¿Qué hacer para salir de la peor crisis del Siglo?

Como no hay una varita mágica, una receta o un Mesías que nos saque del atolladero, lo mejor que puede hacerse es aplicar algunas de las medidas.

Arturo Coronado

2020-07-26
Ciudad de México

Es inevitable hablar de las consecuencias que la pandemia del Covid-19 ha traído a nuestro país y, en particular, cómo han venido a agudizar la crisis económica que ya se vivía desde finales de 2019, cuando se reportó un crecimiento del 0.1 por ciento en el Producto Interno Bruto (PIB). Esta coyuntura tan grave nos pone a prueba; y como no hay una varita mágica, una receta o un Mesías que nos saque del atolladero, lo mejor que puede hacerse es aplicar algunas de las medidas que muchos especialistas han sugerido a los gobiernos en turno para mitigar los devastadores efectos de la crisis. Hago un resumen apretado de varias de las propuestas más representativas.

Mejorar la recaudación y ajustar la deuda pública. México recauda aproximadamente el 14 por ciento de su PIB, cuando a nivel Latinoamérica este indicador fiscal es del 20 por ciento. Esto explica por qué hay poco dinero disponible para enfrentar los problemas presentes. Existen varias maneras para recaudar mejor: cobrar más a los que más riqueza acopian mediante la creación de nuevos impuestos y perseguir a los morosos con mayores deudas al fisco, etc. Otra vía para que el Estado tenga más dinero es el endeudamiento, aunque debe hacerse con extremo cuidado, ya que los recursos obtenidos por esta vía no deben destinarse al gasto corriente sino comprometerse a inversiones productivas que generen dividendos para el país.

Mayor gasto e inversión. Cuando el gobierno tiene más dinero es posible gastarlo, ya que el simple gasto dinamiza la economía. Las transferencias monetarias hacen que regiones enteras tengan recursos para adquirir bienes y servicios, pero es más útil dedicarlos a la construcción de escuelas, hospitales, carreteras o aplicarlos a otros programas que permitan a la gente disponer de empleos estables y bien remunerados. Un buen nivel de inversión, tanto pública como privada, es cuando llega al 25 por ciento del PIB. Este indicador cayó el 20.2 por ciento a finales del año pasado debido a que el gobierno gastó menos, y a que el sector privado sintió desconfianza por las nuevas políticas públicas. Esta tendencia no se ha revertido.

Apoyos a las pequeñas y medianas empresas (Pymes): el 72 por ciento de los empleos en el país es generado por este tipo de negocios, pero el índice de mortalidad empresarial más alto del mundo se registra en ellos, ya que solo el siete por ciento de las Pymes sobrevive después del tercer año de su creación. De acuerdo con la Asociación de Emprendedores de México (Asem), durante los cinco meses de contingencia sanitaria, el 57 por ciento de estas empresas han tenido dificultades para pagar a sus empleados y el 27 por ciento se han visto forzadas a despedir personal. El gobierno implementó un programa para dar 25 mil pesos a un millón de PyMes, pero de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en México hay 4.1 millones de este tipo de empresas; es decir, el 75 por ciento de ellas está en el desamparo. Además, muchos de los dueños de estos pequeños negocios afirman que ese apoyo sirve para muy poco, ya que solo les alcanza para pagar la nómina de una o dos semanas. Es indispensable rescatar a muchas de estas empresas porque, además del empleo que proporcionan, son las que pagan impuestos y permiten al gobierno tener los recursos que transfiere a sus programas sociales. Por el momento no pueden cumplir con el fisco y por ello es recomendable que se les aplacen sus pagos de impuestos, condonarlos y subsidiarlos con servicios básicos como electricidad y agua.

Bono alimentario: los estratos sociales con ingresos más bajos son los más afectados por la crisis económica. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) recomienda que los gobiernos apliquen medidas para que las familias más necesitadas tengan acceso a recursos mínimos de sobrevivencia, los que también están requiriendo muchas familias de estratos medios. Este organismo estima que si se dedicara el 2.2 por ciento del PIB podría sostenerse a esta población durante al menos seis meses.

Si no aplican éstas y otras medidas, se calcula que la caída del PIB será del nueve por ciento en 2020, la pobreza pasará del 41.9 al 49.5 por ciento y la brecha de desigualdad –ya de por sí muy amplia en nuestro país– se agrandará a tal grado que en México podría haber un estallido social de magnitudes impredecibles.