La desaparición de los fideicomisos y el retroceso científico

Hasta el último centavo del dinero destinado a fomentar el trabajo científico es arrancado para satisfacer los intereses más oscuros de la “Cuarta Transformación” (4T).

Romeo Pérez Ortiz

2020-11-08
Ciudad de México

Los fideicomisos son un medio legal y seguro de conseguir apoyos económicos o donaciones para las organizaciones nacionales e internacionales que realizan trabajos de investigación e innovación tecnológica a mediano y largo plazo. Estos instrumentos sirven, además, para brindar independencia y solvencia económica a las instituciones sin tener que depender absolutamente del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF).

Ahora que desaparecieron los fideicomisos, los centros de investigación privados y públicos deberán solicitar y esperar a que la Federación los considere en sus proyectos de gasto, como ya está ocurriendo con el presupuesto destinado al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), el cual ya no será asignado a instituciones privadas. Más de mil académicos del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) adscritos al Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), a la Universidad de las Américas de Puebla (UDLAP), a la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), a la Universidad Iberoamericana (IB) y al Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), ya no recibirán estímulos económicos, que eran usados para el fomento de la investigación (Milenio, 30 de octubre de 2020). Como se ve, la entrega o no de los recursos, no está basada en las contribuciones científicas de los investigadores, sino en el tipo de institución al que pertenecen. Pero, además, los estímulos destinados a los centros privados representan, en conjunto, apenas el uno por ciento de los ingresos que recibe el Conacyt, como lo denunciaron los investigadores del ITAM en una carta dirigida a la misma comunidad y al público en general: “la cancelación de estos estímulos no representa una fuente importante de ingresos para el Gobierno Federal, pues su pago a los miembros del SNI adscritos a instituciones privadas representa, por dar cifras de 2019, solo el uno por ciento del presupuesto del Conacyt”.

Como observa, amigo lector, hasta el último centavo del dinero destinado a fomentar el trabajo científico es arrancado para satisfacer los intereses más oscuros de la “Cuarta Transformación” (4T), aunque sus voceros digan que servirá para combatir al Covid-19 y mitigar la crisis económica. Lo cierto es que esos recursos se están dejando al “libre arbitrio y juego del entendimiento” del Presidente de la República, como advirtió el matemático Georg Cantor.

Dejar sin apoyo la investigación que realizan las instituciones privadas y públicas traerá consecuencias desastrosas, porque está castigándose a la ciencia, la tecnología y la innovación (CTI), no a las instituciones. Veamos. Hasta antes de 2020, la inversión en la CTI representaba el 0.48 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), pero desde el inicio de este año se redujo al 0.38, porcentaje muy por debajo del promedio que destinan los países de la Organización para el Crecimiento y el Desarrollo Económico (OCDE), que representa el 2.4 por ciento. Respecto a la producción de cuadros científicos, México genera apenas 35 investigadores por cada 100 mil habitantes, mientras que naciones como Singapur, República de Corea, Suecia, Dinamarca e Israel producen entre 673 y 825. En números absolutos, China encabeza la lista de cuadros científicos con 1.69 millones; le siguen Estados Unidos (EE. UU.), Japón, Rusia y Alemania con 1.38, 0.67, 0.43 y 0.40 millones, respectivamente (Instituto de Estadística de la UNESCO, 2018). En cuanto a las patentes, México también está muy rezagado: de todas las registradas en México, el 95.2 por ciento son para extranjeros y solo el 4.8 por ciento pertenecen a mexicanos.

Pero al gobierno de la 4T no le interesa ni le preocupa lo que pueda acontecer a los mexicanos, si se deja de hacer ciencia. Si esta herramienta, que mucho ha ayudado al hombre a abandonar prejuicios y creencia en dogmas, queda sepultada por el partido gobernante; de ese entierro solo podrán nacer la ignorancia y las supersticiones que, en lugar de progreso, traerán retroceso, del que será muy difícil recuperarnos. Si los investigadores serios no nos unimos para alzar la voz en defensa de la razón, la 4T terminará por construir el país de necios e ignorantes que proyecta. Si no, al tiempo.