Los peligros del Tren Maya

La MIA-F1 reconoce afectaciones de gran magnitud a los ecosistemas de los primeros tres tramos.

Ciltali Aguirre Salcedo

2020-08-02
Ciudad de México

El Tren Maya (TM) atravesará seis Áreas Naturales Protegidas (ANP), 18 cuencas hidrológicas, 19 cenotes y cuerpos de agua; cuatro grandes acuíferos; tres humedales de importancia internacional (sitios RAMSAR), ecosistemas particularmente vulnerables al cambio climático; y alterará, entre otras cosas, el hábitat de 60 especies catalogadas en la NOM59 de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) como especies “amenazadas”, en “protección especial” o en “peligro de extinción”.

El proyecto consta de dos fases de construcción y está a cargo del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur). La primera solo contempla las obras de los tramos uno, dos y tres. Fonatur entregó ya a la Semarnat la Manifestación de Impacto Ambiental de la fase 1 (MIA-F1). La fase dos contempla obras de los tramos cuatro, cinco, seis y siete, que son los más delicados en términos ecológicos, pues se trata de predios cubiertos con vegetación y algunos atraviesan la Reserva de la Biósfera Calakmul, la mayor reserva mexicana de bosque tropical. Aún no se elabora la MIA para esta fase.

La MIA-F1 reconoce afectaciones de gran magnitud a los ecosistemas de los primeros tres tramos, entre las que destacan: la fragmentación del territorio y del Corredor Biológico Mesoamericano. Las obras incrementarán la separación entre áreas de conservación, obstaculizarán la polinización y la dispersión de semillas, clave para la reproducción de los organismos; así como la migración de especies generada por la destrucción de su hábitat, que provocarán tanto la obra como el cambio climático. Para remediarlo, se propone la construcción de 40 pasos de fauna que permitan mantener los movimientos de fauna silvestre y reconectar los ecosistemas.

Otra de las afectaciones será el agotamiento y la contaminación del acuífero en la Península de Yucatán que abarca los estados de Yucatán, Campeche y Quintana Roo, pues su carga potencial disminuirá. Con el incremento de la temperatura y la reducción de las precipitaciones, la demanda hídrica, tanto de la población humana como de los ecosistemas, se incrementará. Lo anterior se traducirá en un déficit de agua que puede resultar catastrófico si no se implementan acciones de adaptación que permitan la recarga del acuífero en la misma medida que se extraiga este recurso.

La deforestación: la pérdida de vegetación en México afecta mayormente a las selvas tropicales y llega a un porcentaje superior al 80 por ciento en algunas regiones. Chiapas, Campeche y Yucatán pertenecen a los estados con mayor pérdida de masa forestal (Global Forest Watch), la cual opera como una barrera física ante fenómenos naturales, como los ciclones tropicales. La disminución de esta última incrementa la sensibilidad de los ecosistemas y las poblaciones humanas. Si se deforesta más de lo que se reforesta en las zonas costeras más azotadas por ciclones, las inundaciones serán inevitables y afectarán a la misma infraestructura ferroviaria por construir. Se calcula que la pérdida de cobertura vegetal en los primeros tres tramos del TM será equivalente a 606.04 ha, lo que provocará mayor emisión de carbono, uno de los principales causantes del cambio climático. Los autores de la MIA-F1 proponen reforestar 1151.68 ha de cobertura vegetal aledañas al proyecto.

Emisión de contaminantes. De por sí y sin el TM, Campeche y Mérida, las ciudades con mayor población en la Península, descargan a la atmósfera más contaminantes como PM10, PM2.5, NOx, CO y CO2, debido a la extracción petrolera y a los sistemas de transporte. Los autores de la MIA calculan una emisión de 64 mil 432.66 toneladas anuales por el funcionamiento de los trenes en los primeros tramos; pero también habrá emisiones por la construcción de la infraestructura: estaciones, talleres de mantenimiento, etc. Al respecto se propone monitorear sistemáticamente los contaminantes atmosféricos; sin embargo, también se reconoce que las estaciones de monitoreo no alcanzan para cubrir la ruta de las primeras tres fases del TM.

¿Qué garantiza que las 10 empresas de los consorcios que ganaron las licitaciones para la construcción de los tres primeros tramos del TM instrumenten a cabalidad las medidas de compensación y mitigación establecidas en la MIA-F1 mediante la inversión de los recursos suficientes? Habrá que ver con qué rigor las autoridades competentes, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, obligan a las constructoras a proceder correctamente. El TM es una bomba antiecológica muy arriesgada, con consecuencias mayúsculas para la riqueza y salud de México; queda en manos de un gobierno que, hasta ahora, ha puesto la crisis ambiental y el cambio climático en el aparador de accesorios.