“El señor de las moscas” de William G. Golding

En “El señor de las moscas”, Golding retrata al ser humano en su estado primitivo y salvaje; pero no a aquel de la comunidad primitiva.

Editorial Esténtor

2020-10-12
Ciudad de México

“—Quizá… quizá haya una fiera…

—Tú, Simón, ¿tú crees eso?

—Lo que quiero decir es que… a lo mejor nosotros somos la fiera.”

 

Ambientada en Inglaterra durante el periodo de entreguerras, esta novela cuenta la historia de un grupo de estudiantes cuyo avión se estrella en una isla desierta. Después de descubrir que los pocos adultos que los acompañaban han muerto o están desaparecidos, deciden organizarse socialmente para sobrevivir mientras alguien llega al rescate.

Sin embargo, lo que al principio parece cosa sencilla, con el paso de los días se comienza a transformar en una especie de sociedad primitiva, pero influenciada por las convenciones sociales occidentales. Las esperanzas por ser rescatados comienzan a perderse, algunos parecen haber encontrado en la vida salvaje el pináculo de su existencia y el relativo orden inicial empieza a degenerar en el extremo salvajismo.

En “El señor de las moscas”, Golding retrata al ser humano en su estado primitivo y salvaje; pero no a aquel de la comunidad primitiva, que buscaba y trabajaba por el bien común, sino al que se mueve ya por el instinto de conservación de “su” poder, de “sus” tierras y de “su” control sobre el resto del grupo social. Y este retrato se vuelve aún más descarnado, más cruel, porque se refleja a través de la psique de unos niños que no rebasan los 14 años.

No obstante, lo anterior se contrapone con la propia visión que Golding tenía al respecto, pues él pensaba que la maldad y la corrupción eran algo intrínseco al hombre, y que no se originaban de las formaciones económico-sociales ni de lo que él consideraba “estructuras abstractas”. Por eso, en su obra, mientras unos deciden seguir el camino de la civilidad, el respeto y el mantenimiento de las estructuras sociales ya conocidas (entre las más simples: el pedir la palabra para hablar) otros deciden “corromperse” y abusar del poder que les otorga la edad, la posición dentro del grupo o la fuerza, es decir, deciden abusar y someter a sus semejantes.

Debo decir, sin embargo, que no concuerdo con esa visión de Golding. Los seres humanos somos individuos gregarios que, por lo mismo, nos formamos dentro de un marco social, no actuamos de manera independiente a nuestra realidad; tan es así que, cuando un niño nace, no distingue entre bien y mal, entre mío y nuestro, entre rico y pobre, todos estos conceptos los aprende, y los aplica más adelante, en la sociedad.

Por eso, aunque Golding no haya querido darle ese cariz a su obra, no hay duda de que esta novela deja al descubierto la visión eminentemente individualista del capitalismo, pues es posible que los muchachos se desvíen en esa dirección porque en ese tipo de sistema es en el que han vivido siempre; y es tan clara la imagen, tan evidente, que es difícil negarlo. “El señor de las moscas” es una novela imprescindible que, sin duda, dará una nueva visión social a quien la lea.