Jair Bolsonaro y Andrés Manuel: cuatro similitudes

Para mostrar que la forma en que la pretendida “Cuarta Transformación” y su líder ejercen el poder está mucho más cerca de la ultraderecha de Bolsonaro de lo que están dispuestos a confesar.

Carlos Ehécatl

2020-09-13
Ciudad de México

Jair Bolsonaro y Andrés Manuel López Obrador se presentan como dos polos opuestos del espectro político latinoamericano. Mientras el mandatario mexicano mantiene un discurso antineoliberal y pretendidamente revolucionario, el brasileño impulsa una agenda económica y social de corte conservador. Desde sus tribunas presidenciales, los dos expresan abiertamente posiciones contrarias: López Obrador ha hecho un mantra del lema “primero los pobres” y Bolsonaro truena en cada oportunidad contra las políticas “populistas e irresponsables” del Partido del Trabajo (PT). Ambos asumen posturas aparentemente opuestas. Existen, sin embargo, al menos cuatro características que comparten tanto el presidente brasileño como el mexicano. Veamos.

Empoderamiento de las Fuerzas Armadas. Bolsonaro es un ferviente defensor del gremio castrense de su país. Como excapitán del ejército, ha mantenido un discurso de protección y apoyo a las Fuerzas Armadas, llegando incluso a calificar como deseable la instauración de un gobierno militar como el que vivió Brasil en los años 70 del siglo pasado. Bajo esta óptica propia de las dictaduras de seguridad nacional, el mandatario brasileño ha emprendido un discurso de linchamiento contra sindicatos, feministas y comunistas. En México, el Presidente también les ha dado a las Fuerzas Armadas un poder que no tenían desde la posrevolución. Ahora, la marina y el ejército controlan los puertos, patrullan el país para que los migrantes no lleguen a Estados Unidos (EE. UU.), construyen aeropuertos y, en el discurso presidencial, la institución castrense es una de las más consentidas. Algunos hablan de una militarización del país.

Apoyo de las iglesias evangélicas. Bolsonaro no oculta su filiación religiosa: en 2016 fue bautizado en el río Jordán como miembro de la Iglesia Universal del Reino de Dios. Desde que era candidato, y ahora como presidente, el brasileño goza del respaldo de una amplia red de iglesias evangélicas, las cuales le han ganado feligreses a la iglesia católica y juegan un rol importante en la política, pues su trabajo comunitario les permite dialogar con el pueblo brasileño y predicar las bondades de Bolsonaro. López Obrador, por su parte, se ha apoyado en las iglesias evangélicas (en la católica no) para “moralizar” a la población mediante la difusión de la Cartilla Moral de Alfonso Reyes, pero también para hacer de los creyentes evangélicos uno de sus baluartes electorales más seguros. Si bien el mandatario mexicano no expresa abiertamente su credo, sus discursos y mensajes están llenos de referencias cristianas que invitan al arrepentimiento, a hacer el bien y a amar al prójimo.

Combate a la corrupción. El discurso del combate a la corrupción no es nuevo en el mundo, en América Latina, ni en México. De hecho es una de las banderas más manidas por las plataformas políticas conservadoras. Montado en el caso Lava Jato y en el proceso judicial abierto contra Lula, Bolsonaro llegó a la presidencia con la promesa de encarcelar a todos los corruptos del PT y limpiar a Brasil de esa lacra social. López Obrador, siguiendo un comportamiento similar, mantiene una cruzada contra la corrupción de los gobiernos pasados y se ha propuesto purificar la vida nacional mediante una regeneración moral del país. La lucha contra la corrupción es un elemento que el brasileño y el mexicano explotan como distractor, según los altibajos que viven sus gobiernos.

Transferencias monetarias directas. Si bien este tipo de programas no son exclusivos de Bolsonaro y Andrés Manuel, sí son importantes para explicar el papel que desempeñan en la aprobación de estos presidentes. Bolsonaro, a pesar de impulsar un proyecto neoliberal, conservador y racista, ha subido su popularidad en los últimos meses gracias a las transferencias monetarias que comenzó a distribuir en plena pandemia. Así, a pesar de que han aumentado la desigualdad y la pobreza, y a pesar de los 160 mil muertos por el Covid-19 que registra su país, los brasileños ahora ven mejor al gobierno de Bolsonaro que cuando comenzó su gestión en enero de 2019. Conocedor de los efectos psicológicos que generan los apoyos monetarios, López Obrador empezó a distribuir recursos por esta vía desde el inicio de su gobierno. El reparto de dinero ha permitido al presidente mexicano conservar una aprobación superior al 50 por ciento a pesar de la contracción económica, el aumento de la inseguridad y los casi 70 mil muertos generados por la pandemia durante su gobierno.

En realidad existen más de cuatro elementos compartidos entre Bolsonaro y AMLO, sin embargo, este espacio no permite revisarlos todos. Basten los cuatro aquí apuntados para mostrar que la forma en que la pretendida “Cuarta Transformación” y su líder ejercen el poder está mucho más cerca de la ultraderecha de Bolsonaro de lo que están dispuestos a confesar.