La rigurosidad científica rusa respalda a su vacuna Spútnik V (II de III)

En el fondo, al país imperialista le duele esa bofetada médica a su monopolio farmacéutico. Los rusos crearon la vacuna contra el Covid-19, primero por su humanismo.

Romeo Pérez Ortiz

2020-08-30
Ciudad de México

Los centros científicos rusos están en la primera línea de la investigación de las enfermedades infecciosas epidémicas, la microbiología médica, la genética y molecular, la biología de bacterias y la inmunología infecciosa. Uno de ellos es el Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología (CNIEM) que, recientemente, creó la vacuna Gam-KOVID-Vak, mejor conocida como Spútnik V. Desde su fundación en 1891, este laboratorio ha generado diferentes medicinas, vitaminas y vacunas como el Viferón, Kagocel, Meglumini acridоnacetas, Pyrogenalum y Cytoflavin.

Estados Unidos (EE.UU.) y sus aliados, entre ellos México, se niegan a aceptar la vacuna rusa con el argumento de que Spútnik V no ha pasado la fase III de la prueba y que no ha sido aprobada todavía por la Organización Mundial de la Salud (OMS). En el fondo, al país imperialista le duele esa bofetada médica a su monopolio farmacéutico. Los rusos crearon la vacuna contra el Covid-19, primero por su humanismo y, en segundo lugar, porque tienen una larga trayectoria médica y científica que los respalda.

El nombre mismo del centro evidencia su prestigio histórico, pues Nikolái Gamaleya fue pionero en la microbiología y la investigación de vacunas en Rusia. A él se agrega una serie de científicos con reconocimiento mundial, entre los que destaca su actual director, Aleksander Leonidovich Guintsburg, microbiólogo y miembro de la Academia de Ciencias Médicas de Rusia (ACMR) (2004) y de la Academia de Ciencias de Rusia (ACR) (2013). De esa larga lista, solo mencionaré a los más sobresalientes: Garry Izrailevich Abelev, académico de la AC de Rusia, doctor en ciencias biológicas, científico de honor de la Federación Rusa, laureado en 1978 con el Premio del Estado, que otorgaba la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS); Yulia Vasilievna Ananina, microbióloga y epidemióloga, integrante de la ACMR; Otar Gueorguievich Andayaparidze, figura icónica de la virología soviética y rusa, fundador y director permanente del Instituto de Drogas Virales (IDV) del Ministerio de Salud de la URSS; Serguéi Grigorievich Drozov, virólogo director del Instituto de Poliomielitis y Encefalitis Virales Chumakov (IPEVC), académico de la ACM de la URSS (1984), académico de la ACR (2013) y científico de honor de la Federación de Rusia; Zinaida Vissarionovna Ermóleva, microbióloga y epidemióloga, integrante de la ACM de la URSS, creadora de antibióticos, laureada con el Premio Stalin de primer grado; Féliks Ivánovich Ershov, virólogo ruso, jefe del departamento de interferón y del laboratorio de interferonogénesis del CNIEM, académico de la ACR; Víctor Mijailovich Shdanov, virólogo y epidemiólogo, académico de la ACM de la URSS (1960) y uno de los autores del programa de erradicación global de la viruela (1958); Pavel Feliksovich Zdrodovsky, microbiólogo e inmunólogo, académico de la ACM de la URSS (1945), laureado con el Premio Lenin; Lev Aleksandrovich Zilber, destacado inmunólogo y virólogo, fundador de la escuela de virología médica, académico de la ACM de la URSS (1945), laureado con el Premio Stalin; Nikolái Veniaminovich Kaverin, virólogo, doctor en ciencias médicas, miembro de la ACM de la URSS (1988), académico de la ACMR (2005); Dmitry Konstantinovich Lvov, virólogo, director del Instituto de Virología Ivanovski, jefe del Departamento de Virología de la Universidad Médica Estatal de Moscú Sechenov, involucrado en los problemas de la hepatitis viral desde 1979; Anatoly Aleksandrovich Smorodintsev, bacteriólogo, virólogo, inmunólogo, doctor en ciencias médicas, fundador y primer director del Instituto de Investigación sobre la Influenza del Ministerio de Salud de la URSS y miembro de la ACM de la URSS (1966).

Sobre la base del CNIEM se construyeron nueve laboratorios dependientes del Ministerio de Salud de Rusia, cada uno destinado a la investigación de las enfermedades del tipo rickettsiosis, leptospirosis, brucelosis, tularemia, legionelosis, micoplasmosis, clamidia, clostridiosis y borreliosis. Además, el centro CNIEM impulsó la creación del Departamento de Infectología de la Universidad Estatal Médica de Moscú (UEMM), principal institución educativa y científica en Rusia, con posgrados médicos y farmacéuticos.

Con estos resultados médicos y la generación de cuadros del más alto prestigio científico, queda de manifiesto, amigo lector, que la vacuna Spútnik V es producto de una rigurosa investigación científica de indiscutible nivel mundial.