugar, fue necesaria una redefinición del mundo habitable, es decir, del Orbis Terrarum. El mundo se reveló como un espacio mucho más amplio y la visión “insular” de Europa, Asia y África colisionó. La tesis de la Isla de la Tierra quedó obsoleta en varios puntos: el océano ya no era el límite del planeta. En esta nueva visión, el mundo comprendía a los océanos, por tanto, el mar pasó a formar parte del Orbis Terrarum. Para suplir el insuficiente concepto de isla, surgió una nueva idea geográfica: las tierras continentales o los continentes.

La simple conceptualización de la recién inventada América, como un “continente”, profundizó esta revolución teórica (puesto que etimológicamente remite a los conceptos de vecino o contiguo) y América reclamó su parte dentro de la tierra, concretamente se vindicó como una cuarta parte de la tierra frente a África, Asia y Europa. Esto significó que las zonas geográficas eran iguales por su esencia, pero diferentes por sus particularidades.

Sin embargo, en la igualdad esencial había una jerarquía, en la cual Europa reclamaba para sí la tutela cristiana de la historia. Y de esta forma, América, sometida a los designios europeizantes, quedó reducida a la nula posibilidad de recibir los valores de la cultura europea y a la posibilidad de realizar otra Europa. Y ése fue el ser con el que, en el orden moral, América fue inventada por Europa.

Edmundo O ´Gorman fue uno de los primeros historiadores que argumentó estas ideas en su célebre libro La invención de América. Pero ¿qué significaba para él el término invención? A través del análisis de los contextos sociales y culturales y de las ideas hegemónicas de la época, O´Gorman evaluó la configuración de un discurso sobre este ente geográfico, que se reniega a sí mismo y se renueva con el paso de los acontecimientos y con los nuevos viajes emprendidos a estas tierras occidentales.

A través de los viajes de Cristóbal Colón y Américo Vespucio, O´Gorman elucidó un proceso intelectual paralelo al proceso fáctico del encuentro con un ente geográfico que no acaba de revelar su “ser y su sentido” a ojos de los espectadores, que parecían plantearse estas preguntas: ¿Qué significa esa porción de tierra que no debiera estar ahí, según la comprensión del mundo desde la cosmología cristiana? ¿Por qué la geografía contradice el Orbis Terrarum que previamente Marco Polo había descrito en sus viajes a Oriente?

Los viajantes responden las incógnitas dentro de su concepción del mundo pero, para su sorpresa, cada recorrido que emprenden desmorona el edificio de su realidad y los cimientos (o dogmas) sobre los que descansaba su cosmovisión se resquebrajaron por más maniobras teóricas a las que sometían a la realidad. La camisa de fuerza que significaban sus creencias cristianas llevó a Colón y a Vespucio a adecuar la realidad a sus hipótesis, y no a modificar sus hipótesis de acuerdo con las pruebas empíricas que arrojaba el nuevo acontecimiento.

Y quizás en esto radique el concepto de la invención de América que propone Edmundo O ´Gorman. La invención de América formó parte del proceso intelectual que resquebrajó las concepciones cristianas de la civilización occidental y las dirigió a aceptar la “metamorfosis” que derrumbó el edificio intelectual de la Isla de la Tierra. Mundos alternativos emergieron del océano para cuestionar todo lo construido sobre una cosmovisión particular del espacio cósmico que, por la gracia de Dios, servía de morada al hombre.