Vencer al Covid-19 y a las brechas digitales: urgente tarea

Son muchos los niños y jóvenes mexicanos con futuro incierto frente a los modelos de educación híbrida, especialmente los que viven en las regiones rurales del país.

Luis Josué Lugo

2020-07-26
Ciudad de México

Los niños que no tienen Internet en casa deben salir a las calles de la mano de sus padres a buscar lugares que brinden este servicio; pero, en algunos casos, los han hallado cerrados debido a la pandemia del Covid-19 o por la falta de clientes. Son muchos los niños y jóvenes mexicanos con futuro incierto frente a los modelos de educación híbrida, especialmente los que viven en las regiones rurales del país.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH 2020), el 44.3 por ciento de la población mexicana dispone de una computadora y el 56.4 por ciento tiene acceso a Internet. En ambos casos hablamos de brechas que imposibilitan el acceso a estas tecnologías de un amplio sector de la población.

Este hecho contrasta al éxito económico de empresas como Rappi o Uber Eats que están obteniendo ganancias millonarias con la venta de comida en línea, aunque el presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes de Comida Condimentada (CNIRC), Marco Buendía, ha dicho que, a pesar de que la demanda de este tipo de servicios ha subido, los beneficios no han sido igual de grandes para todos los negocios, ya que las aplicaciones no han bajado sus tarifas.

Pero volvamos a nuestro tema central para definir qué son y en qué consisten las brechas digitales. De acuerdo con especialistas como Delia Crovi y Marilú Garay, las brechas son de acceso, uso y apropiación. Nosotros agregaríamos que hay otra: la de participación.

Según la especialista en economía política Pipa Norris el “concepto de brecha digital comprende tres diferentes aspectos: La división global, es decir aquella que se da entre países industrializados y aquellos con bajo nivel de infraestructura; la división social, definida por la diferencia entre ricos y pobres y, finalmente, la división democrática que contempla la separación entre las personas que hacen uso de los recursos para involucrarse y participar en la vida pública”.

O sea que, para vencer estas brechas, una persona primero debe acceder a la Internet y la disponibilidad de éste ser garantizada por el Estado. Pero en nuestro país, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), tres de cada 10 mexicanos están imposibilitados para incorporarse a la red, en algunos casos porque no saben utilizarla o se les dificulta su uso, como ocurre con los adultos mayores, lo que se corrobora con el dato de que solo el 34.7 por ciento de las personas con edades de 55 años o más es usuaria de Internet. Incluso el Observatorio de Innovación Educativa del Instituto Tecnológico de Monterrey afirma que muchos “servicios en línea” excluyen en sus ofertas a este sector poblacional.

Respecto a la apropiación de las TIC por cuenta de las personas, es necesario advertir que éstas deben estar convencidas de que su uso es útil para sus actividades, que las amplían y potencian, que las proveen de nuevos aprendizajes y que pueden empoderarlas individual o colectivamente.

Por mucho tiempo se pensó que estas tecnologías eran una suerte de “lujo” en un país con grandes sectores de su población en la pobreza y la desigualdad –lo cual no carecía de sentido–; pero hoy, ante la emergencia sanitaria y económica que enfrentamos, es urgente que México supere las brechas, tanto desde la perspectiva de acceso a Internet como de la alfabetización digital.

Por alfabetización digital entendemos la educación específicamente abocada a enseñar a la gente a utilizar manual,  intelectual o críticamente los medios de comunicación, tanto los tradicionales como los electrónicos más modernos, para que no dependa de intermediarios y sea capaz de generar sus propias creaciones.

De este modo, muchos pequeños o medianos empresarios podrían ofrecer vía Internet sus servicios sin depender de empresas como Uber Eats; las niñas y los niños podrían aprovechar mejor sus clases a distancia y muchos jóvenes podrían capacitarse profesionalmente en diversas disciplinas a través de los múltiples cursos que se ofrecen en la Internet.

La superación de las brechas digitales permitiría una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones públicas y que problemas como el de los infantes pobres que no pueden tomar clases a distancia, porque no tienen acceso a la red, sean eliminados mediante la creación de un programa del Estado mexicano para dotarlos de computadoras y otro para brindarles la alfabetización digital que requieren.

Así, muchos mexicanos podrían “quedarse en casa”, como lo recomiendan los médicos, para no tener que salir a las calles y exponerse al Covid-19. Esto que parece una utopía, sin embargo, cuenta con el respaldo de acreditadas investigadoras como Consuelo Lemus.