“Momo” de Michael Ende

Momo es una niña huérfana que aparece de la nada en un antiguo anfiteatro en una ciudad italiana, lo único que sabe es su nombre y que tiene 100 años.

Editorial Esténtor

2020-09-10
Ciudad de México

“Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa de ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esta cosa es el tiempo”.

Momo

Momo o la extraña historia de los ladrones del tiempo y de la niña que devolvió el tiempo a los hombres, se publicó en 1973, obra del escritor alemán Michael Ende (1929-1995), hijo del pintor surrealista Edgar Ende. El autor deberá su fama a La historia interminable (1979), aunque su verdadero primer éxito llegó con la publicación de Momo, con la que ganaría el Premio al Libro Juvenil Alemán en 1974. La obra fue llevada en innumerables ocasiones al teatro y en 1986 al cine.

Momo es una niña huérfana que aparece de la nada en un antiguo anfiteatro en una ciudad italiana, lo único que sabe es su nombre y que tiene 100 años. Rápidamente se comienza a hacer de muchos amigos, pues posee un gran superpoder: sabe escuchar, habilidad que en nuestra sociedad se ha ido perdiendo a través de los años. Por alguna razón cuando la gente habla con Momo sienten que sus problemas parecen resueltos. A todos nos pasa que cuando alguien nos escucha, el sólo hecho de que nos escuche nos tranquiliza.

El entorno en el que transcurre la historia es el de una ciudad en que la vida transcurre de forma aparentemente normal y donde el tiempo de cada uno se reparte entre el trabajo, la familia, los amigos, etc. Pero pronto aparecen unos hombres extraños, los llamados “hombres grises”, fumadores empedernidos, "banqueros del tiempo" que comienzan a convencer a la gente para que no desperdicien su tiempo. “Ahorrar ahorrar ahorrar”, se convierte en el lema de la humanidad entera, hasta que ya nadie tiene tiempo para nadie, ni para la familia ni para los amigos ni para sí mismos; ahora están completamente entregados a la efectividad de un trabajo rápido, extenuante e impersonal.

La ciudad se llena de edificios de hormigón, tristes y feos, nacen los “depósitos para niños” porque ya nadie tiene tiempo para dedicarse a ellos, todo el mundo se mueve a una velocidad que el tiempo parece transcurrir muy rápido, como si alguien los estuviera persiguiendo, que hace les es imposible platicar, convivir, soñar; ya no hay espacio para la imaginación ni la creatividad. Esta imagen nos recuerda claramente a las grandes urbes de nuestro mundo.

En este sentido, Momo representa la única esperanza de la humanidad, porque ella es la única que tiene tiempo de sobra y que tiene la especial capacidad de escuchar a los demás, pues la inteligente niña se da cuenta que las personas han sido engañadas con una falsa austeridad y que, gracias a su poder, descubre la mentira de los hombres grises convirtiéndola en su principal amenaza; es así como comienzan a perseguirla. Pero guiada por su amiga la tortuga Casiopea, Momo llega hasta el maestro Hora quien vive en la casa “Ninguna parte”, en la calle “Jamás”. El maestro Hora le revela a la pequeña Momo los misterios del tiempo de los hombres y la realidad sobre aquellos hombres grises: su aspecto ceniciento se debe a que se alimentan del tiempo, pues al arrebatárselo a los hombres su corazón deja de latir, pues “el tiempo es vida y la vida reside en el corazón”.

El Tiempo es algo imperceptible, sabemos que existe, pero no podemos tocarlo, ni olerlo ni sentirlo; sólo podemos ver el efecto que su transcurrir produce a nuestro alrededor. Carlos Marx (cual viejo Hora) descubrió que la ganancia de los capitalistas y, por tanto, todo el sistema en su conjunto, se construye sobre una gran explotación, esto es, en la extracción de la plusvalía contenida en las mercancías, es decir, el valor no pagado del trabajo del obrero que crea un plusproducto (del cual se apodera el capitalista). El valor ni se ve ni se siente, pero está ahí, es el tiempo del trabajo socialmente necesario para producir toda mercancía. Por su parte, Einstein en su teoría de la relatividad especial formulada en 1905, planteó que el tiempo es relativo, que depende de la velocidad a la que se mueve en el espacio un observador.

La productividad es uno de los ejes del capitalismo que rigen la economía y, por supuesto, toda la vida de las personas. Por todos lados, en todas partes, la consiga es la misma: no desperdiciar un solo instante y producir, trabajar, generar, para gastar, comprar, competir y así alcanzar el éxito, la fama o la fortuna. Todo ello apenas permite que las personas se dediquen a sus seres queridos, familia y amigos, a sí mismas o a las cosas que les gustan.

Pero toda esta locura de la productividad y de no malgastar un solo segundo en cosas sin beneficio es parte de una gran estafa, de un sistema generador de hombres grises leales sólo a las ganancias y a la acumulación que nos tratan de convencer con cálculos precisos que debemos de ahorrar para beneficio de nuestros intereses, pero que sólo es para interés de ellos y del sistema. Cada minuto que empleamos en alcanzar el supuesto éxito, la fama o la fortuna y que no destinamos a los que amamos y a lo que amamos, alimenta a estos hombres grises, ¡ellos viven del tiempo (y dinero) que nosotros ahorramos! Y llegados a un punto de progreso, a estos cenicientos seres no les basta con los adultos, van detrás de los niños para asegurarse de que esos niños apaguen su imaginación y se dediquen a aprender sólo aquellas cosas que podrán ser provechosas para su futuro pero que en realidad es en beneficio de este sistema que sólo los manipula para seguir acumulando y explotando.

Momo entonces no es sólo un cuento de hadas, sino una metáfora brillante y a la vez terrible sobre la era del capitalismo financiero reinado por el parasitismo de las clases dominantes a costa del trabajo de la inmensa mayoría de trabajadores, una era en la que ya no hay tiempo para los valores importantes en los que reside la felicidad, y en la que sólo queda tiempo para trabajar en busca de falsos objetivos de éxito para seguir la ola que eleva a una minoría asquerosamente rica. En cierto sentido esta novela tiene un toque profético. El tema sin duda es de mucha actualidad sobre todo en tiempos de pandemia, se dice que “no tenemos nada más precioso que el tiempo”, que “el tiempo es dinero” pero se nos olvida cada vez más que "el tiempo es vida, y la vida reside en el corazón".

La revelación más importante del libro se encuentra en el diálogo del señor Hora con Momo donde el primero le dice al segundo: “Si los hombres supiesen lo que es la muerte ya no le tendrían miedo. Y si ya no le tuvieran miedo, nadie podría robarles, nunca más, su tiempo de vida”. Armada con todos estos conocimientos, Momo regresa a la ciudad y junto con sus amigos logra acabar con los hombres grises y su caja de ahorros del tiempo. Es decir, si la sociedad actual supiera que este control de los hombres grises de nuestro tiempo, radica en la explotación de la fuerza de trabajo de todos, pronto comenzaríamos a adquirir la fuerza y unidad suficiente para quitarnos esas cadenas y comenzar realmente a vivir.

Con esta novela, el escritor alemán nos quiere hablar de la estricta relación entre la vida y la muerte. Lo hace a través del Tiempo, y de la oposición entre Momo y los “hombres grises”, que bien pudo llamarles capitalistas financieros, porque representan todos los valores negativos de una sociedad en decadencia. Esta lucha entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte, entre los valores del pasado y los de la nueva sociedad, es un análisis filosófico sobre cómo la humanidad va transformándose y olvidándose de la vida misma pero que tiene una esperanza si conoce la verdad y comienza a organizarse, requisito fundamental para comenzar a vivir una vida digna entre todos.