El cambio que nunca llegó

El gobierno prometió acabar con la delincuencia, pero se tornó más permisivo que nunca con ésta y ahora se registran 100 crímenes diarios y las masacres se multiplicaron.

Capitán Nemo

2020-10-18
Ciudad de México

Hay un error de interpretación en el grupo que hoy gobierna: creer que el apoyo del pueblo es incondicional y eterno. A casi dos años del cambio de poder, los dirigentes del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) insisten en creer que su triunfo electoral fue gracias a su activismo y al voto del pueblo. Se equivocan: el pueblo votó por un cambio porque se había hartado del sistema político, cuyos partidos demostraron que el bienestar y la atención de las necesidades sociales no formaban parte fundamental de sus prioridades de gobierno, pues aprobaron leyes nocivas para los trabajadores y privilegiaron a la libre empresa.

El Estado de Bienestar, bandera de la época postrevolucionaria, quedó en el baúl de los recuerdos. Los gobernantes pronto se alejaron del pueblo; se volvieron prepotentes e insensibles con las necesidades de éste; aprovecharon su posición para enriquecerse mientras la sociedad se empobrecía cada vez más; además de que la participación de los burócratas en la delincuencia y los actos de corrupción era más que obvia. Fueron las condiciones materiales deterioradas del pueblo lo que llevó al triunfo a Morena. Ya desde el periodo gubernamental de Vicente Fox, los menos favorecidos aspiraban a un cambio; por ello, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) perdió la presidencia a principios del siglo actual y en el sexenio siguiente. Pero aun así, y después de un bienio de la actual administración, el cambio sencillamente no llega.

La pobreza en que viven hoy las masas laborales no se corrige con discursos mañaneros. Aunque se maquillen las estadísticas en la materia, al final son un reflejo de la realidad. El crecimiento económico, a finales de 2018, era del dos por ciento; el nuevo gobierno dijo que lo llevaría al cuatro por ciento; pero en su primer año de administración, el Producto Interno Bruto (PIB) retrocedió al 0.1 por ciento y ya con la mala combinación del Covid-19/gobierno, se ha descendido al menos 10 por ciento. El Banco de México (Banxico) reconoce que salir de esta crisis económica nos llevará al menos una década. El gobierno prometió acabar con la delincuencia, pero se tornó más permisivo que nunca con ésta y ahora se registran 100 crímenes diarios y las masacres se multiplicaron. La lucha contra la corrupción –carta fuerte del actual gobierno– no ha dado resultados; y los miembros más leales a la administración se han visto envueltos en escándalos de corrupción; el gobierno de la “Cuarta Transformación” (4T) ha jugado con la salud y la vida de los mexicanos.

Si bien la pandemia es un asunto global, en México sencillamente no se tomaron las medidas adecuadas y se minimizó su impacto. Las primeras víctimas de estos errores han sido los médicos, de ahí que ocupamos el primer lugar de muertes en este sector. Se ha permitido que la gente muera y que la economía toque fondo, porque no se destinan los recursos necesarios para evitar el desempleo masivo y la quiebra de empresas. De los seis mil muertos que el gobierno pronosticó por la pandemia, en breve plazo rebasaremos la cifra de 100 mil. El entorno es desolador; las personas pierden sus empleos porque varios sectores productivos han resentido el confinamiento. El ingreso de los hogares disminuyó y, por tanto, el consumo; las empresas reportan caídas del 80-20 por ciento en sus ventas. Desde la principal tribuna del país el Presidente insiste: estamos “mejor que nunca”, “satisfechos” y “felices” con el nuevo gobierno; pero si vamos tan bien ¿por qué entonces se dedica a mermar la democracia y a perseguir opositores?

Si no ha realizado inversiones adicionales; si ha desaparecido apoyos y programas como el Ramo 23; si ha incautado dos mil millones de pesos (mdp) a la delincuencia y, gracias a su política de austeridad, ha ahorrado 560 mil mdp, ¿por qué anda buscando dinero hasta por debajo de las piedras? ¿Dónde está este dinero? No se explica entonces la estocada contra 109 fideicomisos, que representan 68 mil mdp. ¿Para qué los quiere si tiene en el abandono a la salud, al campo y al equipamiento de la infraestructura urbana de las comunidades marginadas? La única respuesta posible es que ante el desastre económico y la falta de resultados, el gobierno de Morena necesita con urgencia ese dinero para la compra masiva de votos en los comicios federales y locales de 2021.

Para ello, no le importa descobijar a los municipios ni lo que suceda a los niños con cáncer, los desastres naturales, la ciencia, el cine, el deporte y el cultivo de las artes. Somos testigos de una forma burda y escandalosa de la corrupción; la 4T ha superado las viejas prácticas de sus antecesores. Busca comprar la conciencia de los más necesitados. Por lo visto, sus dirigentes no aprendieron nada de la lección de 2018. ¡Pero la vida nos depara sorpresas!