En gobierno de AMLO, “los sainetes siguen vivitos: Urzúa

Para empezar, un fideicomiso no es un ente administrativo donde puede haber directivos corruptos o aviadores.

Trinidad González

2020-10-19
Ciudad de México

El ex secretario de Hacienda, Carlos Urzúa explicó que a pesar de que el sainete, abundó en los siglos pasados, esa obra teatral, mitad dramática y mitad jocosa, que se ofrecía para el entretenimiento del público en el intermedio de una función de teatro, no han desaparecido, sino que, al contrario, en este gobierno de Andrés Manuel López Obrador “los sainetes siguen vivitos y coleando en el escenario político actual”.

En su artículo publicado en El Universal “El sainete de los fideicomisos”, Urzúa mencionó que “hemos presenciado varios de esos entremeses, pero en las últimas semanas el que se ha llevado las palmas, y está a punto de concluir con una gran actuación final por parte de los senadores afines al régimen, es el relativo a la imperiosísima necesidad de extinguir los fideicomisos públicos en aras de eliminar la corrupción que resta, ya poquísima, en el gobierno federal”, ironizó.

De acuerdo al ex funcionario, señaló que la tajante instrucción de extinguir los fideicomisos provino del propio presidente de la República y fue dirigida a todos sus subordinados, no solo en el Poder Ejecutivo sino también en el Poder Legislativo.

En su momento, cuando era jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, López Obrador utilizó un fideicomiso para financiar la mayor obra de su anterior administración, el segundo piso sobre el Periférico. Por cierto, quien estuvo a cargo de ese proyecto fue la actual jefa de gobierno Claudia Sheinbaum. Sorprende entonces que López Obrador haya olvidado que un fideicomiso puede ser un instrumento útil y que la corrupción, si es que se da, no es por un mero contrato sino por la falta de integridad de los que están en funciones. Hoy, por desgracia, los ejemplos abundan, agregó.

Dijo que, si los mexicanos desconocen que es un fideicomiso, la administración de la Cuarta Transformación también. Para empezar, un fideicomiso no es un ente administrativo donde puede haber directivos corruptos o aviadores. Esto simplemente porque en un fideicomiso público no puede haber estructura orgánica alguna (a no ser que sea una paraestatal).

Un fideicomiso es tan solo un contrato, un vehículo legal que permite financiar proyectos importantes a través de un patrimonio, el cual puede ser alimentado por diferentes fuentes de financiamiento, tanto públicas (incluidas las estatales) como privadas, y puede utilizarse de manera multianual. Esto último es necesario para poder financiar, por ejemplo, los grandes proyectos tecnológicos y científicos de México, dado que casi todos ellos tienen horizontes de largo y muy largo plazo.

“Otro error conceptual es pensar que todos los fondos públicos son fideicomisos. Casi todos lo son, es verdad. Por ejemplo, el Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios, el cual ya acabó de ordeñar, por cierto, la actual administración, es al final del día un fideicomiso. Pero no todos lo son. En particular, el fondo de la Financiera Rural, con un apetitoso patrimonio de más de doce mil millones de pesos, no es un fideicomiso. De acuerdo con la ley orgánica de la Financiera Nacional de Desarrollo ese fondo es simplemente una subcuenta que forma parte de su propio patrimonio. Por tanto, la extinción del fondo podría llevar a la desaparición misma de la entidad financiera”, finalizó.