La rigurosidad científica rusa a su vacuna Spútnik V (I de III)

Los investigadores rusos, que con sus aportaciones a la humanidad han sido reconocidos con 22 Premio Nobel y 10 Medallas Fields.

Romeo Pérez Ortiz

2020-08-23
Ciudad de México

El éxito científico de los rusos comenzó con la Academia de Ciencias, fundada, en 1724, por el zar Pedro el Grande. Las aportaciones científicas de los matemáticos Euler, Goldbach, Nicolás y Daniel Bernoulli, el embriólogo Wolff, el físico Kraff y el historiador Müller, quienes trabajaron en la academia, crearon el cimiento científico para las generaciones futuras. En la Unión Soviética, con la incorporación de la educación colectivista a la reforma educativa con una base filosófica, histórica y pedagógica de la ciencia, el aumento cuantitativo y cualitativo de los científicos producidos anualmente fue considerable. De acuerdo con la Estadística de Educación Rusa (2006), cada año se titulaban, 32 mil doctores en ciencia, aunque la producción de científicos en la época soviética, con el mismo grado, fue tres veces mayor. En México, a manera de comparación, se producen anualmente tres mil 250 estudiantes de doctorado (La Jornada, 26 de diciembre 2011, p. 37). Con respecto al nivel universitario, el 54 por ciento de la población rusa lo termina, mientras que, en México, apenas el 8.5 por ciento (PISA, 2015).

El éxito en los descubrimientos y en las competencias internacionales se debe también al rigor científico de la enseñanza en los niveles básico y medio superior. Por ejemplo, un equipo de programadores jóvenes de la Universidad de Informática, Mecánica y Óptica de San Petersburgo ha ganado siete veces en la Competición Internacional Universitaria de Programación en los últimos 15 años. De acuerdo con la OCDE (2015), en Rusia, el 50 por ciento de los alumnos que cursan el tercero de secundaria y 60 por ciento de los que estudian el cuarto año de primaria obtienen un nivel alto en las matemáticas y ciencias naturales. Mientras que, en México, apenas el 0.3 por ciento de los estudiantes que cursan el tercero de secundaria obtienen un nivel de excelencia en las matemáticas. Los estudiantes rusos que cursan el nivel medio superior estudian obligatoriamente la teoría de conjuntos y lógica matemática, y realizan demostraciones matemáticas; además, las herramientas matemáticas adquiridas en las aulas son combinadas con la práctica. Ellos visitan grandes laboratorios de investigación como los centros aeroespaciales y de aviación, institutos de investigaciones nucleares o institutos de problemas biomédicos, etc.

Gracias a ese rigor científico en la enseñanza, los descubrimientos científicos no se detienen. Apenas en 2006, los investigadores rusos completaron la tabla periódica de Mendeléyev con el descubrimiento de tres átomos pesados denominados moscovio, teneso y oganesón. La creación de más centros aeroespaciales es prioridad del gobierno ruso: cuenta actualmente con una de las centrifugadoras más grandes del mundo con una capacidad para provocar 18 veces la fuerza de la gravedad sobre el cuerpo humano. Es líder en psicología científica: a través de una cámara que usa un software diagnostica, monitorea y corrige el estado funcional y cognitivo del astronauta. Cuenta con un superordenador, que usa para el diseño de medicamentos, vacunas, modelos climáticos, etc.

La rigurosidad científica de los investigadores rusos queda demostrada en sus valiosas y útiles aportaciones al mundo entero, como la ley general de conservación de la materia y el movimiento y la teoría cinético-molecular del calor (Lomonósov); la primera célula fotoeléctrica (Stolétov), la ley periódica de los elementos químicos (Mendeléyev) y la aplicación práctica de las ondas electromagnéticas (Popov); la estructura química de los compuestos orgánicos (Bútlerov), descripción de la hepatitis A (Botkin), cirugía de guerra (Pirogov) y la ciencia de la actividad nerviosa superior (Pávlov); creación de la patología comparativa, embriología e inmunología (Méchnikov); hidro-aerodinámica moderna (Zhukovski); física de partículas de alta energía (Cherenkov), física del plasma (Landáu); descubrimiento de la superfluidad del helio líquido e instalación industrial para licuación de gases (Kapitsa); teoría de las reacciones en cadena (Semiónov); electrónica cuántica (Básov y Prójorov); teoría de los superconductores (Abrikosov y Grinzburg). La lista es interminable, pero bastan estos ejemplos para respaldar a la vacuna Spútnik V, de reciente aportación rusa.

Una verdadera hazaña científica de los investigadores rusos, que con sus aportaciones a la humanidad han sido reconocidos con 22 Premio Nobel y 10 Medallas Fields. Admiración, respeto y agradecimiento es lo que merece la comunidad científica rusa.