A nuestros críticos

Si nuestros críticos quieren acabar con nosotros, que acaben con el hambre, la pobreza y la miseria, males que hacen históricamente necesaria nuestra existencia y necesario, también, nuestro triunfo final.

Abentofail Pérez Orona

2020-10-11
Ciudad de México

Tormentas de lodo y difamación han caído sobre la labor que ha hecho y hace el Movimiento Antorchista. Durante décadas, cada paso ha sido vituperado. Antes de responder a cada calumnia y cada invectiva, es preciso ahondar en los fundamentos de su existencia, en las circunstancias y razones que convierten a Antorcha en una necesidad de nuestro tiempo y de las circunstancias del México de hoy.

¿Por qué existe Antorcha? Existe por necesidad, entendida ésta como una exigencia del sistema social, como una reacción natural que germina en el terreno del orden económico y político. La historia muestra que los movimientos sociales surgen como consecuencia natural de determinadas circunstancias, que exigen ser resueltas y engendran a quien debe hacerlo. Las épocas, llegado el momento de cambiar, crean a los hombres y a los colectivos que deben cumplir esa tarea. Los grandes hombres son producto de su época, efecto de ella y luego factores del cambio; su mérito consiste en juzgar mejor las condiciones de su tiempo. Así, pues, si bien es cierto que los hombres pueden influir en sus circunstancias, no lo es menos que cada época histórica crea necesidades particulares, contradicciones que deben ser forzosamente resueltas. Crea la tarea y a quien la realiza.

Las necesidades de nuestro tiempo exigían una reacción frente a un sistema económico en el que predominan, de manera absoluta, los intereses de una minoría concentradora de la riqueza y que desde la instauración del neoliberalismo se ha apoderado del control político del país. El incremento de la desigualdad lleva aparejado el de la miseria y la polarización económica: concentración de la riqueza en unas cuantas manos y empobrecimiento masivo de la mayoría. Hoy, en México, las 10 personas más ricas acumulan la misma riqueza que el 50 por ciento más pobre, es decir, más de 60 millones de personas. En tales circunstancias, era lógico que apareciera una resistencia, un contrapeso que ofreciera a las grandes masas empobrecidas una alternativa política, una forma de combatir y enfrentar esa realidad.

¿Por qué entonces se le calumnia? ¿A qué se debe el odio feroz que, desde su nacimiento, ha perseguido a los hombres que, sin esperar satisfacciones materiales, entregan sus vidas a una causa no solo justa, sino necesaria? Por un lado, a la ignorancia, a la imposibilidad de comprender el ideal de Antorcha por hacer de éste un mundo menos desigual y más humano; por otro, a los intereses de clase que se ven afectados y al odio que, como consecuencia, se despierta en quienes pretenden conservar sus privilegios.

Hoy, el argumento que esgrimen contra Antorcha, a sabiendas de no encontrar en su base y en su acción ningún otro, es la alianza que, durante algunos años, mantuvo con el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Este argumento, tan sólido como un castillo de naipes, se derrumba fácilmente si se comprende que, por la misma posición, en la que se encontró la organización durante años, debió buscar, para lograr un impacto mayor en su quehacer social, una palestra política que le permitiera mejorar la vida de las grandes mayorías desde una posición más efectiva: el poder político, y la mejor prueba de ello es que Antorcha jamás renunció a su compromiso con las masas empobrecidas y se mantuvo firme en la lucha contra los propios gobernantes priistas, como consta a cualquiera que tenga dos ojos en la cara. Encabezar las demandas de los pobres no era suficiente; era preciso hacerlo con las herramientas organizativas necesarias y ante la imposibilidad de hace algunos años para formar un partido político, conociendo la perfidia del enemigo a vencer, era obligado acceder a las opciones que entonces se tenían a mano.

En estos momentos, cuando el poder está en manos de una camarilla servil a los intereses de la misma clase a la que, desde su nacimiento, Antorcha decidió enfrentar, nos vemos obligados a buscar los medios de salvar al país y ayudar a los pobres que, en menos de dos años, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) ha aumentado y empobrecido aun más. Ante la negativa a permitir que Antorcha se convierta en partido político, a pesar de los más de dos millones de agremiados con que cuenta, no nos quedaremos petrificados por las críticas de los que no entienden, menos de los que no quieren entender. Nuestro objetivo fue, es y será que todo mexicano alcance la felicidad que merece; para ello es preciso buscar alternativas en la encrucijada que hoy se nos presenta; las buscaremos y las encontraremos. Por más obstáculos que se nos opongan, sabremos saltarlos, a sabiendas de que de nuestra lucha depende la suerte de millones de mexicanos. Si nuestros críticos quieren acabar con nosotros, que acaben con el hambre, la pobreza y la miseria, males que hacen históricamente necesaria nuestra existencia y necesario, también, nuestro triunfo final.