Delmira Agustini

El mundo de sus poemas es sombrío y atormentado, con versos de una musicalidad excepcional. Su lirismo llega a profundidades metafísicas que contrastan con su juventud.

Redacción

2020-10-18
Ciudad de México

Nació en Montevideo, Uruguay, el 24 de octubre de 1886. Originalísima poetisa uruguaya, de una acentuada feminidad y una sensibilidad exquisita. Su temperamento ardiente fracasó rotundamente en el matrimonio. Vuelta a la casa paterna, volvió a ser arrancada de ella por su esposo, quien le dio muerte el seis de julio de 1914, suicidándose a continuación. Formó parte de la llamada “generación de 1900” a la que también pertenecieron Julio Herrera y Reissig, Leopoldo Lugones y Rubén Darío, a quien consideraba su maestro, y con el que mantuvo correspondencia tras conocerlo en 1912, en Montevideo.

Su obra se vincula a la vasta corriente modernista rioplatense, dominada mayoritariamente por hombres, y contó con la admiración de las principales figuras de la época como el propio Rubén Darío, Miguel de Unamuno y Manuel Ugarte. La tónica general de su poesía es erótica, con imágenes de honda belleza y originalidad. El mundo de sus poemas es sombrío y atormentado, con versos de una musicalidad excepcional. Su lirismo llega a profundidades metafísicas que contrastan con su juventud. Su producción poética no es tan exigua, no obstante haber muerto a los 27 años: El libro blanco (1907), Cantos de la mañana (1910), Los cálices vacíos (1913), El rosario de Eros (1914), y Los astros del abismo, publicado después de su muerte. 

Supremo idilio

(Boceto de un poema)

En el balcón romántico de un castillo adormido

que los ojos suspensos de la noche adiamantan,

una figura blanca hasta la luz… erguido

bajo el balcón romántico del castillo adormido,

un cuerpo tenebroso… alternándose cantan.

–¡Oh tú, flor augural de una estirpe suprema

que doblara los pétalos sensitivos del alma,

nata de azules sangres, aurisolar diadema

florecida en las sienes de la Raza!… Suprema-

mente pulso en la noche tu corazón en calma!

–¡Oh tú que surges pálido de un gran fondo de enigma

como el retrato incógnito de una tela remota!…

Tu sello puede ser un blasón o un estigma;

en las aguas cambiantes de tus ojos de enigma

un corazón herido –y acaso muerto– flota!

–Los ojos son la Carne y son el Alma: ¡mira!

Yo soy la Aristocracia lívida del Dolor

que forja los puñales, las cruces y las liras,

que en las llagas sonríe y en los labios suspira…

¡Satán pudiera ser mi semilla o mi flor!

Soy fruto de aspereza y maldición: yo amargo

y mancho mortalmente el labio que me toca;

mi beso es flor sombría de un otoño muy largo…

exprimido en tus labios dará un sabor amargo,

y todo el Mal del Mundo florecerá en tu boca.

Bajo la aurora fúlgida de tu ilusión, mi vida

extenderá las ruinas de un apagado Averno;

vengo como el vampiro de una noche aterida

a embriagarme en tu sangre nueva: llego a tu vida

derramada en capullos, como un ceñudo Invierno.

-¡Cómo en pétalos flojos yo desmayo a tu hechizo!…

¡Traga siniestro buitre mi pobre corazón!

En tus manos mi espíritu es dúctil como un rizo…

el corazón me lleva a tu siniestro hechizo

como el barco inconsciente el ala del timón.

¡Comulga con mi cuerpo devoradora sima!

Mi alma clavo en tu alma como una estrella de oro;

florecerá tu frente como una tierra opima,

cuando en tu almohada trágica y honda como una sima,

mis rizos se derramen como una fuente de oro.

–Mi alma es negra tumba, fría como la Nieve…

–¡Buscaré una rendija para filtrarme en luz!

–¡Albo lirio!… a tocarte ni mi sombra se atreve…

–Te abro; ¡oh mancha de lodo! mi gran cáliz de nieve

y tiendo a ti eucarísticos mis brazos, ¡negra cruz!

Enróscate; ¡oh serpiente caída de mi Estrella

sombría! a mi ardoroso tronco primaveral…

yo apagaré tu Noche o me incrustaré en ella:

seré en tus cielos negros el fanal de una estrella

¡Seré en tus mares turbios la estrella de un fanal!

Sé mi bien o mi mal, yo viviré en tu vida!

Yo enlazo a tus espinas mi hiedra de Ilusión…

seré en ti una paloma que en una ruina anida;

soy blanca, y dulce, y leve; llévame por la Vida

¡Prendida como un lirio sobre tu corazón!

–¡Oh dulce, dulce lirio!… ¡llave de las alburas!

¡Tú has abierto la sala blanca en mi alma sombría,

la sala en que silentes las Ilusiones puras

en dorados sitiales, tejen mallas de alburas!…

–¡Tu alma se vuelve blanca porque va siendo mía!

–¡Oh leyes de Milagro!… Yo, hijo de la sombra

morder tu carne rubia: ¡oh, fruto de los soles!

–Soy tuya fatalmente: mi silencio te nombra,

y si la tocas tiembla como un alma mi sombra!…

¡Oh maga flor del Oro brotada en mis crisoles!

–Los surcos azurados del Ensueño sembremos

de alguna palpitante simiente inconcebida

que arda en florecimientos imprevistos y extremos;

y al amparo inefable de los cielos sembremos

de besos extrahumanos las cumbres de la Vida.

Amor es milagroso, invencible y eterno;

la vida formidable florece entre sus labios…

raiz nutrida en la entraña del Cielo y del Averno,

viene a dar a la tierra el fuerte fruto eterno

cuyo sangriento zumo se bebe a cuatro labios.

Amor es todo el Bien y todo el Mal, el Cielo

todo es la arcada ardiente de sus alas cernidas…

bajar de un plinto vano es remontar el vuelo…

y Él te impulsa a mis brazos abiertos como el Cielo,

¡Oh suma flor con alma, a deshojar en vidas!…

En el balcón romántico de un castillo adormido

que los ojos suspensos en la Noche adiamantan,

el Silencio y la Sombra se acarician sin ruido…

bajo el balcón romántico del castillo adormido

un fuerte claro-oscuro y dos voces que cantan…

Fiera de amor

Fiera de amor, yo sufro hambre de corazones

de palomos, de buitres, de corzos o leones,

no hay manjar que más tiente, no hay más grato sabor,

había ya estragado mis garras y mi instinto,

cuando erguida en la casi ultratierra de un plinto,

me deslumbró una estatua de antiguo emperador.

 

Y crecí de entusiasmo; por el tronco de piedra

ascendió mi deseo como fulmínea hiedra

hasta el pecho, nutrido en nieve al parecer;

y clamé al imposible corazón… la escultura

su gloria custodiaba serenísima y pura,

con la frente en mañana y la planta en ayer.

 

Perenne mi deseo, en el tronco de piedra

ha quedado prendido como sangrienta hiedra;

y desde entonces muerdo soñando un corazón

de estatua, presa suma para mi garra bella;

no es ni carne ni mármol: una pasta de estrella

sin sangre, sin calor y sin palpitación…

 

¡Con la esencia de una sobrehumana pasión!

Fragmentos

A un poeta español

 

¿De qué andaluza simiente

brotó pomposa y ardiente

la flor de mi corazón?

mi musa es bruna e hispana,

mi sangre es sangre gitana

en rubio vaso teutón.

 

Mi alma, fanal de sabios

ciegos de luz, en sus labios

–una chispa de arrebol–

puede recoger el fuego

de toda la vida y luego.

¡Todas las llamas del Sol!

 

Alma que cabe en un verso

mejor que en un universo

–instinto de águila real

que engarza en ave canora,

roja semilla de aurora

en un surco musical–.

 

Mi sol es tu sol ausente;

yo soy la brasa candente

de un gran clavel de pasión

florecido en tierra extraña;

¡todo el fuego de tu España

calienta mi corazón!

 

La plebe es ciega, inconsciente;

tu verso caerá en su frente

como un astro en un testuz.

mas tiene impulsos brutales,

y un choque de pedernales

a veces hace la luz.