Las palabras perdidas, de Mauricio Magdaleno (I de II)

Las palabras perdidas (1956) es una crónica de la campaña presidencial de José Vasconcelos, opositor del primer postulante del PNR.

Ángel Trejo

2020-07-26
Ciudad de México

Mauricio Magdaleno (Zacatecas, 1906 - México, 1986) fue uno de los escritores críticos más relevantes del periodo inmediato a la Revolución Mexicana de 1910, junto a Juan Rulfo, Juan José Arreola y Carlos Fuentes. Su mayor creatividad artística estuvo vinculada al arte cinematográfico como guionista y, entre sus textos más reconocidos, destacan los de los filmes El compadre Mendoza (Fernando de Fuentes), María Candelaria, Flor silvestre, Maclovia, Río Escondido, La malquerida y Las abandonadas (Emilio Fernández). Fue autor de 52 guiones, media docena de obras de teatro, ocho novelas y 13 ensayos. El resplandor (1937) fue su novela más conocida y crítica del llamado “régimen de la Revolución Mexicana”, que inició en 1929, con la creación del Partido Nacional Revolucionario (PNR), posteriormente denominado de la Revolución Mexicana (PRM) en 1936 y Revolucionario Institucional (PRI) en 1945.

Las palabras perdidas (1956) es una crónica de la campaña presidencial de José Vasconcelos, opositor del primer postulante del PNR, Pascual Ortiz Rubio. Magdaleno describe movilizaciones de masas, que en su momento fueron comparadas con las de Francisco I. Madero en 1910 y cualificadas después como precursoras de las de 1940, 1952, 1988 y 1994, antes del primer revés electoral del PRI en 2000. Su valor literario es múltiple, pues con su reseña testimonial de varios sucesos relevantes hay análisis políticos de muy alto nivel autocrítico. Sus retratos, incluidos los de Vasconcelos, el “jefe máximo” Plutarco Elías Calles, y el Presidente interino, Emilio Portes Gil, son rápidos y escuetos pero indelebles, como grabados en aguafuerte.

El retrato más puntual, afectivo y recurrente en Las palabras perdidas es el de Abraham Arellano, exmilitar villista, maestro normalista y jefe de las misiones culturales de la Secretaría de Educación Pública (1920-1924), quien, en todo momento, se halla al lado de la “muchachada” previendo el desenlace de cada episodio de la campaña. Arellano actúa como conciencia crítica de los jóvenes con expresiones breves pero certeras: “Si no logramos arrancarle a los campesinos y a los obreros (al PNR) no iremos a ninguna parte”. Siempre sugirió al vasconcelismo una mayor oferta salarial para éstos y mucha más tierra que las “cinco o seis hectáreas de temporal que el gobierno da a título de limosna” a los campesinos. Lo mismo afirmó de la rebelión del general obregonista José Gonzalo Escobar de febrero-marzo de 1929: “debimos haberle sacado algún partido”.

En la elección del 17 de noviembre de 1929 –realizada 16 meses después del asesinato del general Álvaro Obregón (julio de 1928) y la rebelión de Escobar contendieron Ortiz Rubio  por el PNR, Vasconcelos por el Partido Nacional Antirreeleccionista (PNA) y Pedro Rodríguez Triana por el Partido Comunista Mexicano (PCM). El ganador fue Ortiz Rubio, quien asimismo se convirtió en el primer beneficiario de los muchos fraudes electorales cometidos por este partido de Estado a lo largo de siete décadas (1929-2000).