Ya estábamos enfermos cuando llegó el SARS-CoV-2.

Si reflexionamos sobre nuestra situación antes de la pandemia, podremos darnos cuenta que ya estábamos enfermos cuando llegó el SARS-CoV-2.

Luis Alfredo Herbert Doctor

2020-09-13
Ciudad de México

Han pasado casi nueve meses desde que en China, en la ciudad de Wuhan, se diera a conocer la aparición de una extraña enfermedad. No pasó mucho tiempo antes de que la comunidad científica reconociera un nuevo virus llamado SARS-CoV-2 como el causante de dicho padecimiento. A esta nueva enfermedad se le denominó Covid-19 y es la responsable de la actual pandemia que cursamos.

La aparición de este nuevo virus ha representado, sin duda alguna, un acontecimiento catastrófico para la raza humana debido a la alta mortalidad que presentan los pacientes al contraer este padecimiento. Pero si reflexionamos sobre nuestra situación antes de la pandemia, podremos darnos cuenta que ya estábamos enfermos cuando llegó el SARS-CoV-2.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) ha señalado que el 84.4 por ciento de las 722 mil 611 defunciones registradas durante el año 2018 en México, se debieron a enfermedades y problemas relacionados con la salud. Las principales enfermedades relacionadas con estos decesos son los problemas de corazón y la diabetes, y de acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), ambas enfermedades forman parte de las principales causas de muerte en México, tanto en hombres como en mujeres. Esto no es de extrañarse en un país con una sociedad sedentaria sin buenos hábitos de alimentación, donde a los niños se les alimenta con bebidas de alto contenido calórico y en donde el sobrepeso y la obesidad representan un problema que está presente en todos los sectores de la población. Pero no solo estábamos enfermos en este nivel, también padecíamos un trastorno todavía más peligroso que conocemos hoy en día como desinfodemia (información errónea), puesto que constantemente somos bombardeados a través de los medios de comunicación y redes sociales con publicidad engañosa y con información errónea.

El Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se ha referido a la gran cantidad de información errónea en torno a una enfermedad como un factor importante en la propagación de la misma. Por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) describe a la diabetes como un padecimiento crónico que se origina cuando el páncreas no produce la cantidad adecuada de insulina (hormona que regula la cantidad de glucosa en la sangre) o cuando nuestro organismo no utiliza eficazmente esta hormona; esto trae como consecuencia el aumento del nivel de glucosa en la sangre, pudiendo provocar: ceguera, insuficiencia renal, impotencia sexual, etc.  La diabetes tipo 2 se asocia a menudo con una mala alimentación o estilo de vida; debido a esto, los médicos recomiendan, entre otras medidas, tener actividad física constante, una dieta rica en fibra y evitar las bebidas azucaradas. Sin embargo, a pesar de las recomendaciones emitidas por expertos en salud, todos los días estamos expuestos a ambientes que favorecen el desarrollo de enfermedades, como la publicidad que nos incentiva a creer que los alimentos procesados son saludables, por presentar imágenes de frutas o verduras, pero no advierten de las altas cantidades de grasas, sal y/o azúcar que presentan.

Todo esto se suma al hecho de que también estamos expuestos a información no verificada llena de mitos y falsedades que podemos llegar a creer e implementar y por consiguiente empeorar nuestra salud. Por mencionar algún ejemplo, basta con recordar lo ocurrido a principios de 2020 en un programa televisivo donde se daban recomendaciones para curar con azúcar el pie diabético. Sin duda alguna, los mitos e información errónea representan un problema de salud, tanto como una mala alimentación. Esto resulta particularmente preocupante debido a que estas malas prácticas pueden influir sobre la forma en que percibimos lo que nos parece normal en contraste con la realida; por lo que resulta especialmente importante la regulación de los ambientes poco saludables y desinformativos a los que estamos expuestos y nos enferman día con día, así como la promoción y disponibilidad de alimentos sanos por sobre los alimentos “chatarra”.